El año pasado, el presidente de la República, Iván Duque, y el ministro de Ambiente, Carlos Correa, se comprometieron ante los ojos del mundo a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 51 por ciento para el 2030. Foto: Jhon Barros.

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Expertos aseguran que la operación Artemisa debe ser redireccionada

Sandra Vilardy, directora de Parques Cómo Vamos, y Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, hablaron sobre los retos más importantes en los que debe trabajar el Gobierno nacional este año. Deforestación, uno de los más importantes.

El año pasado, el presidente de la República, Iván Duque, y el ministro de Ambiente, Carlos Correa, se comprometieron ante los ojos del mundo a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 51 por ciento para 2030.

De acuerdo con el primer mandatario, este compromiso incluye, entre otras cosas, el fortalecimiento de la transición energética, la lucha contra la deforestación y la siembra de 180 millones de árboles.

Esta responsabilidad adquirida plantea una serie de retos medioambientales en el corto, mediano y largo plazo. Sandra Vilardy, profesora de la Universidad de los Andes y directora de Parques Nacionales Cómo Vamos, y Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), dialogaron sobre estos desafíos en el programa Encuentro Sostenible.

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Para Vilardy los retos a los que se enfrenta el país este año son múltiples, además de existir unos coyunturales que son complicados, entre los que se encuentra la deforestación. “La deforestación es uno de los grandes retos que aún no logramos controlar. Después del anuncio de las reducciones, hay que pensar en cómo estructurar el Estado para que el país responda a esto, no solamente desde lo ambiental, sino desde las dimensiones fiscales y la estructura misma de la nación”, dijo.

Al respecto, Botero agregó que en el país hay un deterioro progresivo y sostenido de los bosques, aguas y mares, por lo que  enfocar la problemática, no a cómo el Gobierno puede responder, sino a cómo el Estado puede evitar la continuación del deterioro de sus ecosistemas, resulta crucial.

La deforestación

La noticia de que más de 43 millones de hectáreas se perdieron en 24 frentes de deforestación en el mundo, según reportó el último informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), prendió las alarmas de los diferentes países y Colombia no fue la excepción.

De acuerdo con Botero, 2020 no fue un año muy positivo en el país en esta materia.”Tuvimos varias zonas donde hay alarma. Encontramos que uno de los nuevos grandes núcleos es en Mapiripán, en el departamento del Meta, allí hay un área que tiene una dinámica importantísima de deforestación. De hecho, desde que hicimos nuestros primeros sobrevuelos, encontramos que es una de las zonas que tenía ya deforestación previa a este verano, más grande que en cualquier otra región de la Amazonia”, manifestó.

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De igual forma, el director de la FCDS manifestó que hay un crecimiento exponencial de carreteras, así como un incremento de la población ganadera dentro de las áreas de deforestación.

El 2020 no fue un año muy positivo en el país en materia de deforestación. Foto: MAAP. 

“Hay una correlación directa entre las carreteras, la deforestación y la ganadería. Y obviamente también coincide con las áreas de mayor acumulación y apropiación indebida de tierras por parte de grandes inversiones”, dijo.

Para hacerle frente a esta problemática el gobierno puso en marcha Artemisa, una estrategia, principalmente militar, enfocada en la recuperación de la selva húmeda tropical, así como en la judicialización de quienes están detrás de la tala y quema de los bosques.

Para Vilardy, la inversión que se ha hecho en esta iniciativa no ha sido equiparada con los resultados que se están teniendo. “Es el caso de la judicialización. Unas personas, que son el eslabón más débil de la cadena de deforestación, están quedando como los grandes y únicos culpables. Artemisa podría utilizarse mejor y ser complementada con otras estrategias de inteligencia que no necesariamente tengan que usar la fuerza”, manifestó.

Botero comparte esta opinión con Vilardy, pues en el programa, el panelista manifestó que la estrategia debe ser redireccionada. “La presión se ha ejercido sobre la parte más débil de la cadena. No se ha hecho un proceso de inteligencia y judicialización sobre los verdaderos determinadores. Los sitios en los que se ha intervenido no han tenido un proceso de control territorial y mucho menos un proceso de intervención estructural que permita revertir las tendencias que habían en esos puntos”, dijo.

Aspersión con glifosato

Esta medida, diseñada para controlar y eliminar las plantaciones de cultivos de coca, ha sido duramente criticada por la ciencia y los líderes ambientales.

Vilardy, por ejemplo, manifestó estar completamente en contra de este proceso. “Ya existe suficiente evidencia científica expuesta en el Congreso y en la Corte, sobre este asunto. Yo creo que ese no es el camino”, dijo. 

De acuerdo con la profesora, los suelos que han sido contaminados con este químico han perdido la capacidad de generar esos procesos biogeoquímicos asociados a la descomposición.

Esta medida, diseñada para controlar y eliminar las plantaciones de cultivos de coca, ha sido duramente criticada por la ciencia y los líderes ambientales. Foto: archivo/ SEMANA. 

Botero también está de acuerdo con la directora de Parques Cómo Vamos, pues según expuso, en las áreas de la región de la Orinoquia y la Amazonia que han sido intervenidas con aspersión aérea, ha regresado el cultivo de cocaína. "Porque el gran problema es que son espacios que nunca han sido sacados estructuralmente de la vulnerabilidad territorial a las economías ilegales”, dijo.

El fracking

Esta técnica de extracción también ha generado posiciones encontradas en el país, incluso en el mismo Congreso de la República, donde los partidos políticos han discutido sobre la viabilidad del mismo.

Para Vilardy, somos una sociedad que depende completamente de los hidrocarburos, por lo que define al fracking como “una metodología para poder extraer lo último que queda de los hidrocarburos, en un momento en el que el planeta necesita reducir las emisiones”.

En el país, quienes están en contra de esta actividad han salido a las calles a manifestar su inconformismo. Foto: León Darío Peláez. 

Botero, manifestó que en el pasado tuvo la oportunidad de conocer experiencias sobre este tema en Estados Unidos. “Conocí las dos tendencias allá. Por un lado, unas posiciones del gobierno federal que se contraponían al proceso. Pero también conocí otros geólogos que trabajaban en reservas indígenas, y vi cómo ellos les parecía absolutamente normal y les parecía que era el camino claro”, contó.

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Así, para lo que se está aplicando en el país, Botero considera importante “valorar la información que generarán los pilotos del fracking. También debe escuchar a la gente que ve esa estrategia como viable y a quienes han estado como detractores con información contundente”, dijo.

El horror que no cesa

De acuerdo con el último informe de la ONG británica Global Witness sobre líderes ambientales asesinados en el mundo, Colombia ocupa el primer lugar con 64 muertes en el 2019, la cifra más alta registrada por la oenegé en estos años.

De acuerdo con la directora de Parques Cómo Vamos, cuando un líder es asesinado también se acaba con la esperanza.

“Es un daño grandísimo. Lamentablemente, las actuaciones del Estado sí han sido muy débiles. Creo que no hay unas manifestaciones claras y explícitas por parte del Estado de la defensa de lo que significa un líder en el territorio, que está protegiendo el agua, los recursos naturales, las semillas locales. El Estado tiene una responsabilidad grandísima. Hay una falta de la valoración de lo que significan los líderes ambientales”.

Según Botero, en Colombia, “hay centenares de líderes que tienen una labor, que están identificados, que se sabe de su vulnerabilidad, pero no hay quién los atienda”.

Partiendo de esta problemática, aseguró que “debe existir un diseño institucional que responda a un nuevo grupo que está en alta vulnerabilidad y que se llama líderes ambientales territoriales”.

Para finalizar, Vilardy manifestó que como sociedad, “debemos rodear a las comunidades locales para poder proteger los liderazgos, porque al final este es la dependencia de los medios de vida de la gente de los territorios. Es el liderazgo por la vida”.