RUSIA 2018 | 2018/07/11

Croacia, a punta de amor, pasó a su primera final de la Copa del Mundo

En partido agónico, el equipo liderado por Modric le dio vuelta a un difícil encuentro con libreto de drama: mostró el sentimiento más puro a la camiseta.

Ningún otro equipo en el Mundial ha jugado tanto como Croacia. Primero fueron los 120 minutos contra Dinamarca y la misma suerte contra Rusia. Sin contar los penaltis. Siempre comenzó perdiendo. Y como un ave fénix resucitó entre los muertos.

Fue un gol agónico el de la victoria, en tiempo extra, el que tiene a los croatas a un partido de la gloria.

Francia y Croacia están en una merecida final. Los primeros mostrando el fútbol rápido, de contragolpe y de pelota quieta, y los segundos con la tesis contraria: con fútbol y garra, con amor a la camiseta.

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El árbitro nunca dudó cuando pitó la falta que Luka Modric le cometió a Dele Alli. Habían pasado solo cinco minutos. Croatas e ingleses comenzaron el partido con hambre de final. Y ese tiro libre fue un balde de agua fría para croatas y una gran oportunidad para los ingleses. Modric se paró en frente del balón mientras el portero Subasic ordenaba con ojo milimétrico su barrera.

Cobró Trippier, al superior izquierdo, el balón delineó la barrera con potencia suficiente para que el arquero no llegara y se metió en el arco. Una montonera de cuerpos ingleses celebró el gol junto con el jugador del Tottenham Hotspur.

Fue también un gol de récord. Pues con 12 anotaciones en Rusia la actual selección inglesa se convirtió en la más goleadora en mundiales. Superó a la generación de 1966, cuando levantaron la copa por única vez.

Pero esta no era la primera vez que Croacia clasificaba a una siguiente fase de este Mundial en un partido en el que comienza perdiendo, le había pasado con los goles de Dinamarca al minuto uno y con Rusia a los treinta minutos. Luego llegaron a los penaltis y lo demás es historia.

Inglaterra nunca detuvo la búsqueda del segundo, pero tampoco le quedó fácil evitar la llegada de los croatas.

Al 19 un derechazo de Perisic hizo que la pelota rozara el talón de un inglés, no fue tiro de esquina, fue una jugada imposible para el ojo humano, y al tiempo un disparo que asustó al equipo de los tres leones.

Tres minutos después, Rahim Sterling aprovechó un error de Strinic que le dio la pelota a pocos metros de la media luna. Un pase a Kane lo dejó directo con el arquero. Pero Subasic detuvo, le regresó la pelota al goleador inglés y el croata volvió a evitar ver su valla vencida, pero esta vez con la pierna.

Pero Inglaterra estuvo atenta de los errores croatas. Y asustó a su rival en más de una ocasión. Al fin del primer tiempo e Inglaterra se fue al descanso con la final en el bolsillo.

Pitazo del segundo tiempo. Se dio un comienzo parecido el primero. Aunque ahora un equipo tenía que finalizar y ponerle candado, y el otro tenía que salir a buscarlo y a remontarlo.

Al 65 Perisic fusiló y Walker cerró ese balón con el muslo. Peligraba Inglaterra. Y tres minutos después. Cuando parecía lejano, cuando los croatas parecía que se apagaban, llegó el gol de Perisic. Sime Vrsaljko lanzó un centro al punto penalti y el número 4 se le adelantó a Walker, estiró la pierna todo lo que pudo y antes pegó un salto con toda la potencia de la rodilla. Y la pelota entró ceñida al palo derecho del arquero.

Croacia resucitó, cambió de pila, le metió viento a la camiseta, puso otra actitud, le dio vuelta a su estado anímico o cualquier otra metáfora.

La mayoría de los goles los habían conseguido después del tiempo de descanso. Por lo que un nuevo aire siempre le había venido bien a los croatas.

Perisic la buscó siempre. Una le pegó en el palo, otra fue un regalo de Pickford, un elegante portero con los pies, que despejó mal con los puños. El  balón le llegó al delantero del Juventus pero no logró meterla.

Siguió el tiempo extra. Media hora más de lucha y sufrimiento.

Cansados, con la energía a punto de acabarse y con puro amor a la camiseta Inglaterra y Croacia atacaban y se defendían, con movimientos a veces torpes y lentos por el cansancio, intentando llenar los pulmones con el aire que no tenían y con el sudor empapando las frentes.

Intentos de gol por todo lado. Más para los croatas que para los ingleses.

Asustaban con sorpresas, con llegadas que nadie se esperaba: “Jugadas de laboratorio”.

Y llegó la acción heroica para un partido de infarto, la épica. Mandzukic se le adelantó a Stones y le llegó a los pies la habilitación de Perisic, que había dejado la piel en la cancha como Modric, cruzó el disparó y se fue al fondo.

Rozó la malla, corrió con la mirada perdida, mientras dio las primeras zancadas intentó asimilar lo que había hecho. Lo abrazaron por detrás, se fue encima de los fotógrafos. Ahora era una montonera de croatas y fotógrafos celebrando. Vida le dio un beso a uno de ellos, el que a pesar de tener a varios hombres encima siguió apuntando con su cámara lo que estaba viviendo.

Croacia demostró que el amor a la camiseta es tan fuerte que puede llevar a un equipo a la final de la copa del Mundo.

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