LA VIDA ME ENSEÑÓ

“Mi mayor sueño es tener un hijo”: Claudia López

La vida de la exsenadora ha estado llena de éxitos, pero en el camino ha encontrado tropiezos y tristezas. Ella cuenta cómo estos episodios han sido cruciales para ser quien es hoy.

Yo sueño despierta. Y con lo que ahora más sueño es con tener un hijo. Espero poderlo cumplir, es algo que me da susto, pero también mucha emoción. Sería un hijo con Angélica, obvio. Quiero tenerlo porque la encontré a ella. Si no fuera con ella tal vez no quisiera tenerlo. Cuándo más tendré yo la posibilidad de encontrarme a un ser tan divino y maravilloso como ella. Yo quiero una Angélica chiquita que me dure mucho tiempo. 

El mejor consejo que he recibido en la vida me lo dio mi mamá que me dijo: “Mi amor, tú preocúpate siempre por hacer lo que depende de ti y de hacerlo bien. El éxito no es ganar ni acumular, pues eso depende de otras cosas. El éxito es hacer lo que depende de ti y hacerlo bien”. En la vida he tenido maestros y maestras maravillosos, pero en especial Julita, la de matemáticas y álgebra en bachillerato, porque me enamoró de la ciencia, los números, y las estadísticas. Ya más grande, cuando estaba en la universidad, conocí a Beethoven Herrera, profesor emérito de economía de la Universidad Nacional y del Externado, quien ha sido mi gran maestro.

La vivencia más dura de mi vida ha sido la muerte de mi hermanita. Martica era un año menor que yo. Eso sucedió cuando yo tenía cuatro años y estábamos jugando en la azotea de la casa en la que vivíamos en Prado Veraniego. Ella saltó encima de una claraboya y esta se partió y ella cayó desde un cuarto piso y se mató. Martica cayó en un platón de ropa, entonces no hubo sangre, pero se pegó en la cabeza y murió por el trauma craneoencefálico. Haber perdido a mi hermanita tan chiquita ha sido el dolor más grande de la vida. Sobreponerse a eso fue duro. Recuerdo ese día perfectamente y hasta podría describir el color del cielo, las nubes, cómo estábamos vestidas y la cara de mi pobre mamá. Pero después de eso no recuerdo nada. Los siguientes dos años no me acuerdo nada. Así fue el shock del dolor. Mi mamá cuenta que me enfermaba y no comía. Creyó que me iba a dar autismo: hablaba sola, no interactuaba con nadie y volaba en fiebre. Fueron dos años difíciles. Me recuperé a los dos o tres años y volví a tener memoria. El dolor fue profundo.

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Uno de mis días más felices fue a los diez años cuando nacieron mis dos hermanas. Mis papás se separaron y se volvieron a casar con otras parejas, y como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos tuvieron hijos al tiempo. Mi papá tuvo a Gina Marcela el 5 de julio y mi mamá a Diana Carolina, el 19 de julio. Luego vinieron Jason, Andrés, Javier, José Luis y por último Valery. La luz de mis ojos son ellos porque lo que Dios me quitó me lo devolvió por seis. Ellos me devolvieron el alma y la vida y me han hecho mejor persona.  Durante diez años fui hija única y en mi familia no había más niños, tanto así que mis abuelos me decían ‘mi reina’. Yo era reina, malcriada y consentida, pero con la llegada de ellos me tocó compartir todo, aprender de solidaridad y de otros valores.

El mejor regalo lo recibí el 14 de marzo de 2014. Fue el día en que gané la elección al Senado y era también el día de mi cumpleaños. Fue muy emocionante porque nunca creí que saldría elegida. Llevaba 3 años viviendo fuera de Colombia, entonces fue como un milagro. Fue mi mejor regalo de 44 años. También recuerdo el día en que acompañé a mi mamá en su grado de Licenciada en Primaria en la Universidad Distrital. Ella era maestra en Quetame, Cundinamarca, y se había formado en una escuela normal. Luego nos tuvo a nosotros y mucho después entró a la universidad a estudiar licenciatura. Esa cara de orgullo de ella ese día no se me va a olvidar nunca.

Salí del closet de grande. Yo sabía que todo el mundo sabía, pero nadie lo hablaba. Mi mamá y mis tías me adoran, pero son las más católicas y rezanderas, entonces me preguntaba cómo les iba a explicar que era gay. El tiempo pasó y ya cuando tenía 25 años lo hablamos explícitamente con mi mamá. Por supuesto no pasó nada. Mi mamá me dijo que ya lo sabía, pero que no había hablado de eso conmigo. También me confesó que le costaba trabajo porque eso reñía con su fe y sus ideas, pero me aclaró: “El hecho de que yo no entienda no quiere decir que estés haciendo nada malo. No tienes problema, te amo igual”. Fue muy bello. Si hubiera sabido que iba a ser así de fácil lo hago antes. Con mi papá fue igual. Fui afortunada porque eso no le pasa a todo el mundo. El rechazo y la discriminación son sentimientos muy duros. Estás dispuesto a lidiar con que extraños, conocidos, jefes y amigos no te acepten, pero que tus papás no lo hagan es una tragedia para cualquier ser humano y esa realidad la viven muchos colombianos.

La vez que más tuve miedo de morir fue cuando me dijeron que tenía cáncer. Yo me he metido en temas difíciles y he luchado contra bandidos y gente poderosa, pero nada de eso me ha aterrorizado tanto como el cáncer de seno. Me pasó en agosto de 2013. Ese mismo día, a diferentes horas, me llaman de la Unidad de Protección y me dicen que me quieren matar. No tenia esquema de protección y me dijeron que si podía viajar, lo hiciera de inmediato. Entonces adelanté un viaje a Chicago, donde hacía mi doctorado. Me fui a hacer exámenes médicos de rutina y ese día o al día siguiente me dijeron que tenía cáncer en el seno izquierdo. Yo nunca había sentido la muerte cerquita pese a que me han amenazado, pero ese día si dije: carajo, tengo 43 años y me podría morir de cáncer. 

He llorado muchas veces: soy bastante chilletas, lloro más por cosas que me conmueven, pero también he llorado de tristeza y de rabia. Soy apasionada, pero sensible y lo que me duele, me duele en el alma. Por tusas, he llorado, por supuesto. También he llorado de indignación cuando ‘pupitrearon’ 19 por ciento de IVA un 28 de diciembre. Fue abusivo. Si la gente entendiera lo que le estaban haciendo habría venido a quemar este Congreso.  Pero los colombianos estaban comiendo natilla y en otras cosas. El día que hundieron por octava vez el proyecto  anticorrupción también lloré porque no es posible que los colombianos se ganen un salario mínimo y ellos se ganen 40 y tengan la carota además de robar y no estén dispuestos a cambiar en nada. De ahí salió la consulta anticorrupción.