mundial de rusia 2018

Los colombianos en Rusia, en carrera por "una boletica"

Por: Víctor Diusabá Rojas. Especial para Semana.com. Samara, Rusia

Luego de la dicha de la clasificación, ahora el afán de miles es alcanzar la presa codiciada, una entrada para ver el partido ante Inglaterra.


Tras la victoria ante Senegal y el paso a la ronda de octavos, la noche del jueves en Samara fue colombiana.

Para comenzar, en los alrededores del Arena, ese estadio nuevo aún con olor a pintura fresca, donde grupos de aficionados se quedaron a celebrar a punta de salsa, vallenato y cerveza (única bebida con alcohol sin restricción que autorizaron las autoridades locales en las horas previas y posteriores al partido).

Otros, en cambio, eligieron la inmensa explanada donde se hace el cotizado festival de hinchas en esta ciudad (de una población similar a Cartagena de Indias). Buscaban allí, aparte de parranda, saber en las pantallas gigantes instaladas en el lugar, qué saldría de Bélgica - Inglaterra para el futuro inmediato de nuestra selección.

Y sí, como muchos temían y otros querían, son los ingleses los que están puestos en el camino de las ilusiones nacionales.

Pero tanto en el estadio, como en la rumba del fans fest había una pregunta. O mejor, dos. La primera: "¿Vas a acompañar a la selección en Moscú?". Y la segunda, íntimamente ligada a la anterior: ¿Tienes, o sabes de alguien que tenga una boleta para el partido con Inglaterra?".

Las respuestas, casi las mismas. A la primera inquietud, "voy a ver en qué me voy". De hecho, los vuelos a Moscú están por las nubes, en un país como Rusia en el que las tarifas aéreas son muy económicas. Así que carro y tren (diez horas de viaje en el uno o en el otro, pasaron a ser primeras opciones.

Y frente a la segunda cuestión, la de las entradas, "estoy en las mismas" Traducción: " no tengo boleta y ando buscando a alguien que tenga o sepa dónde conseguirla". A estas horas, esa es la presa más codiciada en Rusia por colombiano que se respete.

Ambos problemas, el de moverse a Moscú para instalarse y el de tener la suerte de una boleta, son de necesaria solución inmediata.

Aunque también hay quienes no padecen. Óscar es uno de ellos. "Yo calculé todo esto", dice con cierto aire de suficiencia este bogotano, mientras viaja mezclado entre decenas de compatriotas que han tomado el bus gratuito que los puso en cosa de minutos del Arena Samara al centro de la ciudad.

"Confiaba en que pasábamos de primeros en el grupo y así sucedió. Entonces, junto con mi familia tengo vuelo de Samara a Moscú y hospedaje garantizado en esa ciudad", agrega.

"¿Y si les ganamos a los ingleses, ya tiene boletas para cuartos de final?". La pregunta, quizás no exenta de envidia o de malicia, la hace otro viajero del bus. "Para ese, no. Y tampoco puedo, hombre, porque me echan del puesto".

Algunos de quienes escuchan la conversación, sonríen. Pero se diría que la mayoría tiene una espina clavada en la alegría que transmiten: la de privarse de seguir acompañando a los muchachos que dirige ‘Don José. Por las razones más diversas. Desde la falta de recursos económicos hasta el cumplimiento de sus obligaciones laborales. Pasando por lo más elemental, no tener ese trozo alargado de papel de seguridad de fondo azul con número de tribuna, fila y silla, el pasaporte a la felicidad, "la boletica, mijo, la boletica", dice un aficionado que lleva bandera colombiana a modo de capa sobre su camiseta amarilla, como quien pide un deseo.

En la misma noche del día de la victoria, ese mercado, primero, de ilusiones y, luego, de especulaciones dejaba varias conclusiones.

Una, no hay boletería disponible para Colombia - inglaterra, al menos en el portal de la FIFA cuando eran las dos de la mañana del viernes, hora de Samara (cinco de la tarde del jueves, hora de Colombia). Cómo no la hay para casi todos los clásicos que se vienen, comenzando por Francia - Argentina y Brasil - México. Agotado el papel, como dicen en los toros.

Segunda conclusión: es probable que se presenten devoluciones. Al fin y al cabo, polacos y japoneses tenían en sus planes llegar más allá de la primera ronda (los del sol naciente lo lograron, finalmente, y como van para Rostov del Don a enfrentar a Bélgica, dejarán libres las sillas que tenían reservadas). Y es en ese repechaje de entradas donde algunos van a resolver su problema. Otro camino, tortuoso y nada económico, es el de portales que comienzan ya a ofrecer entradas a precios como si fuera la final del mundial (aunque para nosotros lo es).

"El problema es que los ingleses, gente de fútbol, van a venir por montones y tienen el poder adquisitivo para comprar y, de paso, y sin querer, elevar los precios", dice Alejandro Manga, un fiel a la tricolor que anduvo en Brasil y ahora lo hace en Rusia.

Y tres, lo dicho: no todos los colombianos que viajaron a Rusia al Mundial se van a quedar a lo que viene, así lo quisieran. "Yo vivo en Madrid, España. Somos un grupo de ocho personas, casi todos familia. Vinimos solo a ver este partido contra Senegal y ya nos damos por satisfechos. Ya estamos listos para volver a ver a la selección, pero por televisión.

Y si algo reflejaba esa diáspora a la inversa era el aeropuerto Kurumoch de Samara, a la madrugada de este viernes. El terminal vestía de amarillo y sombreros vueltiaos. El destino de muchos: Estambul, escala para tomar a Madrid, París, Nueva York, escalas antes de volver a Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla e intermedias.

"Vine con una familia de amigos. Vamos a Estambul, de ahí a Bogotá. Vivimos en Tuluá, pero debemos hacer primero Bogotá - Panamá antes de llegar a Cali. Así tocó. Qué importa, ya hicimos y vimos lo que queríamos. Que el negro (el Milagroso de Buga) siga acompañando a estos muchachos. Daría lo que fuera por quedarme, a seguir alentando, pero no se puede", dice Henry Machuca, un empresario vallecaucano.

En cambio hay quienes el gol de Yerry Mina les cambió los planes. "Solo vamos a dieciseisavos, nos habíamos prometido, y regresamos a Colombia por España. Pero después de esto, dice Ólmer mientras señala el Samara Arena, ya miramos cuál es la penalidad del tiquete y cuántos días de vacaciones nos quedan. Así que nos quedamos a ver el partido en que eliminamos a los ingleses".

Su esposa, que trabaja en la misma empresa, sonríe y agita la bandera tricolor que lleva en la mano, antes de hacer la pregunta de moda: "¿No sabe usted por casualidad a quién le sobra una quién una boletica? ¿O, dos?".