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| 11/27/1989 12:00:00 AM

1, 2, 3, Felipe otra vez

Los socialistas renuevan su mandato en las elecciones españolas

1, 2, 3, Felipe otra vez 1, 2, 3, Felipe otra vez
A finales de los años setenta, las muchachas gritaban en las manifestaciones socialistas en España: "Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo". La frase agresiva era un reflejo de la pasión que sentían los jóvenes por ese dirigente político, quien en la clandestinidad había adoptado el apodo de "Isidoro" y entraba y salía de España por los sitios más impensables, mientras el régimen franquista agonizaba y los terroristas de la ETA apretaban el cerco.
Han pasado varios años y dos administraciones socialistas desde cuando Felipe González era tan adorado en público, hasta el domingo último cuando por tercera vez el Partido Socialista Obrero Español se impuso en unas elecciones que eran previsibles, en buena parte, dicen los observadores, porque durante todos estos años se han dormido ese furor, ese entusiasmo desgañitado, esa historia colectiva alrededor de un hombre que ahora tiene el pelo más blanco, está más gordo, habla con más aburrimiento y se molesta cuando la prensa critica el manejo torpe que su segundo hombre, el vicepresidente Alfonso Guerra, hace de la televisión oficial.
Aunque no obtuvo la mayoría aplastante que sus encuestadores anticipaban, el presidente González ha ganado cómodamente para otros cuatro años que serán marcados por la celebración del V Centenario del Descubrimiento, la de los Olímpicos, una mayor compenetración con sus compañeros de la Comunidad Económica Europea y el surgimiento de una generación de españoles más descreida, más cínica, menos defensora del concepto gastado de la hispanidad y sin la menor relación con los dos grandes acontecimientos políticos de este siglo en su país: la guerra civil y la transición hacia la democracia.
Para los más duros críticos del gobierno, encabezados por el presidente de la UGT, Nicolás Redondo, viejo compinche de la clandestinidad, un hombre robusto que jamás usa corbatas, el resultado electoral es una lección para los hombres del presidente, arrogantes, empujadores, ciegos a las críticas y envueltos en una serie de escándalos que ha minado la imagen del gobierno.
En medio de esa campaña, que estuvo aburrida, llena de insultos personales y zancadillas oficiales, surgió una superestrella que puede ser la auténtica alternativa para los próximos comicios: José María Aznar, un abogado que viene de las juventudes del Poder Popular, la antigua Alianza de Manuel Fraga y quien en el breve lapso de su campaña logró despertar entusiasmo suficiente para anticipar que los días del viejo león están contados.
No será una administración fácil para los socialistas. A pesar de la colaboración de Francia, Argelia y otros países, incluyendo República Dominicana, Panamá y Venezuela, González no ha podido frenar del todo las actividades de los grupos terroristas, especialmente ETA. Los diálogos interrumpidos, los reiterados atentados contra figuras del mundo judicial y cierta confusión en la actitud ante los terroristas, convierten el problema en uno de los lunares para esta administración que se estrena.
De otro lado, problemas como el desempleo, el abandono de ciertas zonas agrícolas, la inmigración ilegal que llena las calles de las grandes ciudades de mendigos y maleantes, la euforia consumista de los españoles que tiene alarmado al gobierno, el incremento de la delincuencia, y especialmente el alto consumo de droga en ese país, hacen de España una nación tensa y preocupada. A esto hay que agregar una reducción en el volumen de turistas que llegan todos los años, volumen que refleja una zona sensible de su economía.
Sin embargo, en el fondo los españoles más descreídos reconocen los logros alcanzados por los socialistas: una nación próspera que exhibe un crecimiento económico sobre el 5% anual, unos niveles de inversión de capital local y extranjero como nunca antes se habían visto y el liderazgo indiscutible que España tiene ahora en el mundo, especialmente de cara a América Latina, cuando González tiene actualmente un papel importante en la búsqueda de soluciones a la crisis panameña (ese fue uno de los motivos de su viaje a Washington, una semana antes de los comicios para la renovación de las Cámaras, con su foto en la primera página del New York Times, entrevistas en todos los noticieros y después una separata turística y cultural sobre España en la última edición de Time) son elementos que debieron pesar en la conciencia de quienes el domingo votaron, en medio del frío moderado de un otoño que estuvo caliente por los ataques personales de los candidatos.
Algún guasón dirá ahora que, gracias también a los socialistas, Cela se ganó el Nobel. No demoran en cobrárselo.

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