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| 12/5/1994 12:00:00 AM

ACORRALADOS

Los narcotraficantes de Rio de Janeiro aseguran que lucharán a muerte si las autoridades brasileñas invaden sus territorios.

ACORRALADOS ACORRALADOS
CUANDO SE PENSABA QUE el anuncio de las autoridades brasileñas de invadir los barrios pobres de Rio de Janeiro para sacar a los narcotraficantes que controlan la población iba a ser una campaña relativamente fácil, los propios delincuentes salieron al paso con declaraciones en la prensa carioca declarando una guerra total.
El anuncio de Tamanero, el jefe de j efes de los capos de la droga, en el sentido de que tenía a su disposición más de 200 hombres para desafiar al Ejército, generó todo tipo de reacciones. "Brasil, advirtió el presidente Itamar Franco, no puede cerrar los ojos y cruzarse los brazos ante lo que está ocurriendo en Rio de Janeiro. Tendremos que acabar con los bandidos en esa ciudad, pues de lo contrario se extenderán al resto del país".
Tamanero dijo al diario O Estado de Sao Paulo que chorrearía sangre de inocentes si el Ejército o la Policía entraban a cualquier favela. Pronosticó, además un aumento de la violencia en caso de invasión policial, "ya que sin los ingresos de la droga las numerosas personas que distribuyen la cocaína buscarán dinero a través de asaltos".
La decisión de invadir los barrios pobres, llamados allí favelas, se tomó luego de que hace 15 días murieran 30 personas durante un allanamiento de la Policía a los sitios de expendio de droga. Este hecho, sumado al aumento de la violencia en Rio, a los ataques a las estaciones de Policía y al absoluto dominio que ejercen los narcotraficantes en los sectores marginales, hizo imperativa esa medida.
Si bien la invasión es vista como urgente y necesaria, el Partido Democrático Laborista protestó ante las autoridades federales por la anunciada operación, al estimar que el combate a la pobreza debe priorizarse por encima de la represión. Pero el asunto es que la criminalidad ha superado todos los registros mundiales de violencia. Las proyecciones indican que 70 de cada 100.000 habitantes están siendo asesinados.
El problema es que las bandas de narcotraficantes se han fortificado en todas las 600 favelas o barrios marginales de Rio, y en sus recientes enfrentamientos con la Policía han ocasionado la muerte de por lo menos 100 personas. Pero si este panorama es ya de por sí catastrófico, más preocupante resulta el hecho de que sectores de la propia Policía han sido comprados por los traficantes de droga, lo que está haciendo aún más difícil la persecución y captura de los cabecillas de esas bandas.
Aunque la decisión de invadir las favelas ya fue acordada, las autoridades no han dicho aún cuando se haría. Lo cierto es que cuando se produzca, como pronosticó Tamanero, correrá la sangre, pues como ya se ha visto en otras ocasiones, los habitantes de las favelas apoyan a sus vecinos narcotraficantes y ven a las autoridades como intrusas y enemigas.
Lo que muchos critican en Brasil es que la decisión de 'invadir' las favelas no está siendo acompañada de un programa de ayuda económica a los dos millones de personas que viven allí y que por su misma situación de pobreza se han visto obligadas a trabajar con el narcotráfico, "que paga muy bien por nuestros servicios", según dicen algunos habitantes de Rio.

EDICIÓN 1879

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