Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/23/1986 12:00:00 AM

ADIOS A BUENOS AIRES

Al llevarse la capital argentina para la Patagonia, el presidente Alfonsín les quiere cambiar el espíritu a sus compatriotas

ADIOS A BUENOS AIRES ADIOS A BUENOS AIRES
La más reciente iniciativa del presidente argentino Raúl Alfonsín es de una ambición desmesurada: consiste, ni más ni menos, en fundar una nueva República. Una "nueva República que ofrezca nuevas fronteras mentales a los argentinos", según anunció el Presidente ante el asombro general, construida lejos de los tangos -o al menos del clima de abatimiento y escepticismo, de la "melancolia de la depresión" que los tangos encarnan. Para Alfonsín, esa es la única manera de impedir que la oportunidad democrática se le escape a la Argentina una vez más por las rendijas del escepticismo." Estamos en una nueva era fundacional, que remueve los factores que han provocado el desencuentro y la frustración", aseguró Alfonsín.
La nueva República requiere, para empezar, una nueva capital. Se trata de abandonar a Buenos Aires y su suficiencia esterilizante para arrancar de nuevo, 850 kilómetros al sur, con un vigoroso espíritu de frontera. Y a partir de ahí poblar y desarrollar la desolada Patagonia convirtiéndola en el nuevo motor del desarrollo argentino. Se ha pensado así en trasladar la sede del gobierno a un lugar sobre el Rio Negro, entre la Pampa y la Patagonia, en el límite entre la provincia de Rio Negro y la de Buenos Aires, donde las poblaciones de Viedma y Carmen de Patagones albergan hoy a unas 50 mil personas. Con el gobierno se irían, calculan los expertos, cerca de un millón de personas, contando solamente al personal del Poder Ejecutivo y sus familias, amén de los profesionales, técnicos y obreros necesarios para satisfacer sus demandas. Y esa migración demográfica iría acompañada de reformas constitucionales y administrativas: la elevación a provincia del actual territorio nacional de Tierra del Fuego, la descentralización de la administración pública y la reforma de la Constitución para introducir un régimen político parlamentario, al estilo del italiano.
La principal crítica que se le ha hecho al proyecto de Alfonsin es su costo. Según voceros oficiales los gastos del traslado no pasarían de dos mil millones de dólares, pero investigaciones periodísticas los sitúan más bien en torno a los diez mil millones. Lo cual parece excesivo para un país en la desastrosa situación económica de la Argentina, cuya deuda externa es de más de 50 mil millones de dólares y donde el producto interno bruto cayó en un 4% en 1985. Los partidarios del proyecto argumentan sin embargo que éste no constituye un colosal despilfarro, como el que significó para el Brasil la construcción de Brasilia en plena selva amazónica, sino que es apenas comparable al escogimiento de Bonn como capital de Alemania Occidental después de la división de Berlín: es sólo la adecuación de una modesta ciudad burocrática.
Y en cuanto a la crítica de que, en plena crisis, no es el momento de jugar a fundar ciudades, Alfonsín replica que la crisis es precisamente la razón de proyecto: "No se saldrá de la actual situación con nuevos paños tibios" dijo en su primera visita a Viedma después del anuncio del traslado: "El país necesita vertebrarse virilmente plantar su energía y su rostro a la intemperie del futuro".
Otros críticos del gobierno creer que la iniciativa no es más que una "cortina de humo" para desviar la atención de los verdaderos problemas del país, y lo acusan de "especulación eleccionaria": en efecto, con la creación prevista de dos nuevas provincias (Tierra del Fuego y lo que hoy es el Gran Buenos Aires) habría cuatro senadores más, que muy probablemente corresponderían al Partido Radical gobernante y le darían la ansiada mayoría en el Senado. Pero tales sospechas -dicen los radicales- no son más que una muestra de "enanismo político".
Muchas voces, en cambio, apoyan la propuesta radical, e incluso califican su "marcha hacia el Sur" como la empresa política más transformadora desde la revolución populista del peronismo en la década del 40. Afirman que gracias a ella se abrirá la Patagonia al desarrollo capitalista, creando un nuevo polo económico, y de paso se dará un nuevo objetivo histórico a las Fuerzas Armadas, que encabezarían la "conquista del Sur". Simultáneamente se conseguiría alejar físicamente a las dos grandes fuerzas tradicionales (Ejército y sindicatos) de donde se toman las decisiones políticas, dando así más peso a una clase política tradicionalmente débil. Y finalmente hay quienes ven la idea de la nueva capital como única posibilidad de supervivencia de la democracia argentina frente a las perspectivas de explosión social seguida de una nueva dictadura.
Aún subsisten muchas dudas sobre cómo y con qué recursos se va a desarrollar el proyecto. Hay quienes afirman que el gobierno de Alfonsín ya tiene asegurados en el exterior los créditos necesarios, pero no ha habido declaración oficial al respecto. Obstáculos no faltan. Lo único cierto es que por primera vez en mucho tiempo se escucha en la Argentina hablar del futuro, más allá de los sombríos vaticinios sobre el porvenir inmediato. Y si la iniciativa del gobierno contagia a la sociedad con su idea de "ir hacia el mar, el viento y el frío", quizás Alfonsín logre que los argentinos dejen la depresión del tango en Buenos Aires y se vayan con su música a otra parte.

EDICIÓN 1893

PORTADA

Gobierno de Duque: un despegue con ventarrón

El llamado de Duque por la unidad del país fue empañado por el beligerante discurso del presidente del Senado. ¿Puede esto afectar la gobernabilidad del nuevo mandatario? Análisis de SEMANA.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1893

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.