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| 2/3/2007 12:00:00 AM

Al infinito y más allá

Tras años de olvido, la exploración del espacio exterior vuelve a atraer la atención de las potencias mundiales.

Al infinito y más allá, Sección Mundo, edición 1292, Feb  3 2007 China ha enviado tres hombres al espacio y su programa espacial es motivo de orgullo. A la izquierda, uno de ellos estrecha la mano de un muñeco de Buzz Lightyear en Disneylandia de Hong Kong. A la izquierda, el lanzamiento del Shenzhou IV, un cohete no tripulado. Hacia 2020, un chino pisaría la luna
Hablar de la carrera espacial suena a eco de la Guerra Fría. Pero el mundo parece alistarse para una nueva competencia por alcanzar la última frontera. China planea lanzar su primera sonda el 17 de abril, Rusia pretende enviar otra a la luna, y Estados Unidos quiere enviar un hombre a Marte.

El Programa Constelación, que la Nasa reveló en diciembre, aspira a establecer una base permanente en la Luna que sirva como escala para que eventualmente el hombre llegue hasta el planeta rojo. Para materializarlo, la agencia espacial estadounidense gastará unos 200.000 millones de dólares para diseñar un nuevo cohete, el Ares, que reemplace a los revaluados transbordadores.

Su competencia podría venir de Rusia, que además de heredar la experiencia de la Unión Soviética, el año pasado aumentó en 33 por ciento el presupuesto de Roscosmos, su agencia espacial, con el propósito de enviar una sonda a la Luna para 2010. India y Europa tampoco han abandonado el desarrollo de la tecnología necesaria. Pero el principal rival de Estados Unidos podría ser China.

Muy lejanos parecen los días en que Mao Zedong, en 1957, el año en que la Unión Soviética puso su primer objeto en órbita, afirmó que China estaba tan subdesarrollada, que no podría lanzar al espacio ni una papa. Como en otros ámbitos, el dragón asiático ha ascendido rápidamente como un poder espacial. El Shenzhou llevó al primer chino al espacio en 2003. Otros dos lo han seguido; este año, probablemente Beijing envíe otros tres, y en 2008 aspira a lograr su primera 'caminata' espacial. Hacia 2020, un chino aterrizaría en la luna.

Aunque Beijing todavía está por detrás de los desarrollos de Washington y Moscú en los tiempos de la Guerra Fría, su programa avanza a pasos agigantados. "Comparado con el Apolo (la nave espacial norteamericana que llegó a la luna), lo están haciendo más rápido", dijo a SEMANA J.P. Stevens, vicepresidente de la Asociación de Industrias Aeroespaciales de Estados Unidos. "Cuando envíen un hombre a la Luna, el público norteamericano despertará". En el espacio hay en juego mucho más que prestigio y deseo de exploración.

Consciente de su importancia estratégica y militar, Washington le ha apuntado a la supremacía en el espacio. En agosto, el presidente George W. Bush autorizó una nueva política espacial que asegura que Estados Unidos "preservará sus derechos, capacidades y libertad de acción en el espacio... y negará, de ser necesario, a sus adversarios el uso de capacidades espaciales hostiles a los intereses nacionales". La seguridad nacional ha jalonado la política espacial desde cuando Ronald Reagan propuso en 1983 un sistema basado en el espacio para defenderse de los misiles. Se han gastado unos 100.000 millones de dólares desde 1985 y el famoso 'escudo' sigue siendo una utopía. Pero la sola posibilidad genera tensiones, pues supondría que la superpotencia sería prácticamente invulnerable.

Hasta hace poco, la aspiración estadounidense de prevalecer militarmente en el espacio no había sido desafiada. Pero China no sólo fue el tercer país en poner un hombre en orbita después de Estados Unidos y la Urss. También, el 11 de enero, se convirtió en el tercero en derribar con un misil uno de sus satélites, una prueba que encendió las alarmas por una posible carrera armamentista en el espacio. El crecimiento militar chino preocupa a Washington y el ejercicio despertó dudas sobre el "ascenso pacífico" que proclama Beijing. Para los observadores, la exhibición buscaba presionar para que Washington acepte la iniciativa para prohibir este tipo de armas que ha rechazado en el pasado. El espacio es otro escenario de la rivalidad entre la superpotencia de hoy y su más probable sucesora.

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