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| 8/7/2000 12:00:00 AM

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Mientras Arafat amenaza con proclamar el Estado palestino el gobierno israelí de Barak tambalea y Bill Clinton se la juega en una cumbre incierta.

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La tensión entre el gobierno israelí y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) subió el lunes al nivel más alto de los últimos años. La causa fue la decisión del Consejo Central de la OLP de proclamar el Estado palestino antes del fin de año, a lo cual Ehud Barak, primer ministro israelí, respondió con la amenaza de proteger la integridad de su país. La situación indujo al presidente norteamericano Bill Clinton, a quien le quedan menos de seis meses de funciones, a convocar una cumbre entre Israel y Palestina en Camp David este martes.

El proceso se estancó desde la negociación de los acuerdos de Sharm-el-Sheikh en septiembre del año pasado cuando se fijó el 13 de septiembre próximo como fecha límite para la firma del tratado final de paz. “Al mismo tiempo se estaba desarrollando un proceso paralelo caracterizado por una terminología beligerante, el cual condujo a la crisis previa a la convocatoria de la cumbre”, dijo a SEMANA Rafael Schutz, embajador de Israel en Colombia. Las relaciones habían llegado a tal distanciamiento que la dirigencia palestina descartaba la posibilidad de un encuentro pues, según ésta, las diferencias actuales en cuanto a los tres temas principales: Jerusalén, las fronteras y los refugiados, eran demasiado grandes y la eventual cumbre podría resultar improductiva.

La decisión de proclamar el Estado palestino alborotó el avispero, pues mientras que para sus ciudadanos éste es un derecho legítimo para Israel es una acción unilateral que significaría el retiro de Palestina del proceso de paz. “La proclamación de independencia de un Estado es naturalmente una acción unilateral”, dijo a SEMANA Ibrahim Al Zeben, nuevo embajador de Palestina en Colombia. El pueblo palestino, impaciente, está presionando a su líder Yasser Arafat para que cumpla la promesa según la cual el proceso de paz con Israel conduciría este año a la independencia. Como dijo a esta revista Judith Kipper, directora del Foro del Medio Oriente del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, “el anuncio de la OLP fue hecho para darle esperanza al pueblo palestino”. Irónicamente esta decisión de Arafat puso en peligro la estabilidad del gobierno israelí que más cerca ha estado de concretar la paz con Palestina en los últimos años. La cumbre convocada por Clinton hizo que Nathan Sharansky, ministro del Interior y líder del partido Yisrael Be-Aliya, anunciara su dimisión en protesta. Así mismo el Partido Nacional Religioso amenazó con retirar su apoyo al primer ministro.

Barak está consciente de la crisis de gobernabilidad que se le avecina pero confía en el apoyo del pueblo israelí al eventual acuerdo de paz. “Inclusive si sólo la cuarta parte de la Knesset (Parlamento israelí) me apoya y sólo nueve ministros se mantienen en el gabinete podré llegar a un acuerdo con los palestinos, presentárselo al pueblo y obtener una mayoría apabullante”, dijo Barak durante una visita relámpago a Europa. Esta confianza en el apoyo popular no es infundada pues en Israel el primer ministro es elegido por voto directo y Barak, a pesar de que su partido sólo obtuvo el 24 por ciento de los votos en las elecciones parlamentarias de 1999, ganó la elección con una mayoría considerable, alrededor de 56 por ciento.

¿Cuáles son entonces las posibilidades de éxito de la cumbre convocada por el presidente Clinton? Para Judith Kipper, “el simple hecho de que las dos partes hayan aceptado sentarse de nuevo en la mesa de negociación es un avance importante y muy probablemente la cumbre dará como resultado un acuerdo que, aunque no sea el definitivo, encarrilará de nuevo el proceso hacia la consecución de la paz en la región”. Por su parte Al Zeben dijo que si existe la voluntad política, no sólo por parte de Israel y Palestina, sino también de Estados Unidos y Europa, es casi seguro que se llegará a un compromiso aceptable para las dos partes.

Pero nada es seguro. Clinton, al sentar a Arafat y a Barak en la mesa de negociación una vez más, se está jugando la última carta para pasar a la historia como el artífice de la paz en el Medio Oriente. Espera repetir el éxito de Jimmy Carter en 1978, cuando recluyó allí durante 12 días a puerta cerrada a los líderes de Egipto e Israel y sacó un acuerdo de paz. Esta vez, sin embargo, esa especie de retiros espirituales podrían ser insuficientes.

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