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| 9/2/1996 12:00:00 AM

ANGEL O DEMONIO

Si las investigaciones van por buen camino, el bombazo de Atlanta habría sido la obra de un sicópata en busca de reconocimiento.

ANGEL O DEMONIO, Sección Mundo, edición 744, Sep  2 1996 ANGEL O DEMONIO
En las horas y los días que siguieron al bombazo de la madrugada del sábado 27 de julio en Atlanta, Richard Jewell vivió los mejores momentos de su vida. La razón es que, como vigilante contratado por la empresa AT&T, Jewell alertó a las autoridades sobre la existencia de un morral verde abandonado en medio del concierto de rock en el Parque Centenario Olímpico, minutos antes de la explosión. Durante esos días Jewell concedió múltiples entrevistas para televisión, una de ellas con la CNN, ante cuyas cámaras dijo que "lo único que habría deseado es haber alcanzado a sacar a todo el mundo de allí. Es que se trataba de los olímpicos, un momento de felicidad para todo el mundo".Pero su gloria terminó abruptamente cuando el periódico The Atlanta Journal anunció que el supuesto héroe era "el foco de la investigación sobre el atentado". El diario sostuvo en su informe que algunos conocidos de Jewell habían revelado que el sospechoso tenía un morral de las características del usado en el bombazo, y que los investigadores trataban de comprobar si la voz del guardia era la misma de una llamada telefónica que advirtió de la explosión 10 minutos antes de que se produjera.El diario The Washington Post, por su parte, sostuvo más adelante, citando fuentes oficiales, que los investigadores habían llegado a Jewell por las sospechas de su antiguo empleador, el rector de una pequeña universidad donde había trabajado hasta mayo. El rector, Ray Cleere, dijo a las autoridades que despidió a Jewell porque era muy minucioso y agresivo en su trabajo, y que al dejar el puesto y anunciar que se iba para Atlanta, dijo a sus amigos que "si algo grande sucede en los olímpicos, yo quiero estar allí".Una cosa y otra condujeron a estudiar la vida del vigilante y a establecer un perfil que cuadraría perfectamente con la hipótesis de una figura patológica llamada el 'Síndrome del héroe'. Jewell es un aficionado a las armas que tuvo empleos policiales en pequeños condados, y que gusta de realizar arrestos y detener automóviles fuera de su jurisdicción para demostrar un poder que no tenía.Los expertos señalan que las personas afectadas por ese síndrome son motivadas por un profundo resentimiento, un extraordinario egoísmo y una necesidad patológica de ser reconocidos. "El enfermo es alguien que piensa que ha sido injustamente tratado por la sociedad, tiene necesidad de llamar la atención y un ego monstruoso. Hace cualquier cosa, por absurda que sea, para demostrar al mundo su importancia. Y tiene una gran dificultad para darse cuenta del daño que es capaz de hacer a otros, por su enorme egoísmo", dijo Michael Rustigan, un criminólogo de la Universidad de San Francisco. Lo cierto es que existen muchos precedentes del síndrome, sobre todo en campos como la enfermería o los bomberos, donde los actos de heroicidad son más fácilmente reconocibles. A pesar de los indicios y del examen del domicilio y las pertenencias de Jewell, al cierre de esta edición las autoridades no habían encontrado pruebas que les permitieran librar una orden de captura. Lo único seguro era que el gordo vigilante nocturno había tenido su cuarto de hora.

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