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| 5/13/2006 12:00:00 AM

Año negro

La mala racha de los franceses no termina. A las crisis laboral y social sigue la política, y el panorama es oscuro.

Año negro El presidente Jacques Chirac está entre la espada de Villepin y la pared de Sarkozy
Francia cumple un año de crisis total, que tiene en jaque al presidente Jacques Chirac al final de su mandato. Este último año, el país dijo "no" a la Constitución Europea; luego vino "la insurrección de los barrios"; después, las protestas estudiantiles, y ahora, el escándalo de espionaje por el cual todos los medios franceses piden la destitución del primer ministro, Dominique de Villepin, el delfín de Chirac.

Y es que Chirac parece haber tenido mal ojo a la hora de elegir a sus delfines. En enero de 2004, el de entonces, el ex primer ministro Alain Juppé, fue condenado a 18 meses de prisión y a 10 años de inhabilitación política, por la financiación ilegal de su partido. Chirac lo defendió hasta donde pudo pero, tras la condena tuvo que elegir a un nuevo delfín, el mejor representante de la aristocracia francesa, Dominique de Villepin, que ahora lo tiene entre la espada y la pared.

"Villepin debe dimitir para evitar a Francia el ridículo de una república bananera", dijo el diario izquierdista Libération, en una protesta a la que se han unido los medios y amplios sectores sociales. Según la investigación judicial, Villepin, siguiendo instrucciones de Chirac, ordenó a los servicios secretos espiar a una lista de políticos "corruptos" que al parecer habían recibido comisiones de la firma Clearstream, desde Luxemburgo. En esa lista estaba el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, el popular político que desde hace años viene enfrentándose a Chirac, y en los últimos meses a Villepin, en su aspiración a la Presidencia en 2007.

Los expertos aseguran que el último año de Chirac en el poder será "interminable" y "estéril". "Tras 11 años en el poder, Chirac representa justo lo que los franceses más detestan, una clase política autocomplaciente que no mejora las condiciones de los más pobres y que lo único que hace es enriquecer más a los ricos y perpetuarse en el gobierno", dijo a SEMANA Yves Lascoux, del Centro de Investigaciones Políticas de París.

Fue en represalia contra esta clase política que los franceses dijeron "no" a la Constitución Europea en mayo del año pasado. El "no" de Francia hirió a la Unión Europea, que desde aquel momento no ha podido recuperar su protagonismo.

Desde entonces, todo el país se ha levantado en contra de su Presidente. En diciembre de 2005, los barrios más pobres de las principales ciudades se lanzaron a las calles luego de la muerte, en confusos hechos, de dos jóvenes inmigrantes perseguidos por la Policía. Estas protestas, conocidas como "la insurrección de los barrios", canalizaron toda la frustración de los descendientes de inmigrantes que, a pesar de ser franceses, se sienten marginados y maltratados. La quema nocturna de miles de automóviles y los enfrentamientos con la Policía se extendieron como pólvora por toda la nación, se prolongaron durante varias semanas y sólo cesaron con las promesas incumplidas de Villepin de mayor inversión y menos discriminación para estos barrios populares.

Pero Chirac y Villepin, que parecían haber salido victoriosos de este alzamiento, sufrieron pocos meses después el mayor descalabro de estos 11 años de gobierno por las multitudinarias marchas de protestas de estudiantes y sindicatos contra el Contrato del Primer Empleo. El rechazo popular fue tan mayoritario, que Villepin se vio forzado a retirar la ley y el gobierno quedó maniatado para emprender reformas.

Pero el golpe que faltaba para completar el año negro de Chirac llegó con el escándalo Clearstream, también conocido como el 'Watergate francés' o el 'Francegate'. El personaje más oscuro de esta trama a es el general Philippe Rondot, ex jefe de los servicios secretos franceses y amigo íntimo de Villepin, quien dirigió las operaciones de espionaje contra varios políticos, entre ellos Sarkozy, con el presunto fin de desenmascarar un caso de corrupción pero, ante todo, de despejar el camino para la futura presidencia de Villepin.

Clearstream es una firma luxemburguesa de compensaciones bancarias que, según las denuncias, pagó sobornos a varios políticos en la venta de seis fragatas a la marina de Taiwán en 1991. En todo este enredo, la opinión acusa a Villepin, y de paso a Chirac, de usar los servicios secretos para atacar a sus adversarios, especialmente al ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, considerado el político "estrella" de Francia.

Sarkozy ha aprovechado este escándalo para presentarse como la víctima de una conspiración política, lo cual ha fortalecido su imagen ante el público, y toda el agua sucia está cayendo ahora sobre Villepin y Chirac, que sigue empeñado en apoyar a su nuevo delfín.

Para los especialistas, la guerra abierta por la Presidencia entre Villepin y Sarkozy ha dinamitado la ya escasa credibilidad en el gobierno. "Esta guerra fratricida está acabando con este gobierno agotado tras 11 años de la presidencia de Chirac", dice el politólogo Michel Thenard. Los sondeos tienen a Chirac hundido con sólo 19 por ciento de apoyo popular, y a Villepin con el 24 por ciento, mientras Sarkozy lleva muchos meses superando el 50 por ciento de aprobación.

A sus 74 años, Chirac aún no ha dicho si se presentará a la reelección de 2007. Fue elegido en 1995 y reelegido en 2002, en unos polémicos comicios en los que Francia no votó a favor de Chirac, sino en contra del ultraderechista Jean-Marie Le Pen. Lo que se sabe es que Chirac detesta a Sarkozy, aunque le mantiene en el gobierno por su alta popularidad, y que le gustaría tener un sucesor bendecido por él.

La prensa habla de una renuncia de Villepin por el caso Clearstream y algunos aseguran que Chirac está negociando con Sarkozy para que asuma como nuevo primer ministro, pero Sarkozy se abstiene de aceptar el cargo, quizá por temor a una vieja superstición política. En Francia se rumora desde hace tiempo sobre "la maldición del Primer ministro", según la cual la persona que ocupe este cargo está condenada a nunca alcanzar la Presidencia. Esto le pasó a Juppé y, si la superstición se cumple, también le pasará a Villepin.

Pero la guerra interna de los conservadores podría significar su suicidio político. "Aunque Sarkozy se muestre como el único sobreviviente de este naufragio el desgaste de 11 años de administración ha debilitado a los conservadores y la pelea por la Presidencia en las elecciones de 2007 bien podría marginar a Sarkozy y centrarse sólo entre la ultraderecha de Le Pen y el partido socialista", dijo a SEMANA el politólogo de la Universidad de la Sorbona Gérard Brugiere.

Las críticas contra Chirac son contundentes, incluso desde sus aliados tradicionales como el conservador Le Monde, que afirma que "al término de su segundo mandato, Chirac habrá demostrado hasta la saciedad la impotencia de esta Presidencia". Una larga agonía para un gobierno desacreditado.

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