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| 11/3/2003 12:00:00 AM

Callejón sin salida

Los atentados de la última semana en Bagdad ponen en jaque a Estados Unidos. Retirarse de Irak es una opción imposible, pero permanecer puede ser peor.

Callejón sin salida Los atentados a las comisarias de policía y a la Cruz Roja motivaron la retirada temporal del personal de la ONU en Bagdad.
Cuando el subsecretario de Defensa de Estados Unidos sale temblando y en ropa interior del hotel Rashid en Bagdad algo debe andar muy mal en Irak. Paul Wolfowitz resultó ileso tras la explosión de un rocket en la habitación contigua a la suya, pero su gobierno no. La semana pasada fue sangrienta y la comunidad internacional se pregunta cada vez más si Estados Unidos podrá mantener bajo control la situación en Irak Wolfowitz, uno de los arquitectos de la invasión a Irak, realizaba una visita de relaciones públicas para destacar los éxitos de la ocupación estadounidense. Pero no contaba con que sus enemigos también tenían una apretada agenda de sabotaje. Ese mismo día la insurgencia derribó en Tikrit, donde minutos antes se encontraba Wolfowitz, un helicóptero Black Hawk. Y lo peor estaba por venir.

El lunes, primer día del mes santo de los musulmanes conocido como Ramadán, fue el más sangriento desde el derrocamiento de Saddam Hussein. A las 8:30 de la mañana detonó la primera bomba, frente al Comité Internacional de la Cruz Roja. Tan sólo unos segundos después explotó una ambulancia que se dirigía a toda velocidad al mismo edificio. En los siguientes 45 minutos atacantes supuestamente suicidas volaban tres comisarías de policía. Un sirio, quien según las autoridades se disponía a realizar otro ataque, fue detenido mientras gritaba: "¡Muerte a la policía iraquí. Todos son colaboradores!". Al final del día los atentados dejaron un saldo de 43 muertos y 220 heridos.

Por su alto nivel de organización y sofisticación la última ola de atentados demuestra que la resistencia iraquí ha cambiado en comparación con los actos aislados que hasta ahora se cometían contra las fuerzas aliadas. Se cree que detrás están involucrados miembros de Al Qaeda, aliados con antiguos militares iraquíes fieles a Saddam Hussein. Y aunque hasta ahora nadie ha podido demostrar los nexos entre el partido Baas de Hussein y el grupo de Osama Ben Laden, es probable que la presencia de un enemigo externo haya propiciado una alianza entre grupos con posiciones hasta hace meses irreconciliables. Para Víctor Bautista, internacionalista y profesor de la Universidad Javeriana, es claro que "los estadounidenses están apuntando sólo a un cerco de seguridad para atrapar a Saddam y entretanto el ambiente para la conformación de una guerrilla está dado".

Lo cierto es que desde los atentados a las embajadas de Jordania y Turquía y a la sede de la ONU es evidente que existe un mando centralizado con capacidad para decidir objetivos políticos y planear ataques simultáneos con carros bomba activados a control remoto. La resistencia opera en el triángulo formado por Bagdad, Tikrit y Ramadi y su objetivo es sembrar el caos en un Irak sumido en un vacío de poder y con más de 250.000 ex soldados de Hussein armados, desocupados y con experiencia militar. Y de paso demostrarle a Estados Unidos que el costo de gobernar a Irak será demasiado alto.

Un ex oficial del Departamento de Estado que pidió reservar su nombre le dijo a SEMANA que "el problema con la estrategia de Washington es doble: por un lado no previó lo que podría enfrentar una vez Saddam saliera del poder, y por el otro no puede encontrar todavía un centro de gravedad en la oposición iraquí". Lo que queda demostrado con los 115 soldados aliados muertos en la posguerra, cifra que supera las bajas durante la guerra. Con todo Bush sostiene que los avances en la reconstrucción de Irak hacen que los terroristas estén "cada vez más desesperados". Incluso anunció en una rueda de prensa el martes que no hay un cambio de planes.

Pero la situación cada vez más difícil es la de la Casa Blanca, pues existe consenso entre muchos analistas de que por cada víctima en Irak se restan votos para la reelección de Bush. Cuando faltan dos meses para el inicio del año electoral y casi 40.000 personas salen a las calles de Washington y San Francisco a protestar contra la guerra, la posibilidad de una reelección se ve lejana. Las voces de organizaciones no gubernamentales y estudiantiles se están haciendo oír con fuerza. Bush está entre la espada y la pared: retirarse sin restablecer al menos el orden público sería un fracaso, mientras que seguir perdiendo soldados debilitaría aún más la moral de las tropas y los familiares de casi 130.000 hombres.

Fuera de las fronteras la situación no es mejor, pues la retórica de la seguridad nacional y la lucha contra el terrorismo cada vez convence menos. En una carrera contra el tiempo Estados Unidos intenta encontrar ayuda económica en los países que se opusieron a la ocupación, como Francia y Alemania. En este punto el músculo de la diplomacia hará más fuerza que el militar o el económico. En opinión de Bautista, "lo único que se podría negociar a corto plazo es la reestructuración del Consejo de Seguridad de la ONU".

Hace dos semanas se reunió en Madrid la Conferencia Internacional de Donantes para la reconstrucción de Irak. La meta era conseguir 56.000 millones de dólares, que serían administrados por Estados Unidos. Pero es difícil entregar un cheque en blanco a los estrategas de una campaña que hasta el momento sólo ha reportado inseguridad. Nadie garantiza que esa inversión sería retribuida por el próximo gobierno. Por eso una de las condiciones ideales para que los países árabes y europeos hagan los aportes necesarios sería impulsar un proceso democrático y autónomo en Irak.

Pero el panorama político y la composición social iraquí no ayudan. Casi 60 por ciento de los habitantes son musulmanes chiítas, cuyo concepto de gobierno está estrechamente ligado al Islam; 23 por ciento son kurdos, cuya lucha por convertirse en un Estado independiente desataría conflictos en países vecinos, y 17 por ciento sunitas, grupo al que pertenece Saddam y que ha gobernado durante años.

De esos tres focos potenciales de inestabilidad el peor es la clara mayoría chiíta. Unas elecciones verdaderamente libres sólo conducirían a un triunfo chiíta y al establecimiento de un régimen islámico revolucionario ligado con Teherán. La alternativa a ese escenario sería un gobierno auspiciado por Washington, como en Afganistán. Pero el poder de Jamid Kharzai, limitado a las calles de Kabul, es un mal ejemplo.

Bush sólo tiene la alternativa de seguir adelante y acelerar sus esfuerzos por capturar a Hussein y desvertebrar la resistencia. En una situación sin salida sus tropas parecen más una fuerza de ocupación antes que de liberación. El pronóstico de Estados Unidos en Irak sigue siendo oscuro.-

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