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| 10/20/1986 12:00:00 AM

CALLEJON SIN SALIDA

La intransigencia de gobierno y guerrilla frustra nuevamente las posibilidades de diálogo

CALLEJON SIN SALIDA, Sección Mundo, edición 229, Oct 20 1986 CALLEJON SIN SALIDA
Para los cinco millones de salvadoreños que durante siete años han vivido en medio de la guerra civil, escuchar los argumentos que tanto la guerrilla como el gobierno esgrimieron esta semana para suspender otra vez conversaciones, no resulta nada nuevo. Desde octubre de 1984 cuando se iniciara el diálogo, las posiciones de uno y otro bando han permanecido prácticamente invariables.
Mientras el gobierno encabezado por Napoleón Duarte insiste en que la guerrilla debe entregar las armas y participar en las elecciones, esta --representada por el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN) y el Frente Democrático Revolucionario (FDR)-- continúa sosteniendo que la única vía hacia la paz es decretar una tregua y que se le dé participación política y militar.
El conflicto, que ha dejado 61 mil muertos, más de 7 mil desaparecidos cientos de reos políticos y al país al borde de la bancarrota, no parece, sin embargo, aproximarse a su fin.
Después de la segunda ronda sostenida en noviembre de 1984, gobierno y guerrilla no habían vuelto a reunirse hasta agosto de este año, cuando en México se acordó la reunión de Sesori planeada para el 19 de septiembre.
Pero las conversaciones preliminares en Panamá durante las cuales se esperaba ultimar los detalles para la tercera ronda, terminaron abruptamente el 14 de septiembre, rompiéndose el diálogo. La guerrilla exigía la desmilitarización de Sesori como condición mínima de seguridad para sus miembros, mientras el gobierno argumentó que precisamente debía ser el Ejército el encargado de la seguridad.
La población, escogida en México por la guerrilla como sede de las conversaciones, por considerar que ofrecía garantías suficientes, fue militarizada cuatro días más tarde. Duarte, no obstante, se presentó a Sesori el 19, aduciendo que acudía a cumplir la cita. Gesto que fue interpretado por la izquierda corno populista y contrario a un deseo real de diálogo.
Si bien formalmente el aspecto de la seguridad fue el que entrabó las conversaciones, en el fondo, las razones siguen siendo políticas. Según uno de los delegados del FMLN-FDR en Panamá, Salvador Samayoa, "el problema es la falta de voluntad real del gobierno y de las Fuerzas Armadas para avanzar con el diálogo".
Duarte, quien prometió en la campaña que lo llevó a la Presidencia en 1984 hallar una solución política al conflicto, se encuentra según observadores políticos, completamente maniatado. Por un lado, por los sectores de derecha de El Salvador, que consideran que cualquier tipo de transigencia con la guerrilla debilita aún más al gobierno; especialmente después de la actitud negociadora asumida por Duarte tras el secuestro de su hija en septiembre del año pasado. De otro lado, por los militares mismos que continúan convencidos que con un pie de fuerza de 53 mil hombres, el apoyo de 670 millones de dólares de los Estados Unidos, se encuentran en condiciones de derrotar una guerrilla que consideran disminuida a unos 5 mil miembros. Tras una época de desprestigio y múltiples acusaciones de corrupción, los militares salvadoreños se hallan ahora empeñados en una campaña tendiente a ganarse "el corazón y la mente" del pueblo, la cual el vicepresidente Rodolfo Castillo Claramount asegura está teniendo éxito.
Los salvadoreños mismos coinciden en opinar que el principal obstáculo para las negociaciones es la falta de voluntad política, pero de ambas partes. Así lo reveló una encuesta realizada por el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica José Simeón Canas antes de la reunión preliminar de Panamá, en la cual el 46.9% de los 1.118 entrevistados en distintas zonas del país señaló esa falta de voluntad política como la mayor traba para el éxito del diálogo. El mismo estudio mostró, no obstante, que a pesar de la incredulidad y desconfianza de los salvadoreños respecto al logro de un acuerdo, la gente considera que el país se encuentra en un momento propicio para que las partes en conflicto dialoguen. Diálogo que, por ahora, parece seguirá siendo de sordos.--

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