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| 8/15/2004 12:00:00 AM

Chávez el invencible

El presidente venezolano se volvió a salir con la suya. Ahora le apunta a quedarse en el poder por lo menos hasta el año 2012.

Chávez el invencible Chávez el invencible
La victoria de Hugo Chávez en el referendo revocatorio es la prueba de que en Venezuela no hay quién le haga contrapeso político. Tras una jornada interminable, en la que las urnas estuvieron abiertas hasta las 12 de le noche, a las 3:47 de la mañana el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció que el 'no' a la revocatoria había ganado por 4.991.483 votos (58,25 por ciento) sobre 3.576.517 por el 'sí'. (41,74 por ciento) De esta forma, el Presidente culminará su período en 2006 y, tal como lo ha dicho, se presentará a la reelección para un nuevo sexenio. Los opositores se apresuraron a denunciar un megafraude y a anunciar que acudirán a instancias internacionales para que se invaliden los resultados. Pero con el silencio del Centro Carter y la OEA, no es esperaba que los reclamos tuvieran eco, si bien auguran nubarrones en el escenario político y social venezolano.

Nadie esperaba tal avalancha de votantes. Más de siete millones de personas hicieron cola desde las 3 de la madrugada para hacer uso de su derecho constitucional. Al mediodía la situación había sobrepasado las expectativas, y el Consejo Nacional Electoral (CNE) se vio obligado a ampliar el horario hasta las 8 de la noche, y más tarde hasta las 12, con la salvedad de que las mesas sólo se levantarían cuando hubiera votado el último ciudadano. La gente esperaba en las colas un promedio de ocho horas, apoyados por los vecinos, que sacaban sillas y ofrecían comida y bebida a los agotados votantes. El certamen democrático presentaba la menor abstención de la historia del país. Aun antes de conocerse los resultados, los observadores coincidían en que la escasa violencia de la jornada era ya una ganancia para Venezuela.

Comenzó en un paro

El capítulo más reciente de este drama empezó hace un año, cuando se comenzó a hablar de referéndum revocatorio, y un maltrecho Chávez tocaba fondo en las encuestas. Del 80 por ciento que llegó a tener en su momento de mayor popularidad, estaba en el 30 por ciento, que es considerado su apoyo inamovible.

Había sobrevivido apenas al movimiento de desobediencia civil liderado por la gremial Fedecámaras y por el Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). Las protestas habían comenzado en 2001, cuando Chávez promulgó un paquete de normas basadas en facultades otorgadas por la Asamblea Nacional, las que según la oposición atentaban contra la propiedad privada y eran la puerta de una revolución socialista. El antichavismo venía gestándose además por el desastroso desempeño del gobierno, que a pesar de la bonanza petrolera vio descender el PIB en más de 10 puntos entre 1998 y 2003, incrementarse el desempleo en el 11 por ciento, mientras se presentaban una crisis fiscal sin precedentes, el cierre de numerosas industrias y el incremento de la criminalidad.

La protesta civil llegó a su punto culminante en el golpe del 11 de abril de 2002, cuando una manifestación opositora marchó sobre el palacio de Miraflores con saldo de algunos muertos. Con Chávez apresado por sus propios compañeros de armas, el golpe fracasó por la ineptitud del liderazgo opositor, encabezado por el fugaz 'presidente' Pedro Carmona. De regreso al poder, Chávez manejó las protestas con una combinación de intimidación y tolerancia. Admitía que los militares sublevados le hicieran una especie de asamblea permanente en el céntrico sector de Altamira, mientras sus partidarios atacaban a los diarios opositores. Destituyó al personal de la petrolera estatal Pdvsa vinculada a la oposición; logró proyectar la idea de que los huelguistas, que eran principalmente los dueños de las empresas, eran los culpables del caos y, por demás, golpistas. Con habilidad y paciencia ganó la prueba de resistencia, y el paro general iniciado en diciembre de 2002 fue levantado en febrero de 2003.

El fracaso del paro general demostró a los opositores que nunca iban a sacar a Chávez por la vía de la desobediencia civil. Los dirigentes de esa etapa quedaron en segundo plano mientras un grupo de políticos, liderados por Julio Borge, de Primero Justicia, y Enrique Mendoza, gobernador de Miranda, gestaban paralelamente un movimiento destinado a aprovechar el mecanismo del referéndum revocatorio. Se trata de una norma muy poco usual (sólo Venezuela e Islandia la tienen) que fue introducida por el propio Chávez cuando reformó la Constitución para, dicen muchos, justificar legalmente su intentona de golpe de Estado en 1992. La revocatoria sería un medio democrático para evitar que alguien tuviera que llegar a ese extremo.

Hacia el referéndum

Los nuevos dirigentes del antichavismo, más sofisticados que sus antecesores, entendieron que la cosa era con votos y no con cacerolas. Pero Chávez también hizo un proceso mental semejante: con el 30 por ciento de aceptación no podría conseguir su objetivo de permanecer en el palacio de Miraflores hasta 2012. Era necesario recuperar a las masas perdidas, por lo que lanzó con bombos y platillos sus programas o "misiones sociales".

Los opositores, reunidos en la Coordinadora Democrática, comenzaron el 'Firmazo' para obligar al Presidente a convocar un referéndum revocatorio. Empezó entonces un tortuoso proceso de tire y afloje que no parecía conducir a ningún lado. Las primeras firmas que presentaron fueron rechazadas por el CNE con el argumento de que habían sido recogidas antes de la mitad del período presidencial, que es cuando se consolida ese derecho a pedir el referéndum.

Los opositores, sin amilanarse, volvieron a recoger las firmas, pero esta vez el CNE devolvió una gran parte por problemas técnicos consistentes en que en las planillas, el nombre de los firmantes había sido escrito por una sola persona. El caso de las "planillas planas", como se le conoció, terminó cuando el Consejo, con la mediación de la OEA y el Centro Carter, aceptó realizar un insólito proceso de "reparo", por el cual los ciudadanos debían ratificar su voluntad de firmar.

Hoy algunos analistas, como la columnista Milagros Socorro, sostienen que las trabas al proceso estaban destinadas a demorarlo y ganar tiempo para que las misiones sociales consolidaran el repunte de la popularidad del Presidente. Como dijo a SEMANA, "Chávez ya había entendido perfectamente lo que tenía que hacer, y de hecho aceptó el referendo sólo cuando su índice de popularidad se acercaba al 50 por ciento".

Chávez cambió su estrategia para atacar directamente al presidente norteamericano George W. Bush, a quien acusaba de haber apoyado la intentona de abril de 2002, para plantear el referendo como una batalla por la soberanía de Venezuela. Dijo que con su derrota se perderían las misiones sociales y Venezuela regresaría a las épocas en que los partidos tradicionales AD y Copei manejaban el país.

Ese mensaje, por lo visto, caló en el electorado. La oposición no consiguió hacer más creíble el mensaje de que el desempleo, la inseguridad, la inflación, la caída de la actividad industrial y de los salarios reales pesaban más que los beneficios de las misiones sociales. Ni que, si bien estas han dado resultado, carecen de un marco institucional que las haga permanentes, y contribuyen, con la presencia masiva de cubanos, a la idea de que Venezuela está en camino al comunismo al estilo castrista.

La explicación

El triunfo del 'no' demostró que la capacidad logística de movilización de los votantes pro gobierno fue efectiva, que era todo un mito lo del 'voto oculto' de la oposición y que finalmente, el amor por el comandante y sus misiones tiene a más gente embelesada.

Pero el que Chávez no haya sido revocado implica, para muchos expertos políticos, darle continuidad a un sistema de gobierno autoritario. Significa entonces que "el país escogió el camino de vivir en un régimen autocrático", según declaró a SEMANA el analista Manuel Felipe Sierra. La oposición se ve ahora obligada, agrega, a adoptar una lucha más consistente y ardua. En esta disputa que se extiende, la alianza opositora debe lidiar con la ratificación del Presidente en su cargo hasta 2006, y quién sabe si allí termina verdaderamente el mandato chavista.

Para el historiador Elías Pino Izturrieta, el pronóstico inmediato no es alentador. La gloria del 'no', acotó a SEMANA, producirá un "decaimiento de la sociedad civil y de la Coordinadora Democrática". "Estaremos mirando al futuro sin un liderazgo nuevo", insiste.

Los chavistas, en el ínterin, celebran lo que asumen como una décima victoria en cadena. La suma en sus calculadoras incluye siete triunfos electorales desde 1998 (presidencial, constituyente, reelección, etcétera) y dos contando el regreso al poder tras los sucesos de abril de 2002 y luego del paro cívico petrolero de ese mismo año.

Para el ex paracaidista, es más que una relegitimación de su mandato y de su persona. Así describe para SEMANA Alberto Garrido, especialista en el fenómeno Hugo Chávez, esta victoria: "No hay que olvidar que representa un liderazgo caudillesco. La intención es transformar lo que se ha hecho en un proceso con rasgos más definidos de revolución".

Fue ese enamoramiento, esa pasión que lleva a muchos seguidores a rezarle a la foto del Presidente ante un altar con incienso y velas, la que pudo recuperar las fuerzas que en un momento perdió el chavismo. Pero en el mismo seno de seguidores también se afianza la vena radical que exige "una purga del partido y la consolidación del poder popular".

"Las Unidades de Batalla electoral y las patrullas electorales (creadas para apoyar la campaña) quedarán como patrullas sociales para combatir el concepto del enemigo estratégico estadounidense manejado por este gobierno. Por eso necesita montar una defensa integral de nación cívico-militar. Se trata de una defensa atípica, distinta a lo que se conoce como guerrilla, y diseñada con la hipótesis de una guerra contra Estados Unidos", explica Garrido.

El analista político advierte que plantear esta confrontación contra Estados Unidos es también "plantearla contra el Plan Colombia". "Creo que a mediano plazo vamos a tener una situación de dificultad extrema entre Venezuela y Colombia. Aunque Chávez se ha proclamado neutral con la insurgencia colombiana, existen coincidencias en los planes contra Estados Unidos", apunta Garrido.

En una fase posterior, prosigue, el gobierno venezolano se proyectaría hacia una "andinización revolucionaria" que se sumaría a los movimientos insurgentes del Ecuador, Bolivia y Brasil. "Ese bloque continental revolucionario que llamó la Internacional Bolivariana es una movilización que se separa de la insurgencia armada, como los piqueteros o los sin tierra, que se manifiestan tomando las calles".

El panorama que sigue, a pesar de los brotes de violencia e inconstitucionalidad que vaticinan algunos, podría ser de total legalidad según el experto en Chávez. "El Presidente tratará de sostener la legalidad democrática hasta que pueda, pues eso le permite beneficiarse del poder de un Estado petrolero y establecer alianzas regionales con otros países".

Pero el clima en la sociedad es lo que más tiene preocupados a los analistas. Si en algo están de acuerdo los contrincantes de esta batalla política y social es en que se avecinan tiempos borrascosos, y que la oposición lejos de debilitarse, debe renovarse.

Chávez dijo en su discurso que "este es un triunfo de la Constitución Bolivariana y del pueblo. Expresó que los venezolanos que votaron por el si no deben sentirse derrotados Ellos tienen derecho a pensar distinto, no es cierto que gtengamos un proyecto excluyente".

Estas promesas reiteradas que pocos ven cumplidas, sumadas a la cantidad de veces que ha dicho públicamente "los que no están conmigo están contra mí", tienen a una cantidad de gente organizándose para encontrar de otra manera esa ansiada reconciliación. De allí la creación de varios grupos en la sociedad que sí llevan como bandera el "aquí cabemos todos".

Mireya Lozada, del Instituto de Psicología de la Universidad Central de Venezuela y promotora de esta premisa, subraya que el clima de desconfianza y negación del otro ha sido una constante en el gobierno de Chávez. Admitió a SEMANA que tal clima se ha agudizado y "la reconciliación de cada grupo ahora es difícil". "El problema es que el referéndum revocatorio ha sido sobrevaluado como la solución al conflicto político venezolano. Pero ese es apenas un primer paso, y eso sólo si ambas partes aceptan los resultados".

Por lo pronto, Hugo Chávez se ha apuntalado en el poder. Pero la insistencia de la oposición en desconocer su derrota hace que se esperen nuevos capítulos en el interminable drama venezolano.

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