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| 4/23/1990 12:00:00 AM

COMO CAIN Y ABEL

Afloran odios raciales entre húngaros y rumanos.

COMO CAIN Y ABEL COMO CAIN Y ABEL
Las imágenes de violencia callejera resultaron espeluznantes. Un hombre yacía muerto en plena calle, apenas cubierto por los restos de la pancarta con que, hasta unos pocos minutos antes, había tratado de expresar sus ideas. La escena se desarrolló en Tirgu Mures, (Rumania) y los protagonistas fueron turbas de dos nacionalidades cuya animadversión mutua no logró ser sofocada por 40 años de férula comunista.

No pasaron tres meses desde la caida del régimen de Nicolae Ceausescu sin que estallara la violencia entre los húngaros y los rumanos que viven en Transilvania, una región montañosa que hoy pertenece a Rumania. Ambas nacionalidades tienen fuertes lazos emocionales con esa tierra que ha cambiado de manos cuatro veces desde la caída del Imperio Austrohúngaro en 1918. Poblada por una rica mezcla de culturas, Transilvania ha seguido siendo un símbolo de identidad nacional tanto para los rumanos como para los húngaros, y por lo tanto se ha convertido en la mayor fuente de tensiones entre los dos pueblos, desde tiempos casi inmemoriales.

En épocas recientes, los húngaros tuvieron que soportar, durante el "reinado" de Ceausescu, las draconianas medidas del dictador para "homogeneizar" a la población rumana. Pero mientras los alemanes étnicos, que permanecieron en el país desde la Edad Media, resolvieron emigrar, los dos millones de húngaros prefirieron permanecer, puesto que de irse hubieran dejado el "corazón de su cultura milenaria".

Pero ahora, mientras luchan por reconquistar el status que perdieron durante los años de Ceausescu, los húngaros son mirados con malos ojos por los rumanos. Los hungaros piden, por ejemplo, que se les restituya el derecho a la educación en su propio idioma y cultura, algo que fue eliminado durante muchos años.

Pero detrás de lo que algunos observadores llaman "complejo de inferioridad rumano frente a los húngaros", se esconde el temor de los primeros, de perder a Transilvania. La sospecha popular es que luego de las demandas relacionadas con las escuelas, los húngaros sigan un curso político que los lleve primero a una separación cultural, seguida de autonomía administrativa y por fin, la incorporación del territorio al país vecino. Esas fueron las fuerzas oscuras que llevaron al incidente de la semana pasada en Tirgu Mures. Una turba de 2 mil rumanos atacó con herramientas de labranza a unos 5 mil ciudadanos de origen húngaro que llevaban a cabo una manifestación en el ayuntamiento. Tras la intervención del ejército, las cosas volvieron a su lugar, pero las relaciones de los dos países, otrora miembros de la hermandad cialista, quedaron seriamente deterioradas, tras las denuncias del gobierno vecino, de atrocidades con sus hermanos de sangre. Se trata de otro de los conflictos ocultos que comienzan a aflorar en el otrora homogéneo mundo comunista.-

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