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| 4/22/2006 12:00:00 AM

Débiles al poder

Los principales países de la Unión Europea sufren por la ausencia de líderes de dimensión histórica. La construcción comunitaria sigue en la cuerda floja.

Débiles al poder Débiles al poder
Con la confirmación del triunfo poco contundente de Romano Prodi en Italia, la Unión Europea (UE) confirmó que sufre la mayor parálisis de su historia por la debilidad política de sus principales líderes. Jacques Chirac en Francia, Tony Blair en Inglaterra, José Luis Rodríguez Zapatero en España, Angela Merkel en Alemania y ahora Prodi están al frente de países en los que la opinión pública está dividida y los líderes no cuentan con el margen de maniobra para realizar las reformas que necesita la UE para seguir avanzando.

En el fondo está el recelo ciudadano contra los políticos, que se disparó por la alianza de algunos gobiernos con Estados Unidos contra Irak y luego se ha cebado en conflictos internos por las reformas laborales y sociales que han tratado de imponer los Estados sin mucho éxito. El punto culminante de este rechazo fue el 'no' de Francia y Holanda a la Constitución Europea a mediados de 2005.

Los analistas creen que, como quedó demostrado en las protestas estudiantiles de Francia, el miedo al cambio se ha apoderado de Europa, impulsado por los gobiernos de derecha que han gobernado en la última década. "El europeo no quiere renunciar a los beneficios que le entrega el Estado y se ha llenado de miedos, a la globalización, a la 'invasión' de capitales y personas extranjeras. Estos europeos quisieran una Europa fuerte, que los llene de bienestar, pero su escepticismo les hace disgregar sus votos entre los partidos", sostuvo a SEMANA Jean Dénériaz, sociólogo de la Universidad de La Sorbona.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa occidental creó una 'sociedad del bienestar', donde el Estado orientó sus recursos a dar beneficios sociales y a invertir menos en armas y ejércitos. Pero con el fin de la Guerra Fría y el empuje de la globalización, las posiciones oficiales en boga sostienen que esta "sociedad del bienestar" no se puede mantener, pues la población está envejecida, el desempleo ronda el 10 por ciento y no hay dinero para el futuro si no se reforman las leyes laborales y se recortan los beneficios. Pero los líderes están maniatados por los costos políticos de estos cambios -impuestos por la UE desde Bruselas- y tampoco tienen una orientación clara para ensayar otras fórmulas.

"Con líderes tan débiles es imposible hacer marchar a la Unión Europea. Los votantes niegan el camino a gobiernos fuertes y estables, de amplias mayorías, únicos capaces de cohesionar a Europa", dijo a SEMANA Werner Klammt, experto del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Libre de Berlín. En Alemania, Italia y España, los gobiernos están basados en alianzas y no en ideales, lo que hace más difícil la toma de decisiones. La canciller alemana, Angela Merkel, metida en la camisa de fuerza de su 'Frente Nacional' establecido entre los dos grandes partidos (democristianos y socialdemócratas) se desgasta tanto en los conflictos internos de poder, que no ha podido asumir el liderazgo europeo de Alemania.

Lo mismo le ocurre a Chirac, en su punto más bajo de gobernabilidad. Fue obligado por las protestas a retirar la Ley de Contrato de Primer Empleo y se debate entre las ambiciones de su primer ministro, Dominique de Villepin, y su ministro de Interior, Nicolas Sarkozy. José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del gobierno español, causó ilusiones al ser elegido por escaso margen en 2004, pero pronto perdió protagonismo, al ser devorado por la oposición de la Iglesia y el Partido Popular. Hoy España está dividida por el Estatuto de Cataluña y la negociación con ETA. Para gobernar, Rodríguez Zapatero tuvo que aliarse con partidos nacionalistas que le están cobrando con creces.

En Italia, Prodi también está atado a los conflictos de los partidos que lo apoyan, que van desde la extrema izquierda hasta la centroderecha. Prodi enfrenta la oposición de los partidos del perdedor Silvio Berlusconi, que no le dejarán espacio para gobernar.

Pero estos no son los únicos líderes debilitados y con problemas. A ellos se suma el primer ministro británico, Tony Blair, que tras 12 años de gobierno, se encuentra en su punto más bajo. Su apoyo incondicional a Estados Unidos le ha costado una avalancha de reproches y sus reformas a la educación y la salud, así como su lucha contra la inmigración y el terrorismo, han recibido críticas. Parece que su fin en el poder se aproxima, acosado por líderes de su partido como Gordon Brown, su ministro de Economía.

La locomotora de la UE, compuesta por Alemania y Francia, está detenida y ya nadie cree en Bruselas. Son tiempos de crisis para la gran nación soñada de 465 millones de habitantes y más de 20 idiomas. Esta Babel está frenada, no por la diferencia de lenguas como en el mito bíblico, sino por la debilidad de sus actuales líderes, que apenas si atinan a sobrevivir en medio de los conflictos internos de sus países.

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