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| 8/25/1986 12:00:00 AM

"DESEMBARCO" EN BOLIVIA

Un secreto mal guardado y el debate sobre la soberanía nacional caracterizan el fracasado operativo antidrogas de soldados americanos en Bolivia.

"DESEMBARCO" EN BOLIVIA "DESEMBARCO" EN BOLIVIA
Lo único más comprometedor para un gobierno latinoamericano que permitir el ingreso de tropas de los Estados Unidos en su territorio, es intentar hacerlo en forma secreta y ser descubierto.
Esta monumental metida de pata fue la que protagonizó la semana pasada el gobierno boliviano del presidente Víctor Paz Estenssoro, en un episodio que por su torpe manejo, caracterizado por un mar de versiones contradictorias dadas a conocer por funcionarios bolivianos y norteamericanos, adquirió dimensiones políticas nacionales e internacionales de mucho más alcance del que parecía justificar la operación en sí.
La historia no es sencilla y la prensa de los Estados Unidos se demoró varios días antes de lograr armarla en forma íntegra. Todo indica que el lunes 14 de julio, 3 aviones Hércules transportaron desde la Base Howard en Panamá a 160 soldados americanos y 6 helicópteros artillados del tipo Black Hawk, hasta Santa Cruz, la segunda ciudad de Bolivia, para desde allí coordinar una serie de asaltos y allanamientos a más de 50 laboratorios de cocaína ubicados en la región de El Beni en el nororiente del país, donde se encuentra la mayor concentración de centros de siembra y procesamiento de coca del planeta.
De Santa Cruz, tropas y helicópteros se trasladaron a la población de Trinidad, en plena zona coquera. Los soldados americanos estaban acompañados por varios centenares de efectivos bolivianos, encabezados por los comandos de élite "Los leopardos", especialmente entrenados en la lucha antinarcóticos.

SECRETO A VOCES
A mediados de la semana pasada, el Miami Herald informó en primera plana que esta incursión en el reino de la coca no ofrecía resultados muy claros. Mientras funcionarios del gobierno americano aseguraban que el raid había sido un fracaso, las autoridades bolivianas -particularmente las del Ministerio del Interior- sostenían que había sido un verdadero éxito.
Exito o fracaso, la verdad que saltaba a la vista es que las cosas no habían salido como estaban planeadas. Para empezar, lo que pretendían las autoridades norteamericanas -al menos en lo que toca a la agencia antidrogas DEA- era que la incursión se llevara a cabo en secreto, como había sucedido durante los primeros días de la operación. Pero el 17 de julio comenzaron a aparecer en Santa Cruz y en Trinidad, decenas de periodistas norteamericanos que habían sido alertados en Nueva York y Washington.
¿Quién les había soltado la chiva? Según la revista Newsweek, las sospechas apuntaban directamente hacia algunos asistentes del vicepresidente George Bush, quien habría apadrinado el envío de tropas americanas a Bolivia desde un comité nacional para combatir el narcotráfico en el cual tiene asiento. Los asistentes de Bush, cuya presencia en la línea de partida de la carrera por la candidatura republicana a la Presidencia no es un secreto para nadie, habrían intentado con esta filtración presentar a su jefe como el héroe de la operación y el hombre que sí se atrevía a todo en la lucha contra el narcotráfico.
Según algunos agentes de la DEA, no sería esta la primera vez que intereses políticos frustran una operación secreta antidrogas. Pero esta era apenas una parte de la discusión, esencial de todos modos, pues de no haberse presentado la filtración, es posible que el resto del debate nunca se hubiera planteado, puesto que la noticia quizás no se hubiera conocido por ahora y los "capos" bolivianos que se pretendía capturar no se habrían volado.

ASUNTO DE SOBERANIA
Como era de esperarse, apenas la noticia saltó a las primeras planas de la prensa americana el viernes 18, se inició el debate. En primer lugar, no estaba del todo establecido el procedimiento por medio del cual se había llegado a la fórmula de enviar 160 soldados norteamericanos a Bolivia. Mientras las autoridades americanas daban a entender que el gobierno boliviano había pedido la ayuda, los bolivianos aceptaban esto, pero aclaraban que la ayuda pedida no era de estas proporciones.
Según la Casa Blanca y el Departamento de Estado, "el envío de 160 soldados y de 6 helicópteros Black Hawk se hizo a pedido del gobierno boliviano". Otra cosa declaraba Jacobo Liebermann, asistente del presidente Paz Estenssoro. Según él,"nosotros habríamos deseado una ayuda de otro tipo, totalmente conducida por los bolivianos. Y lo que obtuvimosfue la invasión de Normandía".
Pero no sólo se contradecían los dos gobiernos. Las versiones encontradas también se evidenciaban entre los funcionarios norteamericanos. Uno de ellos dijo al New York Times el sábado 19, que si bien el gobierno boliviano había solicitado ayuda a los Estados Unidos para penetrar la región coquera, nunca había pedido expresamente que la ayuda fuera militar.
Con el paso de los días, se hizo evidente que el gobierno boliviano sí había pedido la ayuda y que el encargado de especificar que ésta incluyera el envío de soldados fue el embajador del gobierno de La Paz en Washington, Fernando Illanes.
Pero sea como sea, el hecho es que al final de la semana los dos gobiernos, inmersos en sus propias contradicciones, se encontraban contra la pared y parecían avergonzados de lo que habían hecho. Los bolivianos, por haber permitido que tropas norteamericanas en un número significativo pusieran pie en su territorio. Y los norteamericanos, porque de cualquier modo esto los hacía aparecer de nuevo como intervencionistas y, como si fuera poco, como intervencionistas fracasados que ni siquiera habían sabido guardar un secreto.
La prueba de que se sentían avergonzados era, del lado boliviano, que buena parte de los funcionarios en La Paz pretendía hacer aparecer las cosas como un gol de los Estados Unidos, y del lado norteamericano, declaraciones como la de un funcionario americano que trataba de demostrar que los 160 soldados eran apenas el personal necesario para hacer volar los 6 helicópteros.
El fracaso de la operación, por el escándalo, porque no se lograron los objetivos, o por las dos cosas, frustraba tal vez un plan de mayor envergadura del gobierno americano. Según revelación del diario Los Angeles Times hecha el viernes 18, Bolivia no era el único objetivo de este tipo de acción. Un subtitular aseguraba que Perú y Colombia vendrían después y que para ello ya se habían hecho algunos contactos con sus respectivos gobiernos. Semejante afirmación resultaba tan descabellada que ni siquiera hicieron falta los desmentidos habituales.
SEMANA consultó el caso colombiano con el Ministerio de Justicia, el de Defensa, la Dirección de la Policía, la Cancillería y la Embajada americana en Bogotá y todas las fuentes negaron la información del diario californiano .
Pero el hecho de que dichos contactos con los gobiernos de Perú y Colombia no se hubieran dado, no quiere decir que algunos funcionarios americanos no estuvieran pensando en extender este tipo de operaciones a estos paises. Según Newsweek, lo que se buscaba con la incursión en Bolivia era más bien advertir a los gobiernos peruano, colombiano y hasta mexicano que, si no se comprometían más con la lucha antidrogas, los Estados Unidos estaban dispuestos a cualquier cosa. En fin, la verdad es que todo esto ya no es más que ciencia-ficción, pues no existe la menor posibilidad de que en el futuro próximo soldados americanos sean traídos a estos países para participar en operativos como el de Bolivia. Si alguna vez existió dicha posibilidad, desapareció por completo después de lo sucedido en este país en las últimas semanas.

EDICIÓN 1879

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