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| 10/3/1988 12:00:00 AM

DIALOGANDO

Semanas de huelga de "Solidaridad" ablandan al gobierno polaco.

DIALOGANDO, Sección Mundo, edición 331, Oct  3 1988 DIALOGANDO
Fue, más ni menos, una cita con la historia. Por eso tal vez, el líder sindical polaco, Lech Walesa, estuvo más serio que de costumbre el pasado miércoles 31 de agosto, cuando se bajó del Ford Granada que lo condujo desde Gdansk hasta Varsovia para verse con el ministro del Interior, el general Creslaw Kiszczak.

Claro que la cara de acontecimiento era explicable. Al fin y al cabo, el dirigente de Solidaridad, el sindicato proscrito por el actual régimen, iba a encontrarse con uno de los hombres más duros del gobierno orientado por el general Jaruzelscki. Como jefe de los servicios de seguridad, ha sido precisamente Kiszczak quien en pasadas ocasiones ha dado la orden de arrestar o atacar a los sindicalistas rebeldes.

No obstante, en esta ocasión no hubo represión. Al cabo de tres horas de charla descritas como "cordiales", Walesa reveló que el gobierno había aceptado convocar a una especie de diálogo nacional, para tratar de aliviar los graves problemas económicos que afectan a este país comunista de casi 40 millones de habitantes.

A cambio, el sindicalista de 45 años se comprometió a convencer a varios centenares de huelguistas atrincherados en los astilleros de Gdansk, a volver al trabajo. Estos finalmente aceptaron, no sin antes criticar a Walesa por haber interpuesto su palabra a cambio de una promesa de un régimen que muchos miran con desconfianza. Algunos alcanzaron hasta a silbarlo a lo largo de una reunión que se prolongó durante casi toda la noche del miércoles.

Sin embargo, si se le deja cierto espacio a la lógica, lo cierto es que Varsovia debe mantener su ofrecimiento.
La situación actual es tan mala (inflación del 60% anual, escasez, corrupción, etc.) que sencillamente no hay otra salida. Si para Walesa fue duro creerle a un gobierno que durante los últimos siete años no ha hecho sino combatirlo, es evidente que para Jaruzelski tampoco debió ser fácil "humillarse" ante el obrero de Gdansk.
Hay que recordar que buena parte de la justificación de la llegada del general a la cabeza del Estado en octubre de 1981, fue su mano dura contra Solidaridad.

Ese argumento, precisamente, fue el utilizado por quienes atacaron la idea de la mesa redonda. Inicialmente los miembros del movimiento habían dicho que la huelga no se suspendería hasta tanto el gobierno no reconociera oficialmente a Solidaridad. La central obrera fue creada en septiembre de 1980 y alcanzó a contar con 12 millones de miembros antes de ser "suspendida" 14 meses más tarde, y "disuelta" el 8 de octubre de 1982. A pesar de la represión a partir de ese momento, la idea del sindicato independiente se mantuvo especialmente en Gdansk. Los procesos judiciales contra los ex dirigentes de Solidaridad no hicieron sino galvanizar la voluntad de muchos. Más aún, la figura de Walesa, quien recibió el premio Nobel de la Paz en 1983, se mantuvo relativamente intacta. La asociación de los obreros con la Iglesia Católica permitió continuar la labor de adoctrinación, pese a que el gobierno apretó duramente las tuercas.

La "resurrección" se produjo finalmente a comienzos de este año, cuando varias huelgas en protesta por la política económica del gobierno resultaron exitosas. Ese impulso inicial le indicó a muchos que el fiel de la balanza volvía a estar del lado de los obreros. A pesar de que en términos de fervor las jornadas recientes están lejos de igualar a las de 1980, es evidente también que Solidaridad está de vuelta.

Es ese factor el que condujo a la entrevista de Kiszczak y Walesa.
Como todo político, el general Jaruzelski sabe que debe conseguir algún grado de apoyo en la población si quiere salir adelante La crisis actual es tan profunda y el desencanto de la gente tan grande, que a no ser que se logre cierto grado de consenso, el jefe actual del POUP (Partido Obrero Unificado Polaco) será llamado a calificar servicios.

Dentro de ese espiritu, la participación de los sindicalistas rebeldes es clave. No obstante, éstos no rebajan sus exigencias. Según Bronislaw Geremek, consejero de Walesa, "hay tres puntos claves: el pluralismo sindical y la legalización de Solidaridad; el pluralismo en la vida pública, no política, que implica la libertad de crear asociaciones y clubes; y el establecimiento de un pacto anticrisis".

Esas ideas, que de triunfar serían realmente revolucionarias, deben ser consideradas por Jaruzelski y sus ministros. Hasta ahora el general se ha marginado un tanto de las discusiones, pero ahora le toca mostrar sus cartas rápidamente, porque el tiempo apremia. Tal como dijera Geremek, "si el poder no toma una decisión de una vez por todas, va a pagar el precio, pero nosotros también". --

EDICIÓN 1879

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