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El calvario del Chapo: las penurias del capo en una cárcel de Estados Unidos

El narcotraficante más relevante de los últimos años será juzgado desde este lunes en una corte federal de Brooklyn. Pasó de tener una fortuna de más de mil millones de dólares a sufrir la dureza de una cárcel en Manhattan.


"Sufro de dolores de cabeza todos los días. Vomito casi todos los días. No me han arreglado dos muelas y me duelen mucho", se quejó el Chapo Guzmán en su única comunicación directa con el juez Brian Cogan, en una carta enviada en febrero.

El capo mexicano, que durante años fue el hombre más buscado por Estados Unidos, vive su peor pesadilla tras las rejas de una prisión neoyorquina: será juzgado desde este lunes en una corte federal de Brooklyn y puede ser sentenciado a cadena perpetua.

Encarcelado desde hace casi dos años en Manhattan en casi total aislamiento, Guzmán Loera no puede ver a su joven esposa Emma Coronel ni a ningún familiar salvo a sus hijas mellizas de 7 años, y solo a través de un vidrio.

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Con el cabello cortado al ras, sin bigote y vestido con un traje azul de presidiario, El Chapo, de 61 años y poco más de 1,60 metros de altura, ha perdido mucho de su aura de implacable jefe narco, y espera su juicio "tan esperanzado como puede estarlo", según su abogado Jeffrey Lichtman.

El acusado ha bajado de peso, asegura tener problemas de salud y en varias audiencias en la corte federal de Brooklyn apenas se ha escuchado su voz, ya que el juez no le permite hablar en la sala.

"Si no está muy frío, hace demasiado calor" en la celda, escribió el acusado de traficar más de 155 toneladas de cocaína a Estados Unidos, además de múltiples toneladas de heroína, metanfetaminas y marihuana a lo largo de 25 años. "Es una tortura de 24 horas cada día".

El hombre de 61 años habría empezado a perder la memoria producto de su aislamiento en prisión. "Su memoria está fallando, tiene problemas físicos", les dijo el abogado Eduardo Balarezo a varios periodistas al final de una audiencia.

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera nació el 4 de abril de 1957 en una familia humilde en La Tuna, una pequeña población rural de Badiraguato, en el pobre y violento estado de Sinaloa en el noroeste de México, y solo cursó hasta tercer año de colegio.

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En un encuentro clandestino en octubre de 2015, el Chapo le contó al actor estadounidense Sean Penn que de niño vendía naranjas, refrescos y caramelos para ayudar a su familia, que era "muy pobre". Su mamá vendía pan para ganar un poco más de dinero.

Pero debido a "la falta de oportunidades" en el pueblo, a los 15 años ya cultivaba y vendía marihuana y amapola, un negocio floreciente en su modesto pueblo agrícola.

Adolescente, fue reclutado por el jefe del cartel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo y, cuando este fue arrestado en 1989, fundó con tres socios el cartel de Sinaloa, que creció de forma meteórica hasta convertirse en el mayor del mundo y conquistar miles de miembros.

Con el correr del tiempo, se convirtió en el narcotraficante más buscado del planeta, acusado de enviar drogas desde AméricaLatina a Estados Unidos, Europa y Asia.

Se burló una y otra vez de las autoridades en un interminable juego de gato y ratón, traficando drogas por aire, tierra y mar, incluso a través de decenas de túneles en la frontera con Estados Unidos.

Su leyenda no hizo más crecer y se convirtió en parte del folclore mexicano, sus hazañas reflejadas incluso en varios "narcocorridos". Hasta Forbes reconoció su éxito, y hasta 2013 lo incluyó durante varios años en su famosa lista de multimillonarios, estimando su fortuna en mil millones de dólares.

"Yo suministro más heroína, metanfetaminas, cocaína y marihuana que cualquiera en el mundo", se jactó entre tragos de tequila frente a Sean Penn, según el relato del actor en la revista Rolling Stone.

Aunque en su estado de Sinaloa cultivó una imagen de Robin Hood, haciendo muchas obras sociales para la población local, El Chapo era considerado despiadado con rivales y traidores.

Y enemigos tenía por montones.

Se salvó por un pelo de morir en un atentado en mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara, donde murió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, a quien al parecer los sicarios confundieron con el jefe narco porque viajaba en un coche de la misma marca.

Las cosas se le complicaron desde entonces y fue detenido por primera vez en junio de ese año en Guatemala, y trasladado a una prisión mexicana.

Pero consiguió fugarse ocho años después, en 2001, cuando huyó escondido en un carrito de ropa sucia.

Volvió a ser arrestado en febrero de 2014, cuando estaba con su esposa Emma y sus mellizas en Mazatlán, en Sinaloa. Y nuevamente consiguió escaparse 14 meses después, por un túnel de 1,5 kilómetros cavado bajo el desagüe de la ducha de su celda, por el cual huyó en una motocicleta adaptada para circular sobre rieles.

Las autoridades dicen que su debilidad por la actriz mexicana Kate del Castillo, con quien intercambió sugestivos mensajes y quien arregló la cita entre El Chapo y Penn, llevó a su localización y detención final en enero de 2016, hasta su extradición un año después a Estados Unidos.

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Guzmán se casó al menos tres veces, y tiene varios hijos, incluidos dos varones a quienes Estados Unidos acusa de tener roles significativos en el cartel de Sinaloa. Otro hijo, Edgar, fue asesinado de un disparo en 2008.

*Con información de AFP