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| 10/11/1993 12:00:00 AM

El camino hacia la paz

Este es un mes historico: paz en Palestina y acuerdo para gobierno negro en Sudáfrica.

El camino hacia la paz El camino hacia la paz
HAY MOMENTOS DE LA HISTORlA QUE ACUmulan caprichosamente hitos que la gente recordará por mucho tiempo. Esta semana, dos de los problemas que durante años atormentaron a los expertos en los asuntos mundiales parecen haberse puesto de acuerdo para dar buenas noticias a la humanidad. En Israel y Sudáfrica se produjeron sendos pactos que abren serias probabilidades de paz para sus pueblos. Pero en uno y otro caso el camino está lleno de espinas.

ISRAEL
La semana anterior se concretó el paso clave de la "Madre de todos los acuerdos", cuando ambas partes, el gobierno de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) reconocieron mutuamente su derecho a existir y la OLP renunció al terrorismo.
Al cierre de esta edición se esperaba la celebración formal del acuerdo, previsto para ser firmado en Washington.
Eso es muy importante porque se superó el escollo de la Carta Constitutiva de 1964, que declaraba como un objetivo básico de la OLP la promesa de destruir a la "entidad sionista". Por la parte judía, el primer ministro Yitzhak Rabin y su responsable de Relaciones Exteriores, Shimon Peres, aseguraron que superaran las dificultades planteadas por los opositores al acuerdo, quienes realizaron la mayor manifestación que se recuerde de rechazo a una política gubernamental. Peres declaró a una estación de televisión de Arabia Saudita que su gobierno esperaba que la OPL lograra también controlar a los extremistas palestinos, quienes han prometido asesinar al presidente de esa organización, Yassir Arafat, por haber dejado de lado la promesa de recuperar la totalidad del territorio.
De cualquiera de los dos bandos, las amenazas son preocupantes. Por el palestino, grupos fundamentalistas como Hamas(cuyo nombre, una sigla en árabe, significa literalmente "Celo") fueron permitidos por Israel para contrarrestar la influencia de la OLP y ahora se han convertido en una piedra en el zapato. Y por el judío, múltiples organizaciones de derecha, con el liderazgo del ex canciller Benjamín Netanyahu, amenazan torpedear el acuerdo. Una de ellas, el Consejo de los Asentamientos Judíos en Judea y Samaria, ha advertido que recurrirá a las armas si fuere necesario para impedir que los palestinos adquieran autonomía. Para ellos, ese es el primer paso para la creación de un Estado enemigo a sus puertas, un Estado que aunque quiera no podrá evitar que organizaciones extremistas utilicen, desde su territorio, cohetes para atacar a las ciudades Israelíes, que fácilmente quedarían a su alcance.
Pero eso no detiene a los optimistas, quienes señalan que, de fracasar esta opción, no habría nueva oportunidad para la paz en el presente siglo.

SUDAFRICA
Entre tanto, el mayor país del extremo meridional del Continente Negro, un acuerdo de ribetes históricos, logrado en el seno de un foro del gobierno con todos los partidos, estableció un Consejo Transicional que cumplirá funciones de fiscalización sobre el gobierno del Partido Nacional, de F. W. de Klerk.
EI siguiente paso serán las elecciones generales y universales de abril de 1994, que entregarán el gobierno a las verdaderas mayorías.
Para entender la trascendencia del acuerdo, hay que recordar que Sudáfrica practicó durante años el apartheid, mediante el cual la mayoría negra quedó reducida a la condición de ciudadanos de tercera clase, sujetos a una discriminación total. Esa práctica convirtió al país en un paria internacional, sujeto a sanciones económicas y morales, y en el escenario de las actividades del Congreso Nacional Africano, que intentaba superar por la fuerza la terquedad de los gobiernos blancos.
Pero desde que en 1989 llegó al poder F.W. de Klerk, el pragmatismo se convirtió en la fuerza motriz del cambio.
De Klerk liberó al dirigente del CNA, Nelson Mandela, en prisión por "terrorismo" desde 1964. Ese fue el primer paso para las negociaciones que llegaron esta semana a su punto culminante.
Según el acuerdo, el Consejo de Transición, compuesto por las fuerzas políticas más importantes, tendrá facultades para contrarrestar cualquier acción que pueda influir sobre la pureza de las elecciones. Entre ellas están la de organizar una fuerza policial compuesta tanto por miembros actuales del Ejército y la Policía, como por antiguos guerrilleros antisegregacionistas. Todo, incluso la facultad de revocar por el 75 por ciento de los votos los actos gubernamentales, está diseñado para que la transición hacia el primer gobierno de mayoría negra (presumiblemente dirigido por Mandela) sea pacífica.
Sin embargo, como en el caso de Palestina el acuerdo de Sudáfrica también tiene enemigos en ambos bandos.
Por una parte está el Partido Conservador, que se niega a entregar la supremacía a los negros, y, por la otra, el partido Inkhata, de la etnia Zulú, que teme ser desplazado definitivamente por su archienemigo, el CNA. El líder zulú, Mangosuthu Buthelezi, ha hecho una alianza de pacto con los derechistas blancos, en lo que parece más bien una estrategia para no soportar la prueba de las urnas.
Pese a todo en tres años de negociaciones el acuerdo para entregar el gobierno de Sudáfrica a sus verdaderas mayorías parece haber alcanzado un impulso difícil de detener. Como en Palestina, esta es una oportunidad histórica que debe triunfar.

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