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| 1/2/1989 12:00:00 AM

EL CUARTELAZO DE ALI

Una vez más, la débil democracia argentina se estremece con el ruido de los fusiles.

EL CUARTELAZO DE ALI EL CUARTELAZO DE ALI
Los aires militaristas no parecen querer extinguirse en Argentina.
Todavía, tras varios años de gobierno de Raúl Alfonsín, quedan muchos militares que, incapaces de superar la nostalgia del poder absoluto, responden ante las decisiones que no les complacen con levantamientos operáticos que más tienen de rabieta infantil que de verdadera amenaza a las instituciones.

La semana pasada el turno correspondió al coronel Mohamed Ali Seineldin, un popular "tropero" que estaba esperando el turno para ascender a general, desde una oscura posición como asesor de la Guardia Nacional de Panamá. El coronel Seineldin, de quien no se sabía que había regresado al país, se sublevó junto con la unidad que comandó en la guerra de las Malvinas y desde su refugio en el complejo militar de Campo de Mayo, dejó saber que el suyo era "el intento definitivo por recuperar el honor del ejército y su rol histórico", aunque no aclaró específicamente a qué se estaba refiriendo. Pero tras tan altisonantes palabras, los observadores descubrieron a un oficial respirando por la herida de su inminente paso a retiro.

La figura del coronel Seineldin está llena de rasgos peculiares. Hijo de un inmigrante sirio, al dejar de ser musulmán no abandonó el fundamentalismo de su fe materna y se convirtió en el lider de la extrema derecha católica del país, al punto que quienes lo conocen afirman que reparte biblias entre sus soldados. A diferencia del también sublevado coronel Aldo Rico, tuvo participación directa y hasta heroica en la guerra de las Malvinas, lo que le granjeó el respeto de sus compañeros de armas. Pero por lo visto su posición extrema en materia política -ve comunistas hasta en el Departamento de Estado en Washíngton llevó al gobierno de Raúl Alfonsín a relegarlo al cargo de asesor de la Guardia Nacional panameña, de donde emergió para protagonizar el episodio de la semana pasada.

Al hacerse fuerte en Campo de Mayo con un número no determinado de soldados, entre los que estaba, según se afirmó, el capitán Videla, hijo del ex dictador detenido, Seineldin anunció que pasaría tranquilamente a retiro si se dictaba una ley de "pacificación nacional", que diera término a todos los procesos que se siguen contra los militares involucrados en las desapariciones que caracterizaron al régimen castrense. Según se afirmó, el propio Seineldin estaría involucrado en algunos de esos episodios, aunque no se conoce ningún cargo oficial contra él. Pero según muchos observadores, el verdadero interés del "turco" era la destitución del general Dante Caridi, jefe del Estado Mayor del Ejército, a quien Seineldin atribuiría la decisión de bloquear su ascenso y precipitar su paso a retiro.

Aunque tras un intercambio de disparos calificado de "pura formalidad", en el que hubo inclusive un muerto, Caridi y el sublevado se reunieron, el vicepresidente Héctor Martínez comunicó al último de los nombrados la decisión inmodificable del presidente Raúl Alfonsín -quien se encontraba en Nueva York para dirigirse ante las Naciones Unidasde no aceptar diálogo alguno con los sublevados.

Una situación paralela pero inicialmente considerada inconexa, contribuyó a elevar el nerviosismo de los argentinos el viernes pasado. Una turba de civiles y militares retirados intentó tomar la prisión militar de la Magdalena, donde se encuentran detenidos los responsables de la guerra de las Malvinas, entre ellos el general Videla y el coronel Aldo Rico. La intentona, sin embargo, fue rápidamente repelida por la Policía Militar.

La situación al cierre de esta edición permanecía a la espera de la llegada del presidente Alfonsín, quien no alteró un ápice su itinerario de viaje a causa de lo que calificó como "problema disciplinario de una unidad militar". Pero aunque el desenlace se encaminaba hacia el mismo carácter melodramático de los levantamientos que ha tenido que enfrentar Alfonsín, el episodio demostró que aún pesan sobre la cabeza del presidente muchas sombras tocadas con kepis. -

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