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| 1/2/1989 12:00:00 AM

"EL GOCHO" REPITE

Carlos Andrés Perez debuta por segunda vez en un país más pobre y políticamente más revuelto.

"EL GOCHO" REPITE "EL GOCHO" REPITE
Alentar la animadversión contra Colombia no resultó ser la carta milagrosa que el candidato Eduardo Fernández esperaba. Tras encauzar la discusión electoral hacia el problema de la delimitación de aguas territoriales en el Golfo de Venezuela, el "Tigre", como lo llaman sus partidarios, no logró remontar del todo la ventaja que desde un principio le tomó el candidato de Acción Democrática, el ex presidente Carlos Andrés Pérez. No valieron las acusaciones de debilidad ante las pretensiones de Colombia ni tampoco el recurso desesperado y poco elegante de calificarlo de colombiano por su origen familiar y por sus muchos vinculos con Colombia. Por lo visto, al venezolano medio esos intríngulis poco le importan, abocado como está a problemas cotidianos que la campaña dejó de lado, como la disminución ostensible que su nivel de vida ha experimentado en los últimos años.
Perfilada la victoria de Carlos Andrés Pérez, los analistas políticos comenzaron a hacer sus cábalas sobre lo que podría significar a corto plazo y a nivel histórico este nuevo triunfo de Acción Democrática. Para muchos, la reelección de Carlos Andrés tendrá el carácter de un hecho politico capaz de cambiar el panorama electoral del país. Al romperse la tradición del voto de castigo, y consolidarse AD en el poder por cuenta de la reelección, el bipartidismo imperante desde 1957, cuando tras la caída de Pérez Jiménez los líderes políticos se pusieron de acuerdo en Nueva York para polarizar el juego político en dos grandes vertientes, sufrirá un replanteamiento. Según muchos observadores, la segunda derrota consecutiva del Copei produciría un crecimiento del caudal de los partidos de izquierda, tanto en la papeleta parlamentaria como en las elecciones locales que tendrán lugar el año entrante, en las que se elegirá por primera vez, además de los alcaldes, a los gobernadores de los estados.

El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez parece encaminarse a tener algunas de las características del primero. Pérez es un hombre acostumbrado a mandar, y se recuerda que su primer mandato fue un gobierno "por decreto", en el que los poderes se concentraron casi exclusivamente en el Ejecutivo. En esta ocasión, el estilo "bolivariano" de gobernar podría repetirse, habida cuenta de que la composición del parlamento le favorecerá aún más que en la primera ocasión. Todo apunta hacia un sistema de gobierno-oposición en el que el gobierno gozará de una enorme ventaja sobre su contraparte.

Pero hasta allí llegan las similitudes aparentes con el gobierno anterior de Pérez. Las condiciones económicas del país, con todos los índices sociales en franca decadencia, no le permitirán desarrollar temas populistas como el pleno empleo o la elevación por decreto de los salarios. Además, el apoyo de los sectores sindicales se condicionó este año a que su nuevo gobierno "se rigiera por patrones de partido", con exclusión de cualquier alianza, sobre la base de que "el pueblo Adeco también come". Eso le significará la obligación de realizar un difícil equilibrio entre las medidas para restablecer la economia sin que el movimiento sindical se le salga de las manos.

En cuanto a las medidas económicas, se estima que el gobierno de Carlos Andrés comenzará por dar mayor flexibilidad al marco legal de la inversión extranjera, con el objetivo, entre otras cosas, de tratar de atraer al país los capitales fugados, que se estiman en US$50 mil millones, una suma tan astronómica que supera la deuda externa del país. Por otra parte, Pérez tratará de privatizar buena parte de las empresas estatales, con excepción, por supuesto, de las petroleras y siderúrgicas, que fueron estatizadas por su gobierno. En esas condiciones, los únicos sectores a vender serían algunos servicios, como los de aseo, y muchas fábricas menores, pues en Venezuela el Estado produce hasta dulces y lápices. Pero este tipo de actividades, a más de representar una importancia marginal en la economía, no resulta suficientemente atractivo para el sector privado que debería asumirlos.

Para controlar la inflación, como base de su programa de restablecimiento del nivel de vida de los venezolanos, Carlos Andrés propone una sola tasa de cambio, aunque no ha especificado cuál. Todo indica que se trataría de una tasa intermedia entre la libre y la oficial, que se controlaria con el peligroso procedimiento de emitir billetes a través del Banco Central. El panorama es incierto. El gobierno de Carlos Andrés Pérez dependerá en alto grado del precio del petróleo, y de su capacidad para lograr la reapertura del crédito externo, cerrado desde cuando se saturó la capacidad de endeudamiento del país.

Las relaciones con Colombia, en las que evidentemente Pérez ha mostrado la disposición más avanzada, no podrán desenredarse antes de uno o dos años. Los ataques de sus adversarios, que inclusive le obligaron a pronunciar un explosivo discurso contra la entrega de áreas marinas a Colombia, "le han puesto un plomo en el ala" a su capacidad de negociación con Colombia. Pero lo que sí se da por seguro es que el carácter latinoamericanista y mesiánico de Carlos Andrés le hará darse más de un abrazo fronterizo con su colega del occidente. -

EDICIÓN 1879

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