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El papa se luce con los Trotamundos de Harlem

Tras su paso por equipos europeos y la selección iraní, Carlos Queiroz atravesó el Atlántico para dirigir a la Selección Colombia. Este es un recorrido por la trayectoria futbolítica del técnico portugués.


Arrinconada por España en el extremo suroeste de Europa, Portugal escapa hacia el mundo por el Atlántico. Es un país con alma de navegante, y ahí está la historia para confirmarlo. También en el fútbol, donde los portugueses se mueven sin ataduras, con el prestigio garantizado desde hace décadas por sus jugadores y técnicos. No extraña, por tanto, encontrar a Carlos Queiroz en Colombia después de un recorrido profesional que le ha llevado por Europa, Norteamérica y Asia.

Irán fue el último y largo destino –siete años al frente de la selección– de un hombre que no desdeña la aventura. Hace 30 años se ganó el crédito como forjador de la magnífica generación juvenil portuguesa que alumbró a Figo, Rui Costa, Joao Pinto y Paulo Couto. En Estados Unidos y Japón aceptó retos novedosos y periféricos. Ha conducido selecciones, ha oficiado de ayudante del mítico Alex Ferguson en el Manchester United y fue el técnico de un peculiar Real Madrid, el equipo galáctico de Zidane, Ronaldo, Figo, Raúl, Roberto Carlos y Beckham, rodeado por una débil estructura de jugadores locales, sin experiencia y con poco talento.

El tiempo ha moldeado la trayectoria de Queiroz, nacido en Mozambique durante el periodo colonial portugués, pero curtido en el emergente escenario futbolístico de Lisboa de los años sesenta y setenta. Tiene fama de hombre inteligente y meticuloso, con un indudable don de gentes. Se le atribuye buen ojo para detectar el talento y el pragmatismo derivado de la edad, 65 años, y la diversidad de su recorrido. Conoce todas las escalas de un juego y es un habitual de las grandes competiciones. Condujo a Portugal en el Mundial de 2010 y a Irán en las ediciones de 2014 y 2018. Ha dirigido a estrellas de gran calibre y sabe manejar recursos limitados, de manera que podía proponer un juego ofensivo en el Real Madrid y un austero estilo defensivo en Irán. Digamos que favorece el equilibrio.

El actual desafío de Queiroz tiene que ver con su historia, un saltó del Oriente Medio al trópico colombiano. Hereda un equipo que funcionó bien en el Mundial de Rusia y que busca nuevos referentes para suceder a Falcao y acompañar a James, más feliz siempre en su desempeño con la selección colombiana que en el Real Madrid y el Bayern.

Queiroz sucede a José Pékerman, con el que tiene el rasgo común de su trabajo con técnicos de gran calado (uno con Ferguson, el otro con Marcelo Bielsa) y el prestigio como formadores de jóvenes. Le espera la Copa América, adonde llega con un equipo homogéneo, con varios jugadores curtidos en algunas de las mejores escuadras europeas, un buen síntoma del estado y las posibilidades del fútbol colombiano, que, sin embargo, no logra concretarlas en los grandes torneos. No es un mal momento para el doble salto: Queiroz ya ha atravesado el Atlántico, Colombia busca un nuevo peldaño.