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| 10/21/1996 12:00:00 AM

EL PRESIDENTE QUE NO FUE

Murió Spiro T. Agnew, el primer vicepresidente de Nixon, quien acarició la gloria y luego vivió la ignominia.

EL PRESIDENTE QUE NO FUE EL PRESIDENTE QUE NO FUE
Cuando se observa al actual vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, la conclusión lógica es que la mejor manera de llegar a suceder a su jefe es mantenerse en un discreto segundo plano, opinar sólo cuando es apropiado y tener una gran dignidad al representar a las altas autoridades en la premiación, por ejemplo, de los mejores boy scouts del país. Ese, sin embargo, no ha sido el papel tradicional de los vicepresidentes de la Casa Blanca. En otras épocas el segundo de a bordo se caracterizó por asumir el papel de picapleitos oficial, el hombre que, a pesar de estar en el centro del poder, podía asumir las actitudes y decir las cosas más extremas, o sea lo que el presidente pensaba pero no podía asumir personalmente. Es lo que los observadores políticos gringos llaman 'el hombre-hacha'. Si alguien personificó ese estilo fue Spiro T. Agnew, un hombre que no tenía pelos en la lengua para atacar en los términos más violentos a cualquiera que se atravesara en el camino de la derecha republicana, a la que sirvió en toda su carrera política. Por su estilo desenfadado Agnew ascendió de la mano de Richard Nixon a las más altas cotas de popularidad de su país, estuvo a punto de ser presidente ante la inminente caída de su jefe, pero meses antes de que esto sucediera cayó en desgracia por acusaciones de corrupción, hasta hundirse en el olvido. Al menos hasta la semana pasada, cuando una leucemia lo mató a los 77 años. Agnew fue sacado sorpresivamente al panorama nacional por Nixon para acompañarle en las elecciones de 1968. Por entonces llevaba sólo dos años como gobernador del estado de Maryland. "Spiro qué?" se convirtió en la pregunta nacional y el Washington Post editorializó que no había ningún nombramiento más sorpresivo desde que Calígula nombró cónsul a su caballo. Pero pronto los norteamericanos tendrían porqué acordarse de su vicepresidente. La razón es que Agnew tenía una verbosidad poco común en una época de grandes confrontaciones sociales. Dicen que Nixon lo escogió luego de oírle decir, tras unos disturbios raciales, que "no son las malas condiciones de vida lo que causan los disturbios, sino los hombres malos", y que los motines "fueron causados por este clima permisivo y la equivocada compasión de la opinión". En las elecciones de mitaca de 1970 no tuvo inconveniente en llamar a los demócratas "eunucos ideológicos", mientras se refería a los reporteros de televisión como "una minúscula fraternidad de privilegiados que disfrutan de un monopolio aprobado por el gobierno", y a quienes protestaban contra la guerra de Vietnam como "un cuerpo afectado de snobs impúdicos". Su frase más famosa fue "cuando has visto un tugurio los has visto todos". Mientras la controversia sobre su figura aumentaba, crecían las expectativas de Agnew de suceder a su jefe. Pero un mes antes de comenzar el segundo período como vice supo que un gran jurado de Maryland estaba tras sus huellas por su costumbre de recibir sobornos de contratistas de construcción, que se había prolongado desde sus épocas de gobernador hasta la propia Casa Blanca. Su caída fue tan espectacular como su ascenso. Todavía duró ocho meses antes de renunciar, el 10 de octubre de 1973, a cambio de evitar ir a prisión. Nixon nombró a Gerald Ford y sacó a Agnew de sus afectos tan rápido como lo encumbró. Pero pocos meses después el propio presidente renunciaba en medio del escándalo Watergate y de la peor crisis política de los últimos tiempos. Agnew perdió su oportunidad histórica y se hundió en el olvido. Hoy, después de su muerte, sigue despertando controversia. Para el republicano Pat Buchanan -quien en esa época escribía discursos para Nixon-, "en la tragedia de 1973-74 Agnew era uno de los buenos". Para otros, como Sandy Grady, "Agnew fue el mayor rufián que haya estado a un latido de convertirse en presidente de Estados Unidos".

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