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El proceso de paz en Afganistán tiene a Estados Unidos contra la espada y la pared

La Casa Blanca le envió una polémica carta al presidente afgano en la que le pide compartir el poder con los talibanes. Mientras tanto, la fecha límite para retirar las tropas estadounidenses de Afganistán se acerca.


Nuestra pobreza y dependencia del mundo exterior no significa que debamos aceptar peticiones ilegítimas”. Esa fue la contundente respuesta del vicepresidente de Afganistán, Amrullah Saleh, a la solicitud del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, al presidente afgano, Ashraf Ghani Ahmadzai, en la que le sugería compartir el poder con los talibanes de manera transitoria, así como impulsar las conversaciones de paz. “Los americanos y los occidentales están en su derecho de organizar conferencias, dar entrevistas, escribir cartas y negociar con los talibanes sobre qué hacer con 2.500 soldados estadounidenses y los varios miles de la Otan. Y también es nuestro legítimo derecho no someter el destino de 35 millones de afganos al calendario de otros”, sentenció Saleh.

La presión sobre la Casa Blanca es importante. Tienen programado en menos de dos meses un acuerdo de retirada progresiva de sus tropas firmado por Donald Trump y que no se sabe si tendrá continuidad. Las dudas estriban en la posibilidad de terminar un conflicto que lleva décadas o desatar una guerra interna incontrolable tras la salida de las tropas norteamericanas. Desde que Estados Unidos inició su lucha contra el terrorismo e invadió Afganistán en 2001, su respuesta enérgica se fue diluyendo con el tiempo hasta estancarse y materializarse como un fracaso. Estados Unidos, junto a la coalición de la Otan, han perdido 3.500 hombres y 800.000 millones de dólares en vano, puesto que su asedio militar no ha debilitado al sistema extremista talibán.

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- Foto: getty-images

En febrero de 2020, Donald Trump se presentó como el mesías de la crisis en Afganistán y firmó un tratado de paz en el que curiosamente dejó por fuera al Gobierno afgano. Así, Estados Unidos acordó con los talibanes que iniciaría una retirada progresiva de sus tropas en un plazo de 14 meses, que se cumple el primero de mayo de este año. La condición fue que los talibanes redujeran la violencia y participaran en negociaciones de paz de aquel país. Trump esperaba que el tratado intraafgano se materializara para la fecha de retirada, pero los plazos no fueron suficientes para saldar las rencillas.

Un hombre camina junto a un cartel de la candidata al parlamento de Afganistán, Najla Dahqan, en Herat, Afganistán. Algunos carteles electorales de candidatas mujeres están siendo dañados por grupos afines a los talibanes. Las elecciones parlamentarias están previstas para el 18 de septiembre de 2010.
Un hombre camina junto a un cartel de la candidata al parlamento de Afganistán, Najla Dahqan, en Herat, Afganistán. Algunos carteles electorales de candidatas mujeres están siendo dañados por grupos afines a los talibanes. Las elecciones parlamentarias están previstas para el 18 de septiembre de 2010. - Foto:

Lo más preocupante es que los talibanes llevan meses invadiendo ciudades clave en el sur de Afganistán. La mayoría de los analistas cree que los talibanes esperan la retirada de las tropas para retomar el control del país y tener vía libre para el tráfico de opio, la producción de heroína y, lo peor de todo, convertirse en un refugio y bastión del terrorismo internacional. Sin embargo, una negativa de Biden de retirar las tropas podría hacer que los talibanes consideren nulo el acuerdo de 2020, lo que desencadenaría nuevos ataques a las tropas estadounidenses y de la Otan. En consecuencia, podría llevar a los norteamericanos a implicarse aún más en la guerra. David Castrillón, docente de la Universidad del Rosario, le dijo a SEMANA que “el conflicto no va a terminar con una victoria en el campo de batalla”. El experto cree que “la estabilidad solo llegará cuando todas las partes interesadas lo permitan”. Sobre la carta enviada por Blinken al presidente afgano, Castrillón cree que “la propuesta nos dice mucho de la manera en la que el Gobierno de Biden planea abordar las amenazas a las que se enfrenta en el mundo. Ha priorizado la diplomacia como primera herramienta para resolver estos asuntos y solo en última instancia piensa en la guerra”.

Desde la administración Bush, todos los mandatarios estadounidenses han tratado de resolver el conflicto en Afganistán ,pero no han podido conseguirlo. Donald Trump definió un tratado de paz a ojo cerrado del que Joe Biden espera salir bien librado. Una salida diplomática, sobre el papel inteligente, podría convertirse, de la noche a la mañana, en un acceso para que prospere el terrorismo.