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| 11/19/1990 12:00:00 AM

El quinto hombre

Revelan influencia soviética sobre Roosevelt y el nombre del misterioso agente doble que completaba la cuadrilla de Kim Philby.

El quinto hombre, Sección Mundo, edición 442, Nov 19 1990 El quinto hombre
Oleg Gordievsky era el jefe de los espías soviéticos hasta su deserción en 1985. Para esa época ya era consciente de que su condición de espía doble al servicio de los britanicos había sido descubierta por la KGB, la policía secreta soviética. El tiempo le alcanzó para ponerse a salvo y trasladarse a Gran Bretaña, donde vive, bajo un nombre falso, gozando de los frutos de su traición.
Una traición que, según confirma en su libro "KGB: The Inside Story" "(La historia interior de la KGB"), era el pan de cada día en los servicios secretos de ambos lados de la Cortina de Hierro.
En su obra, el espía doble revela que John Cairncross, un experto escocés en actividades encubiertas del servicio secreto británico, era el "Quinto hombre", afanosamente buscado durante más de 20 años por el contra espionaje de Londres, Por su actuación clave en el esquema de espionaje desarrollado por el famoso Kim Philby en los años 50.
Revela también que Harry L. Hopkins, el asesor más cercano del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt y a quien se atribuye la creación del famoso "New deal" ("Nuevo trato", la política social del mandatario demócrata), influenció al presidente para que asumiera posiciones favorables a la URSS, en la repartición del mundo que siguio a la Segunda Guerra Mundial.
Esa sería la explicación para que Estados Unidos aceptara que Polonia, los países bálticos y Rumania quedaran bajo el control soviético. La actuación de Hopkins no habría sido deliberada, pero sus efectos podrían equiparar a ese consejero, según las deducciones del autor, con "un agente de la mayor importancia". Como si ello fuera poco, Gordicvsky confirma que Ethel y Julius Rosemberg, ejecutados en Estados Unidos en los años 50, (en medio de gran controversia), "eran valerosos y consagrados agentes soviéticos" .
El libro pretende ser una recopilación de la historia del organismo secreto del Kremlin desde su fundación en 1917. En uno de sus capitulos se refiere al caso de Kim Philby, un aristócrata británico que recién egresado de la Universidad de Cambridge, se convirtió en ardiente defensor de Moscú y se casó con Litzi Friedrnan, de la Intenacional Socialista, encargada, según se dice, de reclutar agentes para la KGB.
Dotado de innegables condiciones intelectuales, Kilby ingresó al servicio secreto británico y comenzó una brillante carrera en la cual pasó una cantidad indeterminada de información a la URSS.
Entre tanto, había entrado en contacto con otros personajes de su misma condición, Guy Burguess, Donald MacLean y Anthony Blunt, quienes desde el centro mismo de la inteligencia británica, se convirtieron en fieles servidores de Moscú. Para los medios oficiales, sin embargo, Kilby estaba destinado a convertirse en el jefe supremo de la inteligencia británica y, por qué no, en primer ministro.
Su posición, precisamente como jefe de contra espionaje, le permitió enterarse de varias ocasiones en que desertores soviéticos iban a revelar los nombres de los espías dobles, y empantanar las investigaciones. Pero una serie de hechos concatenados, iniciaron las sospechas.
Desde cuando comenzó a descubrirse la red de espionaje de Kilby, se especulaba sobre la existencia de un quinto hombre, que estaría en una posición privilegiada y que sería la clave de las peores acciones. Pero nunca se supo en esa época, de quién se trataba.
Cuando Mac Lean y Burguess fueron descubiertos y escaparon a la URSS, Philby supo que tenía los días contados.
En 1963 huyó también a su nuevo país, donde fue recibido con los brazos abiertos, un grado de general de la KGB, un automóvil con chofer, un apartamento confortable y una dacha en el campo. Con su muerte en 1988, los británicos perdieron la esperanza de conocer toda la verdad sobre el círculo de espías de Cambridge, aunque siempre se sospechó de sir Roger Hollis, quien llegó a jefe del servicio de contraespionaje, pero nunca se dispuso de pruebas contundentes .
Ahora se sabe porqué. Gordievsky afirma que verificó la identidad del quinto hombre por medio de conversaciones con agentes de la época de los hechos y mediante referencias cruzadas en los archivos. Se trataba de John Cairncross.
Cairncross adquirió la misma importancia de Kilby, pero al contrario de éste, nunca fue descubierto ni tuvo que huir hacia la URSS. El escocés vive como un anacoreta en Francia desde hace muchos años, en el más absoluto anonimato.

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