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| 8/15/2004 12:00:00 AM

El reencauchado

El nombramiento de Porter Goss como director de la CIA responde más a la campaña presidencial que a la necesidad de reformar un aparato de inteligencia ineficiente.

El reencauchado Bush presentó a Goss como el hombre capaz de reformar a fondo a la CIA. Pero pocos le creen.
Las críticas que llevaron a renunciar al director de la CIA George Tenet hacían pensar que el presidente norteamericano George W. Bush postularía para reemplazarlo a alguien capaz de introducir profundas reformas al organismo de inteligencia. Por eso causó malestar en algunos comentaristas la postulación del congresista de la Florida Porter Goss. El comité que investiga el 11 de septiembre demostró que hubo fallas de inteligencia que impidieron descubrir a los misteriosos aprendices de pilotos y los movimientos extraños de dinero vinculados a organizaciones terroristas. También se culpa a la CIA por los informes falsos sobre las armas de destrucción masiva de Irak y por alarmas más recientes. Pero Goss no parece tener el perfil necesario para el reto de dejar esa página atrás.

En su presentación Bush describió a Goss como un "reformador" capaz de enfrentar la nueva amenaza terrorista. Insistió en que conoce la CIA desde dentro como pocos pues fue agente durante nueve años. Pero ese es precisamente el motivo de los cuestionamientos a su nombre.

Como buen espía, el multimillonario Goss nunca ha revelado cuál era su misión, pero se sabe que desde 1960 trabajó en Centroamérica y Europa occidental. Estuvo en República Dominicana en la invasión de 1965, en Haití cuando 'Papa Doc' Duvalier, en México y en Miami en la crisis de los misiles. En 1971 tuvo que retirarse porque sufrió una extraña infección en la sangre que le afectó varios órganos y lo dejó paralizado por un tiempo. Se especula que se trató de un envenenamiento.

Goss se mudó a Senibel Island en la Florida. En 1971 fundó un periódico y empezó a interesarse por la política local. Fue el primer alcalde de la isla y en 1998 se lanzó al Congreso y ganó un escaño. Allí se convirtió en el presidente de la comisión que hacía seguimiento a la CIA.

Hace unas semanas, en un acto que se interpretó como su primera movida de campaña para reemplazar a George Tenet, escribió una carta contra la labor del organismo. Según lo expresó más tarde, su opinión es que la agencia no buscó engañar a nadie, pero que la información no era buena. "Nuestra comunidad de inteligencia ha sobreestimado a Saddam Hussein", dijo.

La tímida crítica de Goss parece confirmar las voces que piden un revolcón en la institución y dicen que no es claro que sea el personaje más idóneo. Según varios entendidos, parte de las fallas de inteligencia tienen que ver con un problema estructural heredado de la Guerra Fría. El actual sistema, con 15 agencias de seguridad que manejan presupuestos separados y compiten entre sí, es una herencia de las reformas que se tomaron en respuesta al ataque japonés a Pearl Harbour en 1941. Pero si la inteligencia de entonces no fue capaz de prever el ataque sorpresa, la de ahora también ha tenido grandes descalabros. A la CIA de las últimas décadas la tomaron por sorpresa la caída de la Unión Soviética, las pruebas nucleares de India y el 11 de septiembre. Parte del problema es que el presupuesto de inteligencia ha estado centrado en apoyo a acciones bélicas y no en la prevención o en la anticipación.

En esa medida, Goss aparece como un dinosaurio de la Guerra Fría. Muchos críticos opinan que su escogencia obedeció a una lógica electoral. Algunos demócratas opinan que se trata de ganar votos en la Florida. Otros señalan que un director de la CIA debería estar por encima de las peleas partidistas, pero Goss es un republicano que apoya frontalmente la campaña Bush-Cheney y en junio fue escogido para criticar en el Congreso las propuestas de inteligencia del candidato demócrata John F. Kerry. Entre otras puyas, se refirió a las propuestas de no proliferación de armas de Kerry como "poco realistas y peligrosamente ingenuas". También lo acusan de no advertir los errores de la CIA cuando su función antes y después del 11 de septiembre era supervisar al organismo.

Pero nada de eso pesó en Bush. Cuando se habla de nuevas amenazas de Al Qaeda y de la evidente incapacidad de los organismos de seguridad para enfrentarlas, el Presidente prefirió seguir rodeado de la gente más cercana a su entorno neoconservador, de lealtad a toda prueba. Eso podría ganarle algunos votos, pero nadie sabe a qué costo.

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