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| 8/20/2005 12:00:00 AM

El sobreviviente

Alejandro Toledo, un presidente con mínimo apoyo popular, supera crisis tras crisis. ¿Cuál es la clave de su capacidad para mantenerse en el poder?

El sobreviviente, Sección Mundo, edición 1216, Aug 20 2005 El presidente de Perú, Alejandro Toledo, tiene una popularidad del 8 por ciento. Sin embargo, este descontento de la población no parece afectar su gobierno.
La reciente crisis del presidente peruano, Alejandro Toledo, ha sido calificada como una de las más fuertes que haya sobrellevado en sus cuatro años de mandato. El remezón fue tal, que le costó el repunte en popularidad que había logrado tras su mensaje por fiestas patrias, el pasado 28 de julio. A pesar de los múltiples traspiés políticos, el presidente peruano ha sabido sobrevivir con una de las popularidades más bajas de la región, incluso inferiores que las que tenían los presidentes de Ecuador y Bolivia cuando cayeron.

Toledo, luego del traspié que significó el efímero nombramiento del controvertido Fernando Olivera, renovó todo su gabinete y, en su medida más audaz, nombró como presidente del consejo de ministros (primer ministro) al titular de Economía, Pedro Pablo Kuczynski. La presencia de éste ha sido clave para la estabilidad en el último año. Pero ¿es esto suficiente para explicar que Toledo haya llegado a la recta final de su mandato?

La inestabilidad política que caracteriza a su gobierno se contrapone a la estabilidad económica. En estos cuatro años las exportaciones se han duplicado, el riesgo país es uno de los más bajos de América Latina; los precios son estables, la tasa inflacionaria acumulada de 2004 fue de 3,48 por ciento y el déficit fiscal es de tan solo 1 por ciento.

La situación peruana hace evidente un divorcio entre lo político y lo económico. Esto se puede explicar por tres factores. El primero, es la coyuntura económica mundial que les da precios favorables a los minerales, principal actividad económica de Perú. Las exportaciones mineras han alcanzado cifras récord y las inversiones en este rubro han aumentado considerablemente. El segundo es la continuidad en la política económica. El tercero sería la ausencia del mandatario en el manejo de la economía, debido a que habría delegado esta tarea a sus ministros sin interferir sobre ella.

Según algunos expertos, más allá del divorcio político-económico existe un divorcio social-económico. En conversación con SEMANA, el economista Pedro Francke explica este fenómeno basado en el crecimiento concentrado de la economía peruana. Los ingresos de la bonanza económica alcanzan a las clases más favorecidas, pero llegan nada o casi nada a los bolsillos de los estratos inferiores. Esto genera una serie de descontentos populares que se manifiestan en distintas partes del país, pero sin la fuerza necesaria para desestabilizar al gobierno . "La falta de organizaciones sociales y partidos políticos fuertes impide que estos descontentos traspasen el ámbito regional y se manifiesten a nivel nacional", manifiesta Francke.

El desarrollo de la descentralización peruana iniciada en el gobierno de Alan García y consolidada por Toledo ha permitido que los descontentos sociales no se trasladen a Lima donde, hasta hace poco, estaba concentrado todo el poder político. Otro factor a favor del gobierno de Toledo es la inversión que la actividad privada ha realizado en agricultura y turismo, aumentando el empleo y haciendo crecer las economías domésticas, pero sin desarrollarlas. En este sentido, el Estado no ha sido capaz de desarrollar una política económica que le permita invertir en apectos como educación y salud.

Los expertos aseguran que una situación como la vivida en Ecuador y Bolivia está lejana a Perú debido, en una primera parte, a la composición geográfico-social del país: No hay una segunda ciudad fuerte con la que pueda haber conflictos como el caso de La Paz y Santa Cruz en Bolivia. El otro elemento, y tal vez el más importante, es que durante la época de violencia en Perú las manifestaciones violentas contra el poder desacreditaron a las organizaciones sociales al punto que no lograrían la fuerza necesarias para tumbar el régimen.

La indecisión, la poca capacidad de planificación y las promesas incumplidas han desempeñado un papel fundamental en la inestabilidad política de Perú. El Presidente ha sido poco claro en el momento de deslindar con la corrupción de su gobierno,. Por otro lado, no ha demostrado tener don de mando y mano dura al momento de actuar en episodios decisivos de su gestión.

La situación peruana es producto de un fenómeno complejo que reúne una serie de elementos. Los buenos vientos que soplan hoy sobre la economía, y que sostienen el frágil régimen de Toledo, podrían dejar de soplar; pues quedan 11 meses más de gobierno.

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