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| 9/17/2001 12:00:00 AM

El Talibán gringo

Esta es la historia del joven norteamericano que apareció entre los Talibán tras la revuelta de la fortaleza de Mazar I Sharif.

El Talibán gringo El Talibán gringo
El hombre que yacia herido en una camilla parecía uno más de las decenas de combatientes capturados por la Alianza Norte tras la toma de la localidad de Mazar I Sharif. Con una espesa barba, sucio de varios días y las ropas entre viejas y harapientas características de la región, el muchacho no podía distinguirse de cualquiera de los combatientes de Al-Qaeda. El nombre que dio, Abdul Hamid, le caracterizaba como uno de los árabes que Osama Ben Laden trajo a pelear la guerra santa contra los infieles en Afganistán

Pero su acento al hablar y su complexión lo traicionaron. Aunque muy pronto supieron que era norteamericano, los militares no pudieron identificarlo. Fueron sus padres quienes confirmaron, que ‘Abdul Hamid’ era en realidad John Philip Walker Lindt del norte de California. “Un muchacho bueno y dulce”, según dijo su padre, Frank Lindt.

Marilyn Walker había perdido la pista de su hijo desde mayo y temía que algo le hubiera sucedido. Pero el domingo sus dudas se aclararon de forma brutal cuando lo volvió a ver en una fotografía en la página de Internet de Newsweek junto al titular ‘El cuento de un norteamericano Talibán’. El choque fue inmenso. No podía creer que su hijo diera declaraciones en contra de Estados Unidos y en favor de Ben Laden y los ataques del 11 de septiembre. “Tuvieron que lavarle el cerebro. Estaba aislado, no conocía a nadie. Cuando uno es joven e impresionable es fácil dejarse convencer de personas carismáticas…”, dijo.

John Walker Lindt nació en Washington en febrero de 1981. Vivió en los suburbios de Maryland hasta que tuvo 10 años y se mudó a California del Norte en 1991. A los 16 años, tras leer la biografía de Malcolm X, decidió dejar el catolicismo y convertirse al Islam, una decisión que sus padres apoyaron y consideraron natural. Dos años después viajó a Yemen a estudiar árabe y más tarde se trasladó a la frontera noroccidental de Pakistán para estudiar el Corán. Allí comenzaron sus contactos con los fundamentalistas de Afganistán. “La gente en general tenía un gran amor por el Talibán y por eso empecé a leer literatura de los estudiosos y mi corazón quedó prendado”, explicó.

La idea de los Talibán de construir un Estado islámico puro lo sedujo y quiso participar. Cruzó la frontera y se ofreció como voluntario. Como no conocía las lenguas locales los Talibán lo pusieron en contacto con las fuerzas de Osama Ben Laden. Junto a éstas recibió entrenamiento y más tarde luchó con pakistaníes contra India en Cachemira.

Su retorno a Afganistán se produjo antes del 11 de septiembre. Cuando los bombardeos norteamericanos comenzaron se instaló en Kunduz para resistir el sitio junto a los combatientes de Al-Qaeda. Tras mucho luchar Walker y cientos de sus compañeros se rindieron. Fue transferido a la fortaleza de Kala Jangi, cerca de Mazar I Sharif. Allí participó en la sangrienta revuelta de prisioneros que fue reprimida por bombarderos estadounidenses y tropas de la Alianza Norte, en un episodio en el que murieron cientos de prisioneros y un agente de la CIA.

En una entrevista emitida por CNN el prisionero habló desde una camilla. Contó que durante la rebelión de Mazar I Sharif él y unas cuantas docenas de prisioneros se escondieron en el sótano durante siete días sin comer. Dijo que los guardianes arrojaron gasolina al sótano y lo prendieron. Las granadas tampoco faltaron y al final inundaron el lugar para sacar los cadáveres y los pocos sobrevivientes que quedaban. Entre estos últimos apareció Walker malherido.

Aunque su paradero no es claro se conoce que se encuentra bajo control de fuerzas estadounidenses. Aún no se sabe si será juzgado como traidor a la patria, un delito con pena de muerte. Tampoco es claro quién sería competente para decidir su suerte y es probable que termine en un tribunal militar secreto. Lo único seguro es que contará con el apoyo de sus padres, que han asegurado que lo acompañarán hasta las últimas consecuencias.

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