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| 1/17/1994 12:00:00 AM

EL TIRO POR LA CULATA

Las elecciones parlamentarias, diseñadas para consolidar a Yeltsin, propician el crecimiento del ultranacionalismo

EL TIRO POR LA CULATA, Sección Mundo, edición 607, Jan 17 1994 EL TIRO POR LA CULATA
BORIS YELTSIN LE SALIO EL TIRO POR LA culata. Después de disolver a sangre y fuego el Congreso de Diputados, convocar a elecciones en menos de dos meses y redactar una Constitución presidencialista para dominar con mano fuerte al país, resultó entregando virtualmente el nuevo Congreso al Partido Liberal Democrático, de Vladimir Volfovich Zhirinovski. Este, la nueva estrella de la política rusa, es un neofascista de mente ágil y lengua suelta quien, según sus propias declaraciones, no dudaría en usar las armas nucleares para conseguir su propósito de reunificar a la Rusia histórica, incluídos Finlandia, Alaska y el viejo bloque soviético. Ese solo planteamiento es suficiente para pensar que, de llegar al poder, Zhirinovski podría convertirse en una especie de reencarnación eslava de Hitler.
El desastre para Yeltsin alcanzó dimensiones insospechadas. El Presidente puede celebrar la aprobación de la Constitución por un escaso margen de 56.5 por ciento de los votos. Pero la mayoría de las 21 repúblicas étnicas que conforman la Federación Rusa votó en contra. De 18, sobre las cuales se conocían resultados, cinco votaron por la Constitución, en seis votó menos de la mitad de los electores, por lo que el plebiscito no es válido, y en el resto de las repúblicas perdió.
La baja participación electoral demostró también que los rusos no sólo están aún muy lejos de comprender un proceso democrático, sino que cada vez lo comparten menos. Votaron 56 millones de personas -un 53.2 por ciento de la población-, esto es, 17 por ciento menos que en el referéndum realizado en abril, y 22 millones de personas menos que en las elecciones presidenciales de 1991.
Cuarenta y seis millones de personas votaron por Yeltsin en 1993. Ahora, unos ocho o nueve millones votaron por Opción de Rusia, el partido encabezado por el cerebro de la reforma económica, Yegor Gaidar, y los más destacados ministros del gobierno. En total, si se suman los cuatro partidos que pueden ser considerados prorreformistas (Opción de Rusia, Partido de la Unidad y el Acuerdo, el bloque de Yavlinski y el Movimiento de Reformas Democráticas), obtuvieron un poco más de un tercio de los votos (33 por ciento) contra un 42 por ciento de Zhirinovski, el Partido Comunista y el Partido Agrario, cuyos votos sin embargo, no se pueden sumar.
Estos resultados no reflejan necesariamente la composición del nuevo Parlamento, sino solo la mitad (225), integrada por elegidos por listas partidarias. Los resultados de los candidatos elegidos por circunscripciones uninominales son menos favorables a Zhirinovski y le dan una ventaja a Opción de Rusia. Pero la nueva configuración del Parlamento todavía no está clara, y los datos parciales pueden variar.
En todo caso, se puede decir que va a haber tres bloques parlamentarios: Opción de Rusia y los "reformistas", el Partido Comunista y el Agrario, y Zhirinovski.
EL VOTO DEL DESCONTENTO
Más que una clara tendencia ideológica, el voto de Zhirinovski (y, por lo demás, la enorme abstención) refleja el tremendo descontento con el gobierno, con la postración de Rusia, con el maltrato a los rusos que viven en los países vecinos, con la degradación del Ejército cuyos oficiales y soldados vuelven de Europa del Este y no tiene casas, con la parálisis industrial, la inseguridad, la mafia y la corrupción.
Claro que tampoco es un voto hacia el pasado comunista. Estas elecciones no siguieron el modelo de Polonia o Lituania, donde los respectivos ex Partidos Comunistas capitalizaron el descontento de la población. Aunque el Partido Comunista y el Agrario tuvieron una buena votación, lo descollante es el colapso de los partidos "reformistas" y la canalización del descontento por un palo o tercera fuerza independiente del gobierno y del régimen anterior.
"La sociedad necesita una tercera fuerza que no esté relacionada con los demócratas radicales ni con los comunistas, que han fracasado en ponerse de acuerdo", dijo Zhirinovski, quien no se cansa de recordar que es anticomunista, que nunca perteneció al Partido, que nunca apoyó a Gaidar, que se mantuvo en silencio durante el asalto a la Casa Blanca el 4 de octubre. Los 147 candidatos de sus listas son personas desconocidas, y ninguna perteneciente al gobierno o al Congreso de Diputados. Apartede Zhirinovski, el único candidato conocido nacionalmente es Anatoli Kashpirovski, que se llama a sí mismo "el doctor socioterapeuta" y es un hipnotista que tiene un programa en la televisión.
Una radiografía realizada por el diario Sivodnia refleja que el triunfo de Zhirinovski se produjo en los lugares tradicionalmente yeltsinistas. Por ejemplo, en la costa Pacífica. En la región de Magadan y de Kamchatka, que activamente apoyaron a Yeltsin en el referéndum del 21 de abril, Zhirinovski obtuvo el 27 y el 28 por ciento, respectivamente, mientras que los votos "reformistas" se dividieron entre Opción de Rusia (13.6 y 14.8 por ciento, en su orden) y Yavlinski (15.5 y 16.8 por ciento).
Resulta por otro lado particularmente significativo que el voto por Zhirinovski fue importante en el Ejército y en los rusos que viven en las fronteras.
Entre las tropas rusas de Tayikistán obtuvo el 45 por ciento, y en una base cerca de Moscú, de 46 oficiales entrevistados por un diario, el 76 por ciento votó por Zhirinovski.
Cuando se habla de esa "Tercera Vía", es imposible evitar la evocación de los ecos de Munich y la república de Weimar en la Alemania de los años 30, cuando los gobiernos fascistas de Europa surgieron a partir de la misma desesperanza y de las misma protestas populares desorientadas.
ALARMA EN OCCIDENTE
"Es alarmante. Es un hombre que ha estado diciendo cosas alarmantes e inaceptables", dijo el ministro inglés Douglas Hurd. El vicepresidente estadounidense, Albert Gore, de visita en Moscú, dijo que "las visiones expresadas por Zhirinovski en cuestiones como el uso de armas nucleares, la expansión de las fronteras, el tratamiento de las minorías étnicas, es reprochable por la gente amante de la libertad en Rusia, Estados Unidos y el mundo ".
Lo cierto es que las declaraciones de Zhirinovski tuvieron un efecto inmediato en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde se comienza a cuestionar al apoyo militar a Rusia y se habla de acelerar la admisión de países ex comunistas de Europa Oriental, que buscan protección contra el nuevo Oso Ruso. En Ucrania, que ha sido renuente a entregar sus armas nucleares, el presidente Leonid Kravchuk obtuvo un nuevo argumento para sostener el derecho a la autodefensa.
"Hubiera sido preferible un triunfo del Partido Comunista", concluyó un hombre de negocios en Moscú. Efectivamente, el comunismo es previsible. Durante 50 años, los gobiernos estadounidenses y europeos hicieron pactos con todos lo gobiernos comunistas. Hoy mismo aceptan como natural su retorno al gobierno de Polonia o de Lituania.
Zhirinovski es imprevisible y desconocido. En la rueda de prensa posterior a su triunfo, vestido de elegante smoking, con claveles rojos y rodeado de sus futuros ministros, sorprendió por su moderación. No se opuso a que Yeltsin se mantenga hasta 1996, como reza la Constitución, no pidió cargos en el gobierno y señaló repetidas veces que no pretende desestabilizar el país.
Puede que sea así, y que el ejercicio de los cargos públicos lo lleve a buscar acuerdos con el gobierno, moderando sus puntos de vista, pero es difícil olvidar sus amenazas a Alemania y Japón, y sus llamados a volver a las fronteras del viejo imperio ruso.
Resta esperar la instalación del Parlamento. Yegor Gaidar llamó a una amplia coalición, incluyendo al Partido Comunista, contra el fascismo. El Partido Comunista lamentó el triunfo de Zhirinovski, pero anunció que no cambiarán su alianza con el Partido Agrario y otros grupos. Yeltsin, ausente de la campaña, tiene por ahora la garantía de la nueva Constitución que le otorga amplios poderes y reduce los del Parlamento. Pero, ¿qué sucederá si en 1996 Zhirinovski gana las elecciones presidenciales, y hace uso de una Constitución que él llamó a aprobar, hecha a su imagen y semejanza?

¿ASPIRANTE A MONSTRUO?
"CRECI EN UNA ATMOSFERA sin nada de calor. Ni de mis padres, ni de mis amigos, ni de maestros. Siempre fui un ser indeseado". (...) No fui afortunado en la vida; nunca tuve un amigo íntimo. Nunca destaqué en nada, no fui un chico realmente fuerte". (...) Esta vida de falta de relaciones personales, de crisis e insatisfacciones, me volcó a la política", dice Vladimir Volfovich Zhirinovski en su autobiografía "La marcha al sur". Nacido en Alma Ata (Kazajstán) hace 47 años, este hombre cuyas quejas traen a cuento las del joven Adolfo Hitler, le recordó al mundo que la noche nuclear está lejos de ser olvidada por completo. No es ningún desconocido, pues ya había saltado al escenario político en 1991, cuando conquistó seis millones de votos en las elecciones presidenciales en las que triunfó Boris Yeltsin. Esta vez, mientras que los demás partidos protagonizaban interminables y somníferos debates, Zhirinovski fue un verdadero showman, con una campaña populista y una apelación al nacionalismo ruso.
Su programa es el renacimiento de Rusia. Su política económica se resume en tres consignas: detener la exportación de materias primas, parar la conversión de la industria rnilitar a la producción civil y desarrollar una guerra contra la mafia incluído el fusilamiento in situ de los criminales.
Aunque al día siguiente de su triunfo Zhirinovski moderó su discurso, sus escritos y declaraciones anteriores han sembrado la alarma. "Al mundo no le haría ningún daño si toda la nación turca desapareciera. (...) Desde Murmansk hasta las costas del mar Indico, desde Constantinopla a Kabul, todos seremos ciudadanos de un solo Estado, todos hablarán ruso. (...) Alemania puede recuperar a Prusia Oriental. Al menos la parte que hoy pertenece a Polonia. Nosotros conservaremos, nuestro pedacito. (...) Rusia debe tener un gobierno 99 por ciento ruso. (...) Estados Unidos colapsará, tal como le ocurrió a la Unión Soviética. Nosotros, los rusos, no nos alegraremos cuando su Estado se desmembre, cuando sus fábricas se paren, cuando no haya suficiente comida; no habrá alegría cuando California se una a México, cuando una república negra se funde en Miami, cuando los rusos recuperemos a Alaska". Estas son perlas de su libro.
Para crispar los nervios de los mandatarios del mundo, amenazó a Alemania y a Japón al día siguiente de las elecciones: "Los alemanes están interfiriendo en Rusia; pero si Alemania se comporta mal con Rusia, cuando yo esté en el Kremlin, ustedes los alemanes pagarán por todo lo que nosotros construímos en Alemania. Ustedes saben lo que Chernobyl significó para nuestro país. Tendrán un propio Chernobyl en Alemania. Lo mismo va para los japoneses que han experimentado con Hiroshima y Nagasaki. Han pasado 50 años y puede ser que lo hayan olvidado. Crearemos nuevas Hiroshimas y Nagasakis. Yo no dudaré en usar las armas atómicas...".

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