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| 8/29/1988 12:00:00 AM

EL VOTO DE LA BAMBA

El bloque hispano se convierte en factor determinante de las elecciones norteamericanas.

EL VOTO DE LA BAMBA EL VOTO DE LA BAMBA
Si los hispanos vencen su resistencia frente a los candidatos Michael Dukakis y George Bush, el próximo martes 8 de noviembre, por primera vez en la historia del sistema electoral norteamericano, su presencia en las urnas será más que simbólica. Los cinco millones de latinos que supuestamente deben sufragar, y que están concentrados en zonas claves de Estados Unidos podrán, a través del llamado Colegio Electoral, inclinar la balanza hacia uno de los dos candidatos.
Esto no es un secreto para nadie. Por eso, Dukakis habla en castellano cuando se encuentra con los hispanos y Bush ha prometido que si sale elegido, nombrará funcionarios importantes con ascendencia hispana. Es la forma de cortejar a millones de hombres y mujeres que representan la tercera fuerza electoral, después de los negros. Una fuerza que ha logrado imponer su lenguaje, su ritmo, su sabor, su manera de mirar las cosas, sus películas, sus conflictos, sus modas y sus diseños arquitectónicos en la vida cotidiana de los norteamericanos.
Ante unas elecciones presidenciales que serán más reñidas que nunca, los estrategas y analistas de la política piensan que los candidatos no pueden darle la espalda a los votos de la población hispana, ya que su influencia puede resultar decisiva dependiendo de cómo voten y en qué cantidad lo hagan. El número de votantes hispanos se ha duplicado desde 1979, cuando el republicano Ronald Reagan ganó la presidencia. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Especialmente en el oeste del país, donde los hispanos están concentrados en Estados claves que, según el sistema del Colegio Electoral, tienen un numero importante de votos electorales: California, Texas y Nuevo México con más del 20 por ciento de la población compuesto por hispanos, tienen 81 de los 270 votos necesarios para triunfar en ese Colegio. Por su parte en Florida, Nueva York, Colorado y Arizona, donde los hispanos representan el 10 por ciento de la población, hay otros 72 votos electorales. Es que esos siete Estados representan más de la mitad de los votos electorales necesarios para ganar la presidencia.
Según un informe extenso, preparado por la cadena CNN, la época en la cual los candidatos se divertían llevando sombreros de charro y comiendo enchiladas con los asombrados hispanos mientras se dejaban retratar por el fotógrafo del barrio, pasó de moda. La campaña electoral desarrollada por Dukakis y Bush, una campaña a fondo y bien organizada, demuestra que esos votos hispanos le han quitado el sueño a más de uno. Por eso Dukakis, quien habla un castellano muy fluído, ha involucrado a líderes locales en la organización de la campaña en cada ciudad y se sabe que triunfó en las elecciones internas del partido, en Texas, porque su organización obtuvo una alta votación entre los hispánicos del sur de ese Estado. Además, Dukakis se beneficia de la comprobada tendencia de los hispánicos a apoyar a los demócratas y de su actual insatisfacción con la administración Reagan. Por supuesto, George Bush no se ha quedado con los brazos cruzados. Cuenta con el apoyo de los líderes de las dos mayores organizaciones hispánicas y sabe aprovechar un elemento explosivo: el sentimiento anticomunista y antiliberal que es evidente en la Florida, especialmente en la comunidad cubano-norteamericana. Bush ha defendido los derechos civiles, ha apoyado la educación en dos idiomas y atajó a los republicanos cuando intentaron imponer el inglés, como idioma oficial en Texas. Además, tiene un hijo casado con una hispánica. Sus asesores en este campo, calculan que Bush puede obtener un 20 por ciento más de estos votos que los ganados por Reagan cuatro años atrás.
Todo este entusiasmo, esta aproximación a los votantes hispanos se frenan ante una modalidad que los ha distinguido siempre: su abstención en las urnas. En un Estado como California, donde los hispánicos representan un 21 por ciento de la población, en las últimas elecciones apenas incidieron en un 7 por ciento y las razones son conocidas por todos: hay muchos indocumentados, algunos son residentes legales pero no son ciudadanos, otros son ciudadanos pero no se han inscrito como votantes la mayoría está compuesta por jóvenes y pobres, sin ganas de votar. En muchas zonas, especialmente en California, los hispánicos no se han hecho sentir en el manejo de la comunidad.
En un análisis realizado por varias agencias internacionales de noticias, se concluye que según el censo, la población hispánica en Estados Unidos es una mezcla que muchos no entienden: el 61 por ciento es de origen mexicano, 15 por ciento puertorriqueño, 6 por ciento cubano y 18 por ciento de otros países latinos. Y las mismas encuestas han detectado cuáles son las preocupaciones de esos posibles votantes: escuelas, empleos política exterior (especialmente lo relacionado con Centroamérica y la frontera con México), y defensa nacional. Ante un gobierno como el de Reagan, que no ha sido favorable a los hispanos, el tono general de estos sufragantes en potencia es de decepción, piensan que nadie está interesado en ayudarles.
En medio de los comentarios suspicaces de los republicanos, quienes afirman que los demócratas están cortejando electoralmente a indocumentados y señoras que no votarán en noviembre, para nadie es un secreto que uno de los objetivos básicos de la campaña de Dukakis ha estado concentrado en los hispanos. Les habla en castellano, visita sus comunidades y desde agosto de 1987, cuando su nombre apenas comenzaba a hacerse sentir, ya se reunía en Los Angeles con líderes de esa comunidad. Para todos es un hecho simple: es la primera vez en la historia norteamericana que un candidato presidencial se interesa tanto por los hispanos y ya se hizo popular el refrán con el cual finaliza siempre sus discursos ante ellos: "Poco apoco, mano a mano, juntos ganaremos". Por supuesto, algunos desconfiados se preguntan, en medio de la euforia de este carnaval de la campaña y pocos días después de la Convención en Atlanta, si, cuando ya esté instalado en la Casa Blanca, será capaz de sostener sus promesas ante esos hispanos.
En medio de cifras y análisis, los expertos siguen preguntándose por qué los hispanos no votan, por qué se sienten apáticos ante los distintos candidatos, por qué no sienten la necesidad apremiante de convertirse en una fuerza política decisiva, especialmente a nivel municipal. Las respuestas a estos interrogantes son variadas: falta de más líderes, escasas inscripciones electorales, la desconfianza ante las promesas de los candidatos, falta de una organización local que produzca las bases necesarias para que haya más funcionarios hispanos elegidos y otros elementos que inciden en una abstención preocupante.
Dentro del panorama hispano-norteamericano, una de las figuras claves ha sido el alcalde de San Antonio (Texas), Henry Cisneros a quien, cuatro años atrás, se le miraba como posible candidato a la vicepresidencia y ahora es un entusiasta seguidor de Dukakis.
En una entrevista con la AP, destacó cómo el voto hispánico este año será decisivo, especialmente en Texas y California. Señaló que Dukakis, por sus mismos ancestros y su interés en los problemas de las minorías, puede ser favorecido masivamente por el voto hispano. Aseguró que hay una agenda hispana que abarca los principales problemas y preocupaciones de su gente (la educación bilingue prórroga de la ley de derechos del votante, empadronamiento, ciudadanía, oposición al idioma inglés único, y otros temas que favorecen a todos, no sólo a los hispanos).
Sin embargo, en medio de esa euforia por Dukakis, algunos sectores hispanos de Massachusetts -donde él ejerce como gobernador-, afirman que el milagro económico que ha sacudido la región no los ha favorecido a ellos. Lo ha ignorado del todo y, según estadísticas, el nivel de desempleo de los hispanos en ese Estado es un 10 por ciento más alto que para los negros y 2.5 por ciento más alto que el promedio estatal que es del 4 por ciento. A nivel nacional, el desempleo hispano es un 60 por ciento mayor que el de los blancos no hispanos y en la misma escala, los hispanos ganan el 70 por ciento de lo que ganan los demás.
En esas condiciones, no es fácil anticipar cuál de los dos candidatos será el favorecido con el voto de los hispanos, si es que éstos se animan y reducen el nivel de su acostumbrada abstención electoral.

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