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“Ella debería de haber llegado a su casa. Van en busca de cuerpos, no de seres humanos vivos”: lo que dice experta sobre el caso de Debanhi Escobar

SEMANA conversó con Lucía Lagunes Huertas, experta en Derechos Humanos, periodista y socióloga mexicana, acerca del preocupante fenómeno de violencia contra la mujer en México, la ineficacia de los gobiernos para defender la vida de las mujeres, el caso de Debanhi Escobar y el papel de los medios de comunicación en este escenario.


La violencia contra la mujer en México, que ha ido en aumento en los últimos meses, responde a la conjugación de casusas estructurales, políticas, culturales, económicas e históricas.

Lucía Lagunes Huertas es una periodista mexicana, socióloga y experta en Derechos Humanos. Es además la directora de la Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), una organización civil fundada en 1988 y con amplio reconocimiento en México. CIMAC es un medio de comunicación periodístico que tiene como objetivo principal la comunicación de noticias e información de relevancia nacional e internacional con enfoque de género y feminismo.

Lucía Lagunes Huerta conversó con SEMANA sobre el fenómeno de violencia contra la mujer en México.
Lucía Lagunes Huerta directora de CIMAC y periodista mexicana. - Foto: Fotos suministradas a Semana.

Lucía conversó con SEMANA para intentar comprender el panorama actual de violencia contra la mujer en México, la manera de comprenderlo, el rol del periodismo en el reporte de estos casos de violencia y las tareas que corresponden a toda la ciudadanía en la defensa de la vida de la mujer.

SEMANA: La violencia contra la mujer en México ha venido aumentando de manera dramática en los últimos meses. Según cifras del Sistema Nacional de Seguridad, solamente en marzo, por ejemplo, se han contabilizado 2.287 casos de violación. Esta es la cifra más alta desde el 2015. ¿Por qué este aumento? ¿Qué es importante tener en cuenta para entender este panorama de violencia contra la mujer en el país?

Lucía Lagunes Huerta (L.L.H.): Para cualquier nación, cuando los gobiernos no toman en serio la vida de las mujeres y su integridad ocurre lo que está ocurriendo en México. Es decir, ¿qué es lo que tenemos enfrente con estos datos? Es el fracaso de una política que tiene todos los instrumentos, legales e institucionales, para poder realmente construir una política de estado a favor de la vida y la integridad de las mujeres y las niñas, pero no ha querido hacerlo.

Yo te diría que cuando los gobiernos insisten en negar el problema, insisten en decir que están haciendo lo que nadie antes hizo para salvaguardar la vida de las mujeres, es mentirse a sí mismos y eso es muy grave. El dato (del Sistema Nacional de Seguridad) revela el fracaso de la política y tendrías que ser suficientemente humilde para decir algo no estoy haciendo bien y si realmente quiero salvar la vida de las mujeres algo tengo que cambiar.

Y creo que estos datos que tú estás hoy retomando ―que además es muy importante decirlo, sobre todo para la audiencia, son datos oficiales, son datos que las propias autoridades del Gobierno mexicano están reportando y eso es un indicador que hay que tomar en cuenta y hay que poder valorarlo― detrás de cada dato que hoy está registrado, hay un enorme subregistro de aquello que ocurre pero que no se contabiliza o porque no se acudió a ninguna instancia judicial, o porque no se informó en ningún lado.

Lo que sabemos es que por cada denuncia en el caso concreto de violación, como tú lo estás señalando, hay por lo menos cinco más que no se denuncian. Hay que abrir muy grande los ojos para no aceptar esta cifra como un número, sino colocar el rostro y la vida de cada mujer que ha sido agredida sexualmente y que no tendría por qué ocurrir así.

SEMANA: El aumento de estos casos, por lo menos en los últimos meses y también según las cifras oficiales, ha sido específicamente en estados como Baja California, Quintana Roo y Guanajuato, tres estados que tienen una fuerte presencia de grupos organizados de narcotráfico. ¿Qué relación tiene la presencia de estos grupos al margen de la ley, de estos grupos de narcotráfico, con este panorama y este aumento de la violencia contra la mujer en estos estados?

L.L.H.: Tiene mucho que ver. Es la relación existente entre ambientes criminales o ambientes de guerra, o ambientes violentos, con el incremento de violencia hacia las mujeres.

Hay dos cosas que me gustaría puntualizar: uno, entender que la violencia contra las mujeres en el caso de México y en el mundo no es algo que apareciera como algo nuevo. Esto es un problema histórico que tiene que ver precisamente con la condición de desigualdad que vivimos las mujeres y esta construcción de no mirarnos como seres humanos, sino como objetos para ser poseídos por cualquiera.

Si no cambiamos eso, es difícil transformar también. Y cuando tú tienes este antecedente y generas estructuras criminales o ambientes de guerra, los cuerpos de las mujeres, que son mirados como objetos, se vuelven parte de los botines.

Colombia tiene una buena lección en este sentido ―por desgracia―, es decir, no solamente se van ganando territorios como espacios físicos, sino que se van apropiando de los seres humanos que viven ahí en esos territorios. Y las mujeres y las niñas entonces se vuelven parte de la posesión de estas estructuras, ya sean militares o criminales, que van asentando sus poderíos en los territorios ante un Estado que no coloca toda su fuerza para salvaguardar a la ciudadanía y, en este caso en concreto, a la ciudadanas.

Hay que recordar que México se da a conocer internacionalmente por Ciudad Juárez, por estos crímenes terribles que ocurren en la frontera Norte de México y Sur de Estados Unidos, que es el grito más potente que tenemos en el país ―y que no se escuchó― de algo está ocurriendo en este país, México, que está asesinando a las mujeres.

Y si tú miras Ciudad Juárez, entonces es la entidad federativa que tuvo mayor cantidad de programas para erradicar la violencia contra las mujeres: en un solo Gobierno se dictaron 12 programas; y por eso yo decía al principio, la violencia contra las mujeres es la evidencia del fracaso de una política porque no es solamente de este Gobierno, sino es un fracaso histórico de los gobiernos que no han puesto todas sus fuerzas y las instituciones para garantizar una vida libre de violencia.

Hay una lógica de perseguir al criminal, pero se puede empezar antes. No necesitamos que nos maten, no necesitamos que nos violen, no necesitamos que las mujeres seamos desaparecidas para decir que hay algo que hay qué hacer. El diagnóstico es claro, la violencia contra las mujeres ocurre porque hay una permisividad social estatal, política, económica y cultural.

Si no se sanciona que hacer daño a una mujer o a una niña es inhumano, si tú no lo vas señalando, entonces no vas transformando este ambiente que va generando que los hombres puedan hacerlo solamente porque pueden hacerlo, porque saben que no van a ser sancionados, saben que no van a ser perseguidos y tenemos que romper con esa certeza del agresor. Necesitamos que los agresores sepan que van a ser sancionados y que van a ser perseguidos, porque lo que ellos hacen es un delito y es inhumano.

Si acabamos la certeza del agresor, podemos construir más certeza de mujeres y niñas y podemos construir relaciones humanas basadas en el respeto entre unas y otros.

SEMANA: Tomando en cuenta la problemática que expones ―que hay un fallo histórico de los gobiernos mexicanos en lograr prevenir y sancionar la violencia contra la mujer―, tenemos que este mes fue muy famoso el caso de Debanhi Escobar. En este caso, las autoridades mexicanas se mostraron poco efectivas al momento de encontrarla y perseguir a los agresores. Se tardaron 13 días en encontrar su cuerpo y todavía estamos en un momento en el que no han sido capaces de dar respuestas sobre lo que sucedió. Se hablaba en un principio de que estaban investigando un feminicidio, pero resulta que ahora están diciendo que van a investigar si ella se cayó involuntariamente a la cisterna donde la encontraron. ¿Qué está pasando?

L.L.H.: Las autoridades van en busca de cuerpos, no de seres humanos vivos. Lo primero que tendrían que haber es hecho es buscarla viva. Vuelvo al tema, no es que no sepan las autoridades qué es lo que pasa, dónde y por qué pasa. Lo tienen perfectamente mapeado, sin embargo, no les importa. No es que no sepan que en los taxis ―no importa qué servicio sea, si es uno de la calle o es una plataforma― hay conductores que violentan a las mujeres, no es que no lo sepan. Lo saben porque el de Debanhi no es el primer caso.

Sin embargo, la respuesta de las autoridades es exactamente la misma. Primero la inacción, después todo el sexismo que rodea la investigación. Las periodistas y las madres de las jóvenes, que han señalado las desapariciones, se encuentran con que cuando van a la policía lo primero que les dice la autoridad es: “no, ella no está desaparecida, se fue con el novio”. “No, ella no está desaparecida, seguramente se fue de fiesta, usted no se preocupe” “a ver, cuénteme si no se peleó usted con ella, la regañó, la había castigado”.

Hacen una pésima lectura de lo que está ocurriendo porque han naturalizado toda esta violencia que ocurre contra las mujeres y por eso se repite una y otra y otra vez, porque en lugar de decirle a la madre “ah, se fue con el novio” tendrían que alertarse, actuar, colocar todas las herramientas que tienen a su alrededor para tratar de ubicarles.

En el caso de Debanhi, supongo que han visto las fotos de la famosa cisterna. Cualquiera en nuestras casas en Colombia y en cualquier lugar conocemos el tamaño del hueco de la cisterna ¿Cómo te puedes caer en una cisterna si no es de manera recta? no es que ibas caminando y te tropiezas. Seguramente si te tropiezas te vas a dar un gran golpe, pero no vas a caer dentro de la cisterna.

Y dar estas explicaciones es desviar la atención del verdadero centro, que tiene que ver con la violencia contra las mujeres en Nuevo León. Tú dabas unos datos ahorita de violaciones, pero el estado de Nuevo León ―que hay que ubicarlo geográficamente― es un estado al norte también de México, que ha visto crecer la desaparición de niñas y de jóvenes desde hace tres años. Estamos hablando de pandemia, ojo, estamos hablando de pandemia.

Las cifras de desaparición de niñas, principalmente, y adolescentes como Debanhi están registradas en el sistema de desapariciones, es decir, la autoridad sabe que algo está pasando y vuelvo a colocar el tema, porque esa es la responsabilidad del Estado y no hace nada para salvaguardar a las mujeres.

Debanhi no debió de haber sido asesinada, no se cayó, no fue un accidente, ella debería de haber llegado a su casa sana y salva después de ir una fiesta como cualquier persona y ser muy feliz.

Lo que tenemos en frente es el desafío de una investigación y de autoridades que buscan inculpar incluso a la víctima. Y allí es muy importante el papel que tenemos los medios de comunicación. Las y los periodistas se pueden volver los transmisores de todos los estereotipos al no cuestionar las versiones de las autoridades.

Qué es lo que ha dicho la Procuraduría: primero dijo ‘bueno, pues no sabemos dónde está, hay que buscarla’. Luego, que 13 días después la encontraron en un lugar que habían cateado como cuatro veces. ¿Qué pasó? ¿13 días después, mágicamente, por sorpresa, ahí estaba?

Primero, las autoridades se movilizaron por la presión de la familia y en este país, México, eso ocurre por la presión de las familias. El Día de las Madres, la mamás de los cientos y miles de desaparecidos hicieron una marcha precisamente exigiéndole a la autoridad por las acciones que no han hecho para dar con cada uno de estos familiares. Estamos hablando de casi 100.000 personas desaparecidas en este país que no está en guerra y que es una democracia. La gente cree que es normal que en un país que no está en guerra desaparezcan personas de esta manera.

No podemos normalizar lo inhumano, pues en este país donde no estamos en guerra y donde hay una democracia, hay casi 100,000 seres humanos que no sabemos dónde están. Son hombres y mujeres principalmente jóvenes niñas y niños, que no sabemos dónde están. Que hay fosas clandestinas en este país y que por lo menos tenemos 52.000 cuerpos en las morgues que no han podido ser identificados.

Hay que entender todo este contexto para poder entender que muchos de esos cuerpos pueden ser de mujeres que fueron asesinadas. En un informe, el Comité de Desapariciones Forzadas que vino a nuestro país, dice que en el caso de las mujeres, de acuerdo con los datos oficiales, representamos el 25 % de las desaparecidas.

Hay dos rutas muy claras que investigar en este tipo de situaciones, uno tiene que ver con la trata y, en el caso de Debahni, esa es una vertiente que no se está investigando. Y dos, que tiene que ver con el feminicidio. Los feminicidas han encontrado en la desaparición del cuerpo de la mujer que han asesinado la vía para ocultar su delito.

Es por eso es que en México también las mujeres hemos salido a las calles, y especialmente las jóvenes, porque son ellas también las que cada vez viven más de cerca este miedo a la muerte, este miedo a ser secuestrada y verse en estas redes de trata, que lo que hacen es precisamente deshumanizar.

Tú no puedes, si realmente eres un ser humano, tú no puedes consumir a otro ser humano creyendo que no haces daño. Por cualquier vía, ya sea por vía de la pornografía o por vía de la trata o de la prostitución, es inhumano comprar a otro ser humano y tenemos que mandar ese mensaje. Es por eso que el papel de las y los periodistas es fundamental para poder ir cuestionando en la sociedad aquello que se cree que es normal y no lo es.

SEMANA: ¿Qué hacer nosotros como ciudadanos ante ante este tipo de situaciones tan preocupantes? ¿Qué papel nos corresponde?

L.L.H: Nos toca un enorme papel. Ya lo decía un poco al principio, hay que romper con esta permisividad social, las respuestas de “no te metas es un problema de la pareja” es una respuesta que permite que el agresor siga abusando. Hay que meternos. No, no es un problema de la pareja: es un problema de la sociedad.

No te metas y vemos a un novio agrediendo a la novia en una fiesta y decimos “al rato se contentan, no hay que meterse” No, si hay que meterse no hay que mirar hacia otro lado, hay que verlo de frente y hay que entender que eso que ocurre no tiene ninguna justificación.

Creo que hay que empezar a dialogar también con los hombres y cuestionarles ¿Por qué miran hacia otro lado cuando saben que su amigo es un agresor? ¿Por qué miran hacia otro lado cuando saben que su amigo su papá su tío su hermano o ellos mismos son consumidores de pornografía?

No, no es chistoso lo que vemos ahí entonces creo que hay que cuestionar y ese es el papel de la sociedad.

Nada de esto es humano: es la parte más inhumana que ha construido, desgraciadamente, la humanidad para justificar la opresión de las mujeres y las niñas, y eso lo tenemos que romper.