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| 12/16/1985 12:00:00 AM

EN BUSCA DEL ACTA PERDIDA

Los Estados Unidos y el Grupo de Contadora siguen echando pulsos por separado

EN BUSCA DEL ACTA PERDIDA EN BUSCA DEL ACTA PERDIDA
El Grupo de Contadora ha pasado los últimos días, como ya es su costumbre, al borde del éxito final o del fracaso definitivo: en un tire y afloje sobre la firma por parte de los países centroamericaños del acta de paz presentada por el Grupo el 12 de septiembre pasado. La firma tenía un plazo de 45 días, que vence el 20 de noviembre. Pero el Grupo, inasequible al desaliento, ha anunciado ya reuniones en Panamá para el 19, 20 y 21 de este mes para el caso de que la firma no se logre, como parecía desprenderse de las disputas entre los cancilleres de Nicaragua y los demás países centroamericanos reunidos en estos días en Luxemburgo con sus colegas de la Comunidad Económica Europea (más España y Portugal) y los de los cuatro miembros de Contadora.
En Luxemburgo, en efecto, se llegó nuevamente a un callejón sin salida.
Si en septiembre del año pasado el único país que se ofreció a firmar sin dilaciones el acta original fue Nicaragua, esta vez el que se opone a hacerlo es también ella. Sólo había, a fines de la semana pasada, dos puntos todavía en discusión, aunque ambos delicados: la fecha límite para suspender la adquisición de armamentos (30 días después de la firma, como en el acta revisada del 84, proponía Nicaragua; de inmediato, proponían los demás, encabezados por Honduras); y la puesta en marcha de los controles de verificación, tanto de armamentos como de personal militar extranjero, así como la incorporación al acta del estatuto de seguridad. Honduras, por boca de su canciller Paz Barnica, insistía en que se firmara de inmediato, tal como estaba. Nicaragua era renuente: "Estamos dispuestos a suspender la adquisición de armamentos y a condenar el terrorismo--decía su vicecanciller Hugo Tinoco--pero la retirada tiene que ser de todos: pedirnos otra cosa sería suicidarnos".
Y el 11 de noviembre, desde Managua, el presidente Daniel Ortega zanjó la disputa declarando que su país no podía firmar el acta mientras siguiera siendo víctima de una agresión por parte de los Estados Unidos. "La pretensión de exigir a un Estado la renuncia a sus derechos soberanos e inalienables es incompatible con el derecho internacional y las cartas de la ONU y la OEA "--afirmó Ortega ante el cuerpo diplomático. Insistió en el punto de que el congelamiento de la compra de armas sólo podía empezar treinta días después de la firma del acta de paz, protestó contra la vaguedad con que se trataba el tema de los asesores militares extranjeros- "elementos foráneos susceptibles de participar en actividades militares, paramilitares y de seguridad ", y, sobre todo, pidió que al acta se le agregara un apéndice fundamental: un nuevo protocolo, dirigido específicamente a los Estados Unidos, que incluyera un compromiso formal de no agresión a Nicaragua en todas sus formas: económica, financiera y militar. Como diría más tarde el canciller nicaraguense, Miguel D'Escoto, para firmar es necesario que primero los Estados Unidos pongan fin a su agresión.
Lo cual vuelve a llevar el problema a su escollo verdadero, que el Grupo de Contadora se empeña en evitar mediante incesantes reuniones y crecientes grupos de apoyo: la posición de la administración del presidente Ronald Reagan frente a Nicaragua, que consiste precisamente en los tres tipos de agresión mencionados por Ortega. La económica, por medio del bloqueo; la financiera, mediante la suspensión y el veto a los créditos internacionales; y la militar, a través de la ayuda a las guerrillas "contras" que combaten al gobierno de Managua. El problema verdadero que empatana al Grupo de Contadora en sus gestiones de buena voluntad es que éstas se oponen a la voluntad politica de los Estados Unidos, así Reagan haya manifestado en más de una ocasion su tibio apoyo al Grupo. Contadora quiere que los Estados Unidos no intervengan en América Central, para que el conflicto regional no sea un simple aspecto del enfrentamiento Este-Oeste. Los Estados Unidos no quieren dejar de intervenir, porque ven el conflicto como un simple aspecto de ese enfrentamiento Este-Oeste, y quieren que siga así.
En este sentido, constituyó un triunfo para Contadora--y un revés para la política norteamericana--la otra reunión que se desarrollaba paralelamente en Luxemburgo: la de cancilleres centroamericanos y cancilleres de la CEE para llegar a un acuerdo de cooperación política y económica entre Europa y los seis países centroamericanos, Nicaragua incluida. Los Estados Unidos presionaban a sus aliados europeos para que excluyeran del paquete al gobierno sandinista, pero fue en vano. El acuerdo se firmó. Como declaró Claude Cheysson, comisionado de la CEE para las relaciones Norte-Sur, excluir a Nicaragua hubiera significado "echarla en brazos de la URSS".Y la firma del acuerdo tenía por objeto "evitar el riesgo de tensiones soviético-estadounidenses en la región".
Pero así como Contadora insiste, tampoco la administración norteamericana ceja. Para ella está claro que la firma de un acuerdo de paz entre los países centroamericanos equivaldría a refrendar el statu quo, es decir, el derecho de la revolución sandinista a la existencia. Para Washington es necesario mantener diplomáticamente aislada a Managua, y persistir en la desestabilización de su régimen, que se vería fortalecido por el acuerdo regional. A evitarlo van dirigidas todas sus presiones, entre ellas la más reciente: la denuncia hecha en la ONU por el embajador norteamericano, Vernon Walters, sobre el "cuidadoso y concertado uso de fuerza (de Nicaragua) contra sus vecinos". Según Walters, antiguo director de la CIA, los Estados Unidos tienen pruebas concretas de que los sandinistas mantienen grupos subversivos en Honduras y Costa Rica, y ayudan a los rebeldes de El Salvador.
Esto constituye un paso más en la política norteamericana, que consiste en avivar los enfrentamientos entre Nicaragua y sus vecinos. Se trata de extender el conflicto a toda la región: convertirlo, de la actual guerra interna entre sandinistas y "contras" con apoyo de la CIA y dinero del Congreso, en guerra regional entre Nicaragua y sus vecinos apoyados por los Estados Unidos. Y eso es lo que Contadora, en tres años, ha tratado de evitar, a fuerza de reuniones. --

EDICIÓN 1888

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