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| 6/28/1993 12:00:00 AM

EN LA RECTA FINAL

Felipe González y José María Aznar se disputan 10 millones de indecisos por el poder en la Madre Patria.

EN LA RECTA FINAL, Sección Mundo, edición 578, Jun 28 1993 EN LA RECTA FINAL
UN COMENTARISTA ESPAñol sostuvo hace poco que el empate en las encuestas entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) del presidente del gobierno Felipe Gonzalez y el derechista Partido Popular (PP), del dirigente Jose Maria Aznar, refleja más que un equilibrio de fuerzas, un equilibrio de debilidades. Los dos aspiran a atraer a la franja de los indecisos de cara a las eleeciones del 6 de junio, en las que se renovara el Parlamento y, por ende, se pondra en tela de juicio la permanencia del primero al frente del gobierno español.
La tesis del comentarista pareció quedar comprobada luego de que esos dos contendores principales se enfrentaron en un debate televisivo que inauguró esa modalidad en España. Aznar mantuvo desde el primer momento una linea de crítica contra los 11 años de gobierno socialista, centrada en la crisis económica, la corrupción de que se acusa al PSOE y en la inseguridad ciudadana. González defendió lo realizado por su gobierno: carreteras, embalses, modernización de las comunicaciones y los aeropuertos y universalización de la ensenanza gratuita y la seguridad social. Aznar pareció salir mejor librado en la primera parte del debate, al repetir una y otra vez sus críticas sin atender a las preguntas específicas de González, y este mejoró su presentación cuando se llegó al tema de la política internacional. Pero como dijo el dirigente comunista Julio Anguita, quien como lóder de Izquierda Unida es el tercer líder político del país, "González sólo destinó 10 minutos para hacer propuestas y Aznar ni siquiera eso, lo cual demuestra la pobreza de sus programas".
González decidió el 12 de abril no esperar hasta octubre, mes en que concluía la legislatura, empujado por la fuerte recesión económica que atraviesa el país, y por "la degradación del debate político, que conspira contra la estabilidad institucional". Detras de ese eufemismo González se refería al escándalo suscitado por el "Caso Filesa", una sociedad a traves de la cual el PSOE habría obtenido recursos en forma irregular y cuyo descubrimiento sumió al partido en una honda crisis. Desde el punto de vista económico tampoco hubiera sido buen negocio esperar hasta octubre, porque los indicadores economicos ya demostraban que el país no saldría de la recesi6n hasta bien entrado 1994.
Aunque esa convocatoria no sorprendio a nadie, el silencio programático de Aznar hizo sospechar que el conservador no tiene mucha profundidad. Su retórica se basa en la lucha contra el desempleo (que alcanza los tres millones de parados), la corrupción, la inseguridad ciudadana y la droga, pero no se conocen mayores detalles sobre la forma como esos puntos se pondrían en práctica.
Esa indefinición es aún más llamativa si se tiene en cuenta que Aznar se lanzó a la política en 1989 cuando fue elegido candidato del PP con una agresiva estrategia política y propagandistica que socavó las bases del gobierno y puso a Ia derecha ante la primera oportunidad cierta de acceder al gobierno en la era posfranquista.
No se trata de un logro cualquiera, porque la derecha española tuvo que superar el trauma de 36 años de compromiso con la dictadura franquista. Aznar, hijo y nieto de prominentes funcionarios de Franco, logró que el PP, heredero de la Alianza Popular de Manuel Fraga, represente hoy por hoy la continuidad histórica y al mismo tiempo un cierto rejuvenecimiento.
A pesar de los defectos del debate, Aznar demostró la semana pasada que es un candidato con talla suficiente como para amenazar la permanencia de los socialistas en el gobierno. González, por su parte, sigue siendo el político con mayor respeto en el país, pero sus últimas maniobras, como incluir en su lista al popular juez Baltasar Garzón, indican que sus posibilidades de triunfo reposan más en el juego electorero que en la renovación de sus postulados. En España ganará quien logre seducir a 10 millones de indecisos, y tal como están las cosas, cualquiera podría conseguirlo.-

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