entrevista

“Es exagerado afirmar que si Petro gana, Colombia sería otra Venezuela”

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano en Washington, habla de las elecciones en América Latina y de los escenarios que ve en Estados Unidos si gana la izquierda o la derecha en el país.


La izquierda y el fervor religioso, se hacen un lugar en medio de los históricos récords de impopularidad de los mandatarios salientes este año: Santos, Temer, Peña Nieto, Cartes y Solís, quienes difícilmente superan el 20 por ciento de aprobación a su gestión. 

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano en Washington, uno de los más influyentes centros de pensamiento en Estados Unidos, nos ayuda a analizar este incierto panorama político de 2018, de la mano de nuestra periodista Alexandra Correa. 

SEMANA: ¿Cómo explica los récords de impopularidad de los mandatarios salientes y cuál ese el común denominador que los desaprueba?

Michael Shifter: Se explican por la incapacidad gubernamental de atender las demandas de una creciente clase media que tiene mayores expectativas y en muchos casos, poca paciencia. La expansión de las redes sociales refuerza esta tendencia. Un común denominador son los casos de corrupción. Muchos de estos relacionados con el escándalo de Lava Jato de origen brasileño, que ha generado malestar y desconfianza hacia los políticos en países democráticos. La corrupción no es nueva, siempre ha existido y existirá, el desafío es reducirla.

 SEMANA: ¿Cuál sería un posible camino para reducirla?

M. S.: La Comisión de la ONU contra la impunidad en Guatemala es un buen ejemplo. A pesar de contar con mucha resistencia, ha logrado avances. También hay reformas importantes encaminadas en Chile, producto de la Comisión liderada por el economista chileno Eduardo Engel. Tal vez lo más alentador es lo que está pasando en Brasil con Lava Jato y Odebrecht, donde el poder judicial, fiscales y jueces, están haciendo una labor magnífica para que los culpables, ya sea en el sector público o privado, respondan por sus actos.

SEMANA: La puerta al populismo está abierta. ¿Cree que un remoto triunfo de Gustavo Petro en Colombia sería populista y visto como negativo en Washington? 

M. S.: En esta coyuntura el populismo siempre es un riesgo. A pesar de los grandes desafíos en Colombia, el país aún tiene fuertes instituciones que impedirían la instalación de un gobierno con tinte populista. Recordemos que el poder judicial evitó el intento de habilitar una tercera reelección de Álvaro Uribe en 2010, por ejemplo. Además Colombia, más que cualquier otro país latinoamericano, tiene muy cerca las consecuencias trágicas y dramáticas de un gobierno populista en Venezuela. Dudo que haya ánimo para instalar un modelo o sistema parecido, tampoco lo creo posible. 

Pero más allá del discurso y las características que pueda tener Petro, me parece que es exagerado afirmar que si gana, Colombia sería otra Venezuela. El papel de las Fuerzas Armadas históricamente ha sido muy distinto y el contexto económico también. Chávez llegó al poder en 1999 y después de dos décadas de debacle económico. El país había perdido el 40 por ciento de su ingreso nacional. No hay condiciones parecidas en Colombia.

SEMANA: ¿Cuál sería la reacción de Washington de ganar históricamente la izquierda en un país aliado como Colombia?

M. S.: Aparte de Venezuela, Washington no le está prestando mucha atención a la región. Es posible que para algunos sectores Gustavo Petro no sea su candidato favorito, pero de ganar, habría que ver qué tipo de gobierno construye. Creo que Washington trabajaría con cualquier gobierno elegido democráticamente por los colombianos y así debe ser.

SEMANA: ¿Por qué Trump no le está prestando mucha atención a la región?

M. S.: Es bastante normal que el presidente de los Estados Unidos preste poca atención a la región y eso no es necesariamente malo. Otras regiones del mundo como Oriente Medio y Asia (Corea de Norte), presentan amenazas más graves que obligan mayor atención. Sin embargo, la indiferencia de la administración de Trump hacia América Latina, es más notable que otras. A Trump le importa, casi exclusivamente, la política doméstica. Está obsesionado con mantener su base y por eso hay relativamente poca orientación estratégica.

SEMANA: ¿Cómo recibirían los mercados internacionales un eventual triunfo de la izquierda en tres de las economías importantes de Latinoamérica: México, Brasil y Colombia?

M. S.: El ciclo electoral este año es de gran incertidumbre y esto no gusta a los mercados. De ganar la izquierda habría que ver cómo va a gobernar. En Brasil, Lula lidera las encuestas, pero es probable que no pueda ser candidato por el juicio de corrupción. Pero si lograra volver a la presidencia, ¿gobernaría como el primer mandato o como el segundo?, ¿quiénes serían sus asesores? 

En el caso de López Obrador en México, algunas cosas que ha dicho sobre reforma energética, por ejemplo, han generado preocupación. Pero la verdad es que ha hecho declaraciones contradictorias sobre varios temas. Su gestión como alcalde de Ciudad de México fue buena. Parece que algunos asesores en su entorno son bastante competentes, otros no tanto. 

Los mercados internacionales van a estar pendientes sobre qué tipo de gobiernos se van construyendo.

SEMANA: Difícil pensar en una salida democrática de Maduro en Venezuela. ¿Qué se espera en la Cumbre de Lima en medio de la grave crisis que ya afecta a Colombia?

M. S.: Dada la difícil situación política en Latinoamérica, incluyendo a Estados Unidos, es mejor mantener expectativas modestas. Hasta el momento los esfuerzos regionales en torno a Venezuela, que surgieron muy tarde, no han producido resultados. 

En Washington la administración está considerando seriamente la aplicación de sanciones económicas más severas para presionar al gobierno, sobre todo en el contexto de unas absurdas elecciones programadas para mayo. Entonces, la Cumbre de Lima será un medidor de cómo actuar conjuntamente para resolver la crisis más grave del hemisferio y en medio del distanciamiento que algunos gobiernos regionales quieren de Trump.

SEMANA: ¿No cree que sanciones más severas victimizarían a Venezuela como ocurrió con Cuba. La isla culpa a Washington de su fracaso político. ¿No es mejor darle tiempo a Maduro para que fracase solo?

M. S.: Para aclarar: no comparto la idea de aplicar sanciones económicas más severas, como un boicot petrolero. No creo que funcione e incluso podría ser contraproducente. No solo empeoraría la ya grave crisis humanitaria y le daría un regalo político a Maduro, sino que también abriría el camino para que otros actores como Rusia, aprovechen las medidas radicales.

Tampoco hay que dejar que Maduro fracase solo y ser pasivo. Por más difícil que sea, hay que mantener la presión tanto nacional como internacional y buscar una salida democrática.

SEMANA: Finalmente, ¿sabe a qué viene Trump a Colombia en abril?

M. S.: Ya que va a Perú, tiene sentido que la Casa Blanca quiera aprovechar que Trump visite otro país y Colombia es lo más lógico. La razón es la alianza estratégica entre ambos países y los temas en la agenda común, como lo es la producción de coca y el narcotráfico. Allí ambos países han colaborado por décadas. En la era de Obama el repunte de la producción de coca, los hizo más relevantes. En esta administración adquieren aún más importancia por el perfil de "mano dura" de Trump y su orientación política combinada con la visión de sus asesores más cercanos. 

Otro motivo para visitar Colombia es resaltar el tema venezolano, incluyendo la crisis migratoria, y ver cómo se puede cooperar bilateralmente en busca de una salida.

*Colaboración de Alexandra Correa

 @CorreAlexandra