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| 3/20/1995 12:00:00 AM

FIN DEL SAINETE

Tres semanas y varios cientos de muertos más tarde termina, como era de esperarse, un conflicto sospechoso ente Perù y Ecuador.

FIN DEL SAINETE FIN DEL SAINETE
ERA DE ESPERARSE, PORQUE ASI HA SIDO en el pasado. Después de que un número no determinado de jóvenes entregaran la vida "por la defensa de la patria", los viceministros de Relaciones Exteriores de Perú y de Ecuador se volvieron a dar en Rio el abrazo de rigor tras firmar un acuerdo para terminar el conflicto fronterizo. De nada servirán las lágrimas de las madres y las viudas, pero el honor de ambos países y, sobre todo, la deteriorada imagen de los respectivos gobiernos, quedó a salvo. Porque, al contrario de lo que sucede con las guerras de verdad, en esta guerra de mentiras no hubo derrotados, sólo vencedores.
Sucedió a ambos lados. Desde que el presidente ecuatoriano Sixto Durán Ballén ordenó a sus tropas resistir desde sus 'legítimas' posiciones los ataques peruanos, sus arengas nacionalistas lograron producir en sus conciudadanos una especie de amnesia colectiva.
Se borró la imagen de ese presidente viejo y cansado que pasó la mayor parte de noviembre en un hospital de Washington. También se olvidaron dos años de disturbios contra las reformas neoliberales, una protesta nacional de los indígenas, tres huelgas generales y los paros rescurrentes de los trabajadores de la industria petrolera, teléfonos y electricidad, destinados a impedir la privatización a ultranza de esas actividades.
Lo que es aún más diciente, la amnesia colectiva de los ecuatorianos llegó al Congreso, donde una de las legislaturas más divididas del mundo, la misma que sacó del gobierno a cuatro ministros desde septiembre pasado, aprobó casi por unanimidad un nuevo impuesto de guerra.
Resulta aún más sospechoso que los militares ecuatorianos, que ejercen una influencia económica considerable en el país a través de sus múltiples empresas, aspiraban a que el Congreso les asignara el 30 por ciento de los ingresos petroleros. Si eso era dudoso antes de la 'guerra', hoy los analistas ecuatorianos piensan que nadie será capaz de interponérseles en ese objetivo.
Por la parte peruana, no puede olvidarse que mientras Fujimori visitó tres veces a Quito en los últimos dos años en busca de un acuerdo, la sola idea de que Durán Ballén viajara a Lima produjo revuelo nacional en Ecuador. Pero eso no soslaya el hecho de que el gobierno del 'Chinito' también quiso sacar importantes dividendos cuando asumió una línea dura ante la presencia ecuatoriana en la zona disputada.
La razón es que Fujimori está ad portas de las elecciones presidenciales del 9 de abril, en las que está enfrentado por la reelección con el ex secretario general de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. Y si bien al comienzo del año aún sus perspectivas eran halagueñas, las simpatías populares presentaban tendencia a la baja, causada por las denuncias hechas por Pérez de Cuéllar sobre la posibilidad de un "enorme fraude" electoral, reforzadas por las de la coalición Izquierda Unida sobre anulación masiva de libretas electorales. También influyeron las denuncias sobre participación en narcotráfico de los generales Jaime Ríos Arayco y Manuel Hernán Ortiz Lucero, así como del viceministro del Interior Edgar Solís, todos ellos sometidos a indagatoria. Fujimori tenía sobre sus hombros una difícil decisión sobre un tema que ahora parece sepultado en el olvido, de la mano de su ministro de Defensa, el guerrerista general Nicolás de Bari Hermoza.
Fujimori, sin embargo, pareciò salir peor parado, porque Durán Ballén manejó mejor las relaciones públicas y quedó, aparentemente, en mejor posición política y militar para la fase diplomática que se avecina.
La prueba de que el conflicto fue amañado según las conveniencias gubernamentales, es que los comerciantes peruanos y ecuatorianos de las fronterizas ciudades de Aguas Verdes y Huaquillas, privados del puente que las une, comenzaron a intercambiar sus productos a nado, con riesgo de muerte. Hace dos semanas dirigentes empresariales de ambos países protagonizaron un ritual de paz, al sentarse en una mesa en medio del puente, para firmar una exhortación al entendimiento y al libre comercio.
Entre tanto, no cabe duda de que los beneficiarios de este conflicto serán los vendedores de armas y los militares de Latinoamérica, porque esa 'guerra' les brindó una palanca inesperada para mejorar los presupuestos bélicos: la sensación de que las guerras fronterizas son una realidad geopolítica y no un criminal anacronismo.

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