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| 2/12/1996 12:00:00 AM

FRANCOIS ADIEU

En medio de las elegías por la obra del presidente Mitterrand, no falta los criticos que cuestionan aspectos de su historia personal

FRANCOIS ADIEU FRANCOIS ADIEU

La muerte de Francois Mitterrrand de jo a los franceses en una sensación de orfandad. No podia ser de otra manera, porque el viejo estadista había sido su presidente durante 14 años, tiempo suficiente para ganarse el título de 'tío', un remoquete que le calaba perfectamente a pesar de su temperamento más bien distante. La muerte largamente anunciada por un antiguo cáncer en la próstata, le llegó rodeado por su esposa Danielle, los dos hijos de su matrimonio, Jean-Christophe y Gilbert, su hija extramatrimonial Mazarine Pingeot y su hermano Robert. La escena perfecta para la conclusión de una vida que le dio tiempo para presenciar el cumplimiento de la mayor parte de sus sueños.
El deceso del hombre que gobernó por mayor tiempo a Francia desde la creación de la Quinta República, en 1958, produjo una cascada de manifestaciones de pesar en el mundo entero.
Helmut Kohl, el canciller alemán que fue su socio en la empresa de convertir al viejo Mercado Común Europeo en la actual Unión, dijo que sentía la muerte "de un gran estadista y un gran amigo". La 'dama de hierro', lady Margaret Thateher, dijo desde su retiro en Londres que Mitterrand simbolizaba "la quinta esencia de Francia". Y en su país miles de ciudadanos desfilaron en silencio para despedir al 'arquitecto de la Francia moderna.
Pero no faltaron quienes dudaron que el juicio de la historia sea magnánimo con Mitterrand, aludiendo a los cambios que sufrió durante su vida, que algunos ven como su capacidad para adaptarse a los tiempos, mientras otros interpretan esa faceta como su volubilidad falta absoluta de lealtad a sus ideas.
Porque los cambios fueron muchos. Francois Mauriee Marie Mitterrand nació el 26 de octubre de 1916 en el pueblo de Jarnae. Quien sería el primer presidente socialista desde León Blum comenzó sus estudios en el College Saint-Paul, un instituto religioso situado en Angouleme, no muy lejos de su casa. Un joven francés: Francois Mitterrand 1934-1947, un libro publicado en 1994 por Pierre Péan con la colaboración del propio Mitterrand, develó la que había sido una casi misteriosa juventud: para sorpresa de los franceses, su líder no había sido un joven soñador socialista sino un conservador ultranacionalista que incluso perteneció a un grupo paramilitar, la Liga de Voluntarios Nacionales.
Ese libro también reveló que Mitterrand trabajó en el régimen colaboración del mariscal Petain en Viehy. No fue sino hasta después de recibir 'La Francisque', la más alta condecoración civil de ese gobierno, que Mitterrand se convenció de que ese no era el medio para preservar la independencia de Francia. En 1943 se unió a la resistencia y al terminar la conflagración mundial trabajó con el gobierno provisional del general Charles de Gaulle.
Esa sería su última vinculación con la derecha. Mitterrand inició su carrera política en ese año en la Nueva Asamblea General en 1946, que mantuvo por euenta de un partido de centroizquierda hasta la formación de la Quinta Repúblixa en 1958. En una época de inestabilidad política, el futuro mandatario se las arregló para ser ministro de varios presidentes y en la nueva República formó la oposición de izquierda a De Gaulle. En 1965 inició su larga y obstinada búsqueda del poder con una candidatura que perdió ante De Gaulle, pero logró unir bajo su nombre a socialistas y comunistas. A partir de 1971 Mitterrand asumió la dirección del Partido Socialista, al que reorganizó y lideró para las elecciones de 1974, que nuevamente perdió, esta vez ante el conservador Valery Giscard d'Estaing. Siete años más tarde lograría salir de la mala racha y derrotar a Giscard con una plataforma ideológica muy a la izquierda, basada en la solidaridad y en "centrar la política en el hombre". Se trataba del primer no gaullista en ocupar el Palacio del Elíseo en la Quinta República, y en sus primeros meses eliminó la pena de muerte, nacionalizó bancos e industrias, elevó el salario mínimo y aumentó el gasto público dentro de una concepción altamente paternalista que contribuyó a establecer el costoso sistema francés de seguridad social, el mismo que el gobierno actual trata de modificar ante la airada oposición de los sindicatos. La burguesía del país se sentía amenazada y los gobiernos de Washington, Bonn y Londres miraban el experimento con recelo.
Pero la economía no funcionó como esperaba y los socialistas perdieron el control de la Asamblea, lo que obligó al presidente a 'cohabitar' en 1984 con el conservador Jacques Chirac como primer ministro. Para el final de su primer período su izquierdismo estaba bastante difuminado y durante la campaña por la reelección se presentó ya no como el hombre del cambio sino como el representante de la estabilidad y la prudencia. Y de nuevo en 1993 los socialistas fueron derrotados por una coalición de dereeha que obligó a una nueva cohabitación, esta vez con el opositor Edouard Balladur. Para entonces el ciudadano francés ya no podía distinguir la plataforma ideológica de los socialistas de la de los conservadores.
A pesar de esas inconsistencias, o tal vez por ellas, probablemente la historia enfocará el legado de Mitterrand en su contribución a la firma del tratado del Maastricht, que cimentó la Unión Europea, y por las grandes obras que realizó en París, como el Arco de la Defensa, la ópera de la Bastilla y la revitalizaeión del Museo del Louvre, pirámide de cristal incluida. Y en cuanto a anécdotas, tal vez la preferida será la de su visita a Sarajevo en junio de 1992, que puso sobre el tapete la tragedia que ya se vivía en esa ciudad y despertó la solidaridad internacional hacia sus habitantes.
Mitterrand pasó toda su vida política tratando de exorcizar sus pecados de juventud y lo logró en la medida en que los franceses lo convirtieron en una especie de símbolo nacional.

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