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| 11/16/1992 12:00:00 AM

FRENTE A FRENTE

La pelea de Gorbachov y Yeltsin tiene raíces profundas y está lejos de terminar.

FRENTE A FRENTE, Sección Mundo, edición 546, Nov 16 1992 FRENTE A FRENTE

DESDE QUE SALIO DEL Kremlin en diciembre de 1991, el mundo se ha acostumbrado a ver a Mijail Gorbachov visitando países occidentales donde es recibido con los honores más altos. Pero la semana anterior Gorbachov apareció como víctima de un vulgar proceso de lanzamiento. El hombre que le cambió el rumbo a la historia del siglo XX no pudo entrar a su oficina, porque un destacamento de soldados le impidió el acceso. Junto con los 200 empleados de su Fundación para la Investigación Socioeconómica y Politíca, Gorby tuvo que esperar en la calle hasta la una de la tarde, cuando por fin fue recibido por un funcionario para negociar el arrendamiento de una porción del inmueble. Su organismo tendría que compartir su sede con una escuela de finanzas.
Semejante humillación no resultó una sorpresa. Para nadie es un misterio la animadversión entre el presidente Boris Yeltsin y su antiguo jefe. Se considera que el problema comenzó en 1985, cuando el recién instalado Gorbachov nombró a Yeltsin, hasta entonces dirigente del partido en Sverdlovsk, como jefe del mismo en Moscú. Pronto se harían evidentes las diferencias entre Gorbachov, un apparatchik de origen social relativamente alto, que había ingresado al partido desde sus días universitarios y era un funcionario formal y comprometido que quería reformar al comunismo para salvarlo, y Yeltsin, quien trabajó como obrero, sólo ingresó al PCUS pasados los 30 años y quería llevar las reformas al extremo. Gorby no pudo con la impaciencia de Yeltsin y a finales de 1987 le destituyó en forma fulminante.
Yeltsin sabía que en juego largo hay desquite. Tras el intento de golpe comunista de agosto de 1991, Yeltsin aprovechó las dudas de Gorbachov para vapulearle en frente del Congreso en pleno, antes de socavar el plan de Gorbachov para un nuevo Tratado de la Unión. Lo siguiente vendría casi por añadidura: Yeltsin promovió la constitución de una laxa "Comunidad de Estados Independientes", declaró "fenecida" la URSS y le quitó el piso a su adversario.
Pero el presidente era consciente del prestigio mundial de Gorbachov y por eso endulzó su salida mediante concesiones nada despreciables: el uso para su Fundación de un palacio, una limosina ZIL y el hotel incluido en el inmueble, todo absolutamente gratis. No obstante, las críticas de Gorbachov contra el gobierno lejos de amainar, arreciaron.
Por eso tal vez no es coincidencia que esos privilegios comenzaran paulatinamente a desaparecer. La limosina fue reemplazada por un Volga. De regreso de Alemania, Gorbachov fue notificado de que no podría seguir usando el Salón Presidencial del aeropuerto de Moscú. Ahora no sólo acaba de pasar por la humillación de sus oficinas, sino que se le prohibió hacer un viaje a Italia, mientras se le permitió ir a Alemania a la exequiasde su amigo Willy Brandt, pero por razones "humanitarias".
El último episodio de la pelea está dominado por un exótico proceso judicial que tiene lugar en Moscú, del que Gorbachov se ha negado a participar. Se trata de un juicio ante la Corte Constitucional iniciado el 8 de julio por 37 ex legisladores comunistas, contra los decretos de Yeltsin que declararon ilegal al PCUS. Una contrademanda de 52 partidarios de Yeltsin sostiene que el inconstitucional era el partido mismo, pues se había convertido en el corazón de un "estado criminal".
El resultado es en realidad un juicio político en el que lo que está de por medio es la legitimidad del poder de Yeltsin y la titularidad de los enormes bienes del PCUS. Gorbachov se niega a participar como testigo en ese "nuevo Nuremberg", al que considera un imposible "juicio a la historia". Pero Yeltsin está dispuesto a llevarle al estrado de cualquier forma, lo cual señala que el choque de trenes entre esas dos figuras onumentales está lejos de terminar.

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