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| 11/27/2000 12:00:00 AM

Ganar es perder

El candidato ganador de la presidencia en Estados Unidos podría tener menos votos populares que el perdedor.

Ganar es perder, Sección Mundo, edición 965, Nov 27 2000 Ganar es perder
Faltando apenas una semana para las elecciones presidenciales en Estados Unidos el vicepresidente demócrata Al Gore y el gobernador de Texas, el republicano George W. Bush, protagonizan la campaña más equilibrada de los últimos tiempos. Las estrategias que los dos candidatos han adoptado desde que se inició la campaña les han permitido mantenerse hasta ahora en un empate técnico en las encuestas a nivel nacional.

Esa circunstancia podría conducir a una de las mayores paradojas del sistema electoral estadounidense: que el candidato que resulte elegido sea el que menos votos populares reciba. Se trata de un fenómeno que ha sucedido en tres oportunidades, la última en 1960, cuando John F. Kennedy fue elegido a pesar de tener menos votos que su rival, Richard Nixon.

Ese tema es sin lugar a dudas la esencia de la campaña presidencial en Estados Unidos. Mucha gente olvida, incluso en ese país, que los norteamericanos tienen un sistema de elección presidencial indirecta. Los votantes de ese país eligen un Colegio Electoral cuyos integrantes son quienes realmente escogen el próximo presidente.

Ese sistema de sufragio se estableció con el objeto de equilibrar la importancia de los estados . Cada uno posee un número de votos electorales equivalente al total de representantes y senadores en el Congreso. Y todos los votos electorales de un estado le corresponden al ganador de la contienda presidencial a nivel estatal. Para ser elegido presidente se necesita obtener 270 de los 538 votos electorales.

Jonathan Cowden, profesor de gobierno de la Universidad de Cornell y experto en campañas presidenciales, dijo a SEMANA que “es muy posible que el voto popular no corresponda con el voto electoral en esta ocasión. Gore no tiene una ventaja muy significativa en los estados en que va ganando mientras que Bush sí. Por eso en esta última semana Gore tendrá que dedicarse de lleno a asegurar esos estados mientras que Bush tendrá más libertad para escoger a dónde ir”.

Por esta razón, por ejemplo, si Gore gana por un pequeño margen en los estados clave y pierde por márgenes significativos en los demás puede superar a Bush aun sin obtener una mayoría en el sufragio nacional. Hasta ahora el vicepresidente parece haber asegurado su triunfo en Washington D.C. y en 12 estados entre los cuales se encuentran los dos más importantes: California y Nueva York, con 54 y 33 votos electorales respectivamente, sumando 175 votos. Bush, por su parte, está seguro en 24 estados, que suman 209 votos electorales, dentro de los cuales el más importante es Texas, tercer estado en cuanto al número de votos electorales con 32.

Los 14 estados restantes, que suman 154 votos electorales, están indecisos y es en éstos donde se centrarán las dos campañas durante esta la última semana. Entre ellos está Florida, el cuarto estado más importante pues cuenta con 25 votos electorales, es decir casi un 10 por ciento de los necesarios para ser elegido. Florida ha sido tradicionalmente republicano por la importancia de los ciudadanos retirados y de la comunidad cubano-norteamericana. Además Jeb Bush, el hermano menor del candidato republicano, es el gobernador.

Sin embargo en 1996 Clinton superó por un margen significativo al candidato republicano Bob Dole en este estado y Gore, gracias a sus planes de cubrimiento de salud y pago de prescripciones para los ciudadanos retirados así, como a la cercanía de Joseph Liebermann, su compañero de fórmula, con la comunidad cubano norteamericana de la Florida, tiene grandes posibilidades de repetir la hazaña demócrata de 1996.

De la misma forma el estado de Pennsylvania, que cuenta con 23 votos electorales, será escenario de una ofensiva proselitista significativa en esta próxima semana, la cual muy posiblemente contará con la presencia del lado demócrata del presidente Bill Clinton, quien cuenta con un muy alto índice de favorabilidad en el estado que alberga la campaña de la libertad de Estados Unidos. Vale la pena también mencionar el caso de Tennessee, el estado de donde es originario Al Gore, pues a pesar de la ventaja natural que éste tiene allí por ser su casa las encuestas hasta ahora muestran un empate técnico que no favorece para nada al vicepresidente pues en teoría Tennessee debería ser su territorio.

Sin lugar a dudas es en estos estados donde se definirá quién será el próximo presidente de Estados Unidos y hasta ahora cualquier pronóstico no sería más que una conjetura. Las últimas encuestas que se divulguen van a jugar un papel tal vez decisivo pues, si alguno de los dos candidatos logra marcar una tendencia, sería difícil para el otro superarla en tan sólo unos pocos días. Lo que sí es seguro es que la batalla se dará en los estados por ese sistema electoral tan extraño, que proviene de las épocas en las que se consolidó el federalismo en el país más poderoso del continente americano.

EDICIÓN 1879

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