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| 5/15/1989 12:00:00 AM

HECHO EN JAPON

El escándalo de la Recruit amenaza la permanencia del Primer Ministro japonés.

HECHO EN JAPON HECHO EN JAPON
El agua le está llegando al cuello al Primer Ministro japonés Nuboru Takeshita. La razón: las investigaciones sobre los sobornos de la empresa Recruit Company se cierran en torno al nombre del mandatario, y amenazan, por fin, con poner a Primer Ministro de patitas en la calle
Más que la caída del Primer Ministro, lo que el escándalo Recruit ha producido es una profunda crisis de identidad entre el electorado japonés. Todo comenzó cuando en junio del año pasado, el fiscal Yosuke Yosinaga puso al descubierto un esquema según el cual ese grupo empresarial vendió centenares de miles de acciones de una empresa subsidiaria (Recruit Cosmos Inc.) a un grupo de personajes influyentes del país. El detalle clave era que las acciones se colocaron en secreto, a precio irrisorio y antes de que la empresa fuera efectivamente constituida. Cuando las acciones entraron en bolsa los beneficiarios se hicieron a ganancias enormes, al vender las acciones por el precio de cotización, considerablemente superior al que habían pagado.
En medio del estupor nacional, a principios del año cayeron los influyentes ministros de Educación y de Trabajo, mientras se vinculaba al caso a Hiromasa Ezoe, fundador y durante largo tiempo presidente de la poderosa NTT, el gigante estatal de las comunicaciones. Las acusaciones contra Ezoe produjeron gran sorpresa, pues el ex funcionario se había convertido en el arquetipo del empleado del servicio civil japonés, considerado el crisol de la honradez ciudadana.
Pero en medio del escándalo, el actual Primer Ministro Takeshita había logrado mantenerse al margen, entre otros con el argumento de que los hechos habían ocurrido en el gobierno de su antecesor Yasuhiro Nakasone. Sin embargo, la semana pasada se presentaron varias revelaciones que pusieron en entredicho la continuidad de Takeshita en el mando del país y hasta la hegemonía que su partido, el Liberal Democrático, ha mantenido en el Japón desde 1955.
Primero, se reveló que la Recruit había adquirido más de US$150 mil en boletas para una fiesta de lanzamiento de la campaña de Takeshita, cuando en mayo de 1987, aquel anunció su intención de convertirse en Primer Ministro. Semejante compra, aunque no es estrictamente ilegal, se ha considerado, al menos, impresentable en las actuales circunstancias, sobre todo ante el hecho de que Takeshita insistió en todos los tonos el año pasado, en que no había recibido un solo centavo de Recruit.
Para complicar las cosas, luego se supo que, sólo 10 días más tarde, la Recruit había comprado otro US$230 mil en boletas de apoyo a Takeshita, en otra comida de recolección de fondos. Y para completar, e viernes 7 el diario Asahi Shimbu afirmó que el atribulado Primer Ministro había recibido US$ 190 mil en 1986, por concepto de donacione políticas "por debajo de la mesa" Las leyes electorales del Japón limitan ese tipo de donaciones al equivalente a US$11 mil.
Las reacciones han sido violentas Contradiciendo el estilo japonés d hacer política, que guarda gran respeto por la precedencia generacional un grupo de 40 parlamentarios jóvenes pertenecientes al propio partido de gobierno, solicitó a Takeshita la disolución del parlamento y la convocatoria a elecciones generales, en un esfuerzo que los observadores califican de "desesperado" por salvar la permanencia del partido en el poder.
La oposición, formada por cuatro partidos diferentes, ha tenido en el escándalo la mejor oportunidad para unir sus esfuerzos en contra del partido de gobierno. La semana pasada se reunieron en Kyoto los principales dirigentes para tratar de concertar una actitud coordinada con vistas a las elecciones que, en fecha aún no determinada, pero en todo caso antes de finalizar el verano, deberán decidir la mitad del parlamento. Por lo pronto, las consecuencias políticas se hacen cada vez más graves. La oposición ha boicoteado la aprobación del presupuesto nacional, y ello impidió que el ministro de Finanzas pudiera reunirse con sus colegas de los países industrializados la semana pasada en Washington. La virtual parálisis del parlamento llevó a Takeshita a jugársela toda: en una sesión del miércoles pasado, el Primer Ministro reconoció haber recibido las sumas que se le imputan, y ofreció tomar medidas para desligar de una vez por todas cualquier influencia del poderoso mundo de los negocios en la política Japonesa.
Sin embargo, su posición es aún fuerte, no sólo porque la mayoría que el Partido Liberal Democrático mantiene en el parlamento es suficientemente sólida, sino porque en la propia oposición no hay ninguna figura que pueda desafiar su permanencia por la sencilla razón de que todas las que podrían hacerlo, están a su vez involucradas en el escándalo. Entre tanto, los japoneses asisten asombrados al espectáculo. Uno de ellos, interrogado sobre su comentario tras las declaraciones de su Primer Ministro, resultó demoledor: "De lejos se le ve que es un pícaro".

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