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| 7/27/1987 12:00:00 AM

LA CRUZ A CUESTAS

Audiencia papal a Waldheim resucita controversia por el pasado nazi del Presidente austríaco

LA CRUZ A CUESTAS LA CRUZ A CUESTAS
Pocas veces se producen manifestaciones de protesta frente al Vaticano. Sin embargo, el pasado jueves, cerca de cien personas, algunas con las características chaquetas de los prisioneros de los campos de concentración nazis, comenzaron a gritar consignas, mientras erigían en la calle la figura simbólica de una horca. La protesta era motivada por la audiencia que, en esos momentos, concedía el Papa al presidente de Austria, Kurt Waldheim.
En efecto, desde que se conoció el pasado 18 de junio la decisión del Papa de conceder audiencia oficial a Waldheim, se elevaron las protestas de los judíos de todo el mundo, y en primera línea la del "Synagogue Council of América", que agrupa a las comunidades judías ortodoxas de Estados Unidos. Su presidente el rabino Gilbert Klappermann, manifestó que la visita "hará necesario que revisemos, la relación entera entre el judaísmo y el catolicismo. Incluso podría poner en peligro la reunión que tenemos prevista con el Papa durante su visita a Miami. Esto ha sido realmente chocante".
Klappermann se refería a una reunión que como un importante paso de acercamiento entre los fieles judíos y católicos, tendría lugar con ocasión de la visita pastoral a Estados Unidos prevista para el próximo septiembre.
Lo que produce tal ebullición en las comunidades hebreas, es que Waldheim, elegido el año pasado como Presidente de su país, y secretario general de las Naciones Unidas en dos períodos consecutivos, tiene un pasado que lo condena. En plena campaña presidencial se supo que el austríaco había pertenecido en su juventud al Ejército de la Alemania nazi, y fue acusado de haber participado, por acción u omisión, en la deportación en Grecia y Yugoeslavia de un número no determinado de judíos a los campos de exterminio. Acusaciones que, aunque no han sido totalmente comprobadas, llevaron a que Estados Unidos colocara el nombre de Waldheim en la watchlist o lista negra, para cerrarle la entrada a su territorio.
El primer ministro de Israel, Yitzhak Shamir, condenó a su turno la decisión papal de conceder la audiencia, argumentando que "podría ser puesta ante el mundo como una especie de legitimación de los crímenes que él cometió".
Los judíos norteamericanos, entre tanto, anunciaron su decisión de supeditar su recibimiento al Papa en una sesión previa en la que el Santo Padre debería explicar la razón y el alcance de sus conversaciones con el Presidente austríaco, algo que los observadores creen muy improbable. Sin embargo, se considera que en últimas la reunión se producirá de todos modos.
Sin embargo, la situación generada por la decisión papal viene a ensombrecer las relaciones judío-católicas, que por otra parte ya tienen suficientes problemas. En efecto, la reciente beatificación de la monja católica Edith Stein, mártir de los campos de concentración y judía conversa, no fue bien recibida en los circulos ortodoxos hebreos. Otro factor de enfriamiento ha sido que en su reciente visita al campo de exterminio de Maideneck, situado en Polonia, el Papa no declaró que el Holocausto había sido primordialmente judío.
A pesar de la polvareda levantada el Papa se mostró, como en tantas otras ocasiones, perfectamente inflexible en su decisión. El vocero del Vaticano, Joaquín Navarro Vals, en una inusual explicación, ha dicho que la costumbre es que el Papa reciba a los gobernantes elegidos democráticamente en sus países, y que las elecciones de Austria le dan a Waldheim una legitimidad incuestionable. Por otro lado, el Vaticano ha hecho énfasis en que la visita fue solicitada insistentemente por la cancillería austríaca, que argumentaba que el Presidente quería que su primera visita oficial a otro gobernante fuera precisamente la del Santo Padre. Este, según algunos de sus ayudantes, habría comentado: "Si tanto quiere venir, que venga".
A pesar de sus esfuerzos, el cerco diplomático contra Waldheim se cierra, lo que en principio podría llevar a que tuviera que renunciar a la Presidencia de su país. Sin embargo, algunos observadores piensan que el efecto interno de los problemas de su Presidente ha sido una exacerbación del nacionalismo y, paradójicamente, han venido a fortalecer la posición de su partido.

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