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| 9/26/1994 12:00:00 AM

LA GUERRA DE LOS FUJIMORI

Ventilados públicamente, los problemas conyugales de la familia presidencial se convierten en la comidilla política del día en Perú.

LA GUERRA DE LOS FUJIMORI LA GUERRA DE LOS FUJIMORI
PONER A LA OPINION PUblica a terciar un conflicto de esposos resulta una cosa insólita, más si se trata del señor presidente y de su primera dama. Pero eso es lo que sucedió en Perú, donde las desavenencias conyugales entre Alberto Fujimori y Susana Higuchi de Fujimori -un secreto a voces desde hace tiempo en Lima- se han convertido en un verdadero sainete que devoran los peruanos en vivo y en directo a través de los medios de comunicación.

Sin entrar en confidencias de alcoba, lo que ha sucedido con la señora Higuchi desde 1992 ha sido una clásica disputa por saber quién tiene más poder en la casa. Sólo que las denuncias de la señora sobre corrupción, su crítica al gobierno y su batalla jurídica para modificar el régimen electoral para poder aspirar a la presidencia, evidencian que se trata de una casa de 22 millones de habitantes.

En todo caso, en ese nuevo episodio de la batalla de los sexos, Higuchi va ganando. Mientras ella pernocta en el Palacio, su marido y sus hijos lo hacen en el 'Pentagonito', como se conoce el cuartel general del Ejército. Si la cosa fuera hasta ahí, el asunto sería "discretamente" manejable. Pero lo que puso el tema en el terreno de lo absurdo fue la declaración televisada de Alberto, cuando anunció la destitución de su esposa del cargo inexistente de primera dama y la invitó a desarrollar sus actividades políticas como cualquier ciudadano.

Algunos consideran que con esa medida Fujimori aceptó en público el desafío que mantenía en privado, de cara a las próximas elecciones presidenciales. Otros, los más machistas, sostienen que se trata de la desautorización "normal" de un marido a su esposa rebelde. Sin embargo, lo que sí parece claro es que involucrar a la opinión pública en un pleito familiar puede reportar dividendos políticos, pues las feministas se aliaron con Susana, y sus contrapartes consideran a Fujimori un esposo ofendido. La pregunta es qué tanto podrá aprovechar de ese río tan revuelto un candidato serio y con imagen de estadista por encima del bien y del mal, como el ex secretario general de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuéllar.

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