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| 9/6/1993 12:00:00 AM

¿ LA HORA DE LA VERDAD ?

El presidente norteamericano Bill Clinton amenaza con sus aviones a los bosnios-serbios.

¿ LA HORA DE LA VERDAD ? ¿ LA HORA DE LA VERDAD ?
¿ La hora de la verdad?
Pero podría ser demasiado tarde.
FUE NECESARIO QUE SARAJEVO, LA CAPITAL de Bosnia -Herzegovina, estuviera a punto de caer en manos de los rebeldes bosnios-serbios, para que Estados Unidos y sus aliados europeos reaccionaran. La semana pasada el presidente de Estados Unidos Bill Clinton anunció su intención de lanzar su poderio aéreo contra las posiciones serbias, con el objetivo no sólo de proteger a las fuerzas de Unprofor (los cascos azules de la ONU) sino para evitar que los atacantes priven a la ciudad de los suministros básicos para el mantenimiento de la vida. Más allá todavía, aseguró que su país estaría dispuesto a atacar por su cuenta, así los aliados de la OTAN no estuvieran dispuestos a acompañarle.
Clinton contrastó con esa actitud la asumida en mayo, cuando envió tímidamente a su secretario de Estado Warren Christopher a hacer consultas con sus aliados, con lo que les entregó la capacidad de decisión sobre el tema.

Pero esta vez Clinton se jugó sus cartas a un virtual ultimátum, porque una cosa era retardar la promesa electoral de eliminar el desequilibrio bélico entre los bosnios-musulmanes y los bosnios-serbios, y otra esperar sin hacer nada a que Sarajevo cayera en manos de sus sitiadores. Fue tan contundente esta vez, que la OTAN no pudo hacer otra cosa que aprobar su plan a mediados de la semana.
Lo cierto es que los argumentos de quienes se oponían a la acción militar fueron cayendose poco a poco. Uno de los más fuertes opositores era el mediador de la Comunidad Europea, el británico David Owen, quien argumentaba que la paz estaba a la vuelta de la esquina y cualquier acción de terceros podría ponerla en peligro. Pero con el fracaso de las conversaciones de Ginebra, Clinton argumentó que la paz no se ha dado "por la percepción de que por cuanto los aliados no han hecho nada para estabilizar la situación, ésta se ha deteriorado".
Otro hecho que abrió la compuerta a la acción militar fue el ataque de los bosnios-serbios contra los cascos azules franceses. Ese hecho desvirtuó la posición de la propia cancilleria de París, que sostenía que una acción bélica de los aliados pondría en peligro la integridad de los cascos azules, pues el ataque demostró que esa fuerza mediadora de la ONU está en peligro de todas maneras.
A mediados de la semana anterior lo único que se interponía para demorar los bombardeos aliados era una cuestión de procedimiento, puesto que el secretario general de la ONU, Boutros Boutros-Ghali, aseguró en carta al secretario general de la OTAN Manfred Werner, que solamente él como suprema autoridad administrativa de la máxima organización mundial podría ordenar un ataque de esas características. Pero aunque no se conoció el texto de la misiva, era claro que el dirigente de la ONU no se opondría a esa acción.
A pesar de que la decisión de Clinton causó una reacción favorable en las capitales europeas, también hizo curso la tesis de que los bombardeos serían "demasiado poco, demasiado tarde". El principal vocero de esa posición resultó ser el propio experto jefe del Departamento de Estado norteamericano para Yugoslavia, Marshall Freeman Harris, quien renunció a su cargo como protesta por la presión que según él está ejerciendo Washington para que los bosnios- musulmanes acepten que perdieron la guerra y que por lo tanto deben presenciar el desmembramiento de su país. Lo que es evidente es que los ataques aéreos aliados son posibles precisamente porque ya no se trata de promover la derrota de los bosnios -serbios, sino de evitar que éstos estrangulen a Sarajevo, con un saldo aún peor de sufrimiento y muerte entre la población.
De hecho, lo que está de por medio no es la salvación de Bosnia-Herzegovina como Estado independiente, sino la busqueda de una situación que permita llegar a un acuerdo en Ginebra. Ante el hecho claro de que los bosnios-musulmanes han perdido la mayor parte de su territorio, cualquier arreglo tendría que partir de la desmembración de un Estado reconocido, lo que significaría que la agresión serbia resultaría exitosa.
Eso, como mensaje en medio de la consolidación del nuevo orden unipolar, sería bastante dudoso. Por eso Harris podría tener razón cuando sostiene que la actitud de Clinton y la OTAN se dirige a salvar la credibilidad de ambas y sobre todo a tratar de limpiar las conciencias ante la carnicería que han presenciado en Bosnia sin hacer virtualmente nada.
Al final de la semana, los bosnios- serbios se habían tomado dos colinas estratégicas que les daban la posibilidad de bombardear a la ciudad sin oposición. Pero ante la presión aliada, sus comandantes gestionaban la entrega de esas posiciones a la fuerza de la ONU. Si sus intenciones eran sinceras, las amenazas de Clinton habrían dado resultado. Si no, el drama de Bosnia Herzegovina podría estar entrando en un nuevo capítulo. -

EDICIÓN 1884

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