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| 1/8/1990 12:00:00 AM

LA ISLA DE LA FANTASIA

Tras su reunión frente a las costas de Malta, Bush y Gorbachov parecen enterrar la guerra fría.

LA ISLA DE LA FANTASIA, Sección Mundo, edición 397, Jan  8 1990 LA ISLA DE LA FANTASIA
Ni los periodistas más veteranos habían visto nunca nada igual.
En una insólita rueda de prensa aparecieron frente a ellos, como dos viejos amigos, los presidentes de los paises que durante cuarenta años mantuvieron al planeta bajo la sicosis de una conflagración nuclear. Nunca antes una cumbre de esta naturaleza había terminado con los dos protagonistas dando su versión de los hechos en presencia del otro. Pero esta vez la ocasión lo ameritaba. Se trataba de informar al mundo que la guerra fría había terminado oficialmente.

La importancia de la cumbre, que no tenía como propósito llegar a ningún acuerdo concreto, se había agigantado en el contexto de las transformaciones que afectan el mapa político de Europa Oriental. Incluso se llegó a pensar que la reunión de Malta era una especie de reedición de la que sostuvieron en Yalta, al final de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de las potencias vencedoras y que fue a la larga la base del nuevo orden mundial, polarizado entre dos grandes potencias y, sobre todo, entre dos vertientes ideológicas: capitalismo y comunismo.

Pero los resultados demostraron que Malta no iba necesariamente a ser otra Yalta. Si el propósito de la primera era repartirse el mundo, el ánimo de la segunda fue el de acercarlo.
Y, sobre todo, el ambiente de distensión que se proyecta acabó, de una vez por todas, con las prevenciones cuando no las abiertas traiciones que caracterizaron ese período oscuro y gélido que la historia, por lo que parece, conocerá como "guerra fría".

Quien abrió fuegos ante la prensa fue Gorbachov al afirmar tajantemente que "la URSS no lanzará una guerra caliente contra Estados Unidos y que había acordado con Bush que" las características de la guerra fría deben ser abandonadas. La carrera armamentista, la desconfianza y la lucha sicológica e ideológica deben ser todas cosa del pasado". Bush no se quedó atrás cuando dijo que "Con Las reformas que se llevan a cabo en la URSS, estamos en el umbral de una nueva era de las relaciones soviéticonorteamericanas. Está dentro de nuestro alcance contribuir, cada uno a su manera, a superar la división de Europa y terminar la confrontación militar allí".

Los dos líderes anunciaron lo que a la larga sería considerado el logro concreto más importante de la cumbre, esto es, el acuerdo para concluir antes de finalizar 1990 un tratado para la reducción de armas atómicas de largo alcance y de armas convencionales, y para realizar una nueva cumbre, esta vez en los Estados Unidos, a mediados del año entrante.
Pero la significación de la cumbre estuvo más en el tono de las conversaciones que en los logros concretos, aunque sobre algunos puntos se hicieron aproximaciones muy importantes (ver recuadro).

Ese tono distensionado y amistoso se notó con mayor intensidad cuando, en la rueda de prensa, Bush comentó que Gorbachov había negado tener conocimiento de los envíos de armas de Nicaragua a los rebeldes de El Salvador, a pesar de que los Estados Unidos tenían evidencias en contrario. Otros presidentes norteamericanos hubieran dejado la cosa de ese tamaño. Pero Bush, en plena luna de miel, llegó a una conclusión totalmente distinta. El gobierno sandinista, dijo el presidente, seguramente hizo esos envíos sin el conocimiento "de nuestros amigos soviéticos". Una afirmación de esa naturaleza, en la que un jefe de Washington le concede el beneficio de la duda a su contraparte del Kremlin, no se hubiera podido imaginar si la actitud norteamericana ante la Unión Soviética no hubiera sufrido una transformación muy profunda.

Para Gorbachov el resultado de la reunión no podría haber sido mejor.
El amplio panorama de ayuda económica ofrecida por su amigo Bush comprende no sólo el apoyo en áreas tecnológicas, sino la apertura de los mercados de Occidente e incluso la aplicación de aranceles para los productos soviéticos. En esas condiciones, su situación interna se consolida de cara a otro largo, frío y pobre invierno ruso para Bush, su actitud en cierto modo más agresiva esta vez que la de Gorbachov, silenció en principio a sus críticos del Congreso, que le habían acusado de ser incapaz de reaccionar adecuadamente a los vientos de cambio.
Aunque el tema de Europa estuvo en el tapete, ambos dirigentes tuvieron mucho cuidado en no ahondar en el tema de la reunificación de Alemania, por una razón calificada de evidente: cualquier manifestación en el sentido de reunificar ese país, ya fuera a través de la confederación o de la fusión, resultaría en detrimento de la existencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o del Pacto de Varsovia, y ambos organismos oficiales están en los planes de los gobiernos para jugar un papel estabilizador en el Viejo Continente, aunque ya no sea exclusivamente en el plan de alianzas militares.

No faltaron los analistas que opinaron que el gran vencedor de la cumbre había sido Gorbachov, quien habló poco y ganó mucho. Para ellos, Bush tenía dos objetivos: por un lado, enfocar el esfuerzo de desarme hacia las fuerzas convencionales, para poner la prioridad en el final de la dominación soviética de Europa Oriental. Por el otro, poner en evidencia la vinculación soviética con los conflictos regionales, sobre todo en Centroamérica, para presionar el fin de esa presencia a cambio de la ayuda económica que la URSS requiere con tanta urgencia. Pero al final, sucedió todo lo contrario, y Bush, que había ido por lana, salió trasquilado.

Pero a pesar de esas consideraciones, el ambiente de las relaciones entre las grandes potencias recibió una bocanada de aire fresco que el mundo esperaba desde los años 50.
Sea como fuere, la noticia de la reunión de Malta recorrió al mundo propiciando muchas sonrisas de alivio . -

PUNTOS CLAVES
Aunque la Cumbre de Malta no llegó a ningún acuerdo formal, y ni siquiera hubo un comunicado conjunto, los observadores internacionales señalaron avances y desacuerdos importantes.

Acuerdos:
- Celebración de un tratado de desarme (START) para recortar radicalmente los arsenales nucleares de largo alcance en ambos paises.
- En igual forma, se acordó llegar a un acuerdo para disminuir las fuerzas convencionales en Europa de parte y parte, a celebrarse al final de 1990.
- Mejoramiento del acceso de la URSS al mercado de los Estados Unidos, con tratamiento de "nación más favorecida", sujeto a la liberalización de las leyes migratorias de la Unión Soviética.
- Respaldo de los Estados Unidos para que la URSS obtenga estatus de observador en el GATT, el organismo internacional que regula el comercio mundial.
- Coordinación para buscar una salida pacífica en Líbano.

Desacuerdos:
- Centroamérica, en donde, según los Estados Unidos, la URSS está detrás del suministro de armas a los rebeldes salvadoreños. La Unión Soviética negó los cargos y el agua sucia le cayó finalmente a los sandinistas.
- La propuesta de los Estados Unidos para reducir a un quinto los arsenales de armas químicas. La URSS quiere la prohibición total.
- El interés soviético por el desarme naval no tuvo eco en los asesores de Bush.-

EDICIÓN 1888

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