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| 8/30/2014 10:00:00 PM

La izquierda francesa al borde del precipicio

La disolución del gabinete ministerial socialista muestra que la izquierda vive una crisis sin precedentes. Las consecuencias para Francia podrían ser dramáticas.

La izquierda francesa al borde del precipicio La baja popularidad del presidente socialista, Francois Hollande, ha afectado la de su primer ministro, Manuel Valls, una de las estrellas as-cendentes de la polìtica francesa, que se juega su futuro político con el nuevo gabinete ministerial. Foto: Foto: A.F.P.
Cuando Manuel Valls, el primer ministro francés, había evocado hace cinco años la posibilidad de cambiar el nombre de su movimiento, el Partido Socialista, por uno menos “obsoleto”, muchos creyeron que era una broma. Ahora, cuando en medio de una crisis de credibilidad y de confianza nunca antes vista, el gobierno dirigido por Valls promueve una política económica de austeridad digna de la derecha europea, muchos creen que la palabra “socialista” no tiene ningún sentido en el nombre del partido que guía a Francia desde hace dos años.

La tormenta política de la entrada de las vacaciones veraniegas fue provocada, precisamente, por uno de los miembros del gobierno que deseaba impulsar una política de izquierda. El ministro de Economía, Arnaud Montebourg, en una entrevista al periódico Le Monde, criticó la política de reducción de déficit público promovida por el presidente François Hollande y por su primer ministro y no dudó en calificarla de “aberración”. Dos días después de sus declaraciones, el gobierno anunció sorpresivamente la disolución de la totalidad del gabinete, conformado tan solo 147 días antes. 

Hollande y Valls deseaban lanzar un mensaje claro: ningún miembro del ejecutivo debe cuestionar la autoridad del presidente ni del primer ministro. Pero también se trataba de aprovechar la oportunidad para deshacerse de quienes no representaban con convicción la política de liberalismo económico del Palacio del Elíseo.

Este hecho quedó confirmado cuando el gobierno divulgó que el nuevo ministro de economía sería Emmanuel Macron, consejero de la Presidencia y exbanquero en la firma Rothschild apodado el ‘Mozart de la finanza’. “El reemplazo de Montebourg por Macron es bastante simbólico pues se trata del consejero del Presidente que permitió pasar de una política social a una política a favor de las empresas. Con esa decisión el gobierno se está alejando de una buena parte de la izquierda”, le dijo a SEMANA el periodista Valentin Spitz, autor de Yo presidente, una biografía de Arnaud Montebourg, y quien ha seguido de cerca la carrera de los miembros del Partido Socialista.

Este caos gubernamental está estrechamente ligado a la crisis que azota al país desde 2008 y contra la cual Hollande y Valls se han mostrado impotentes. En efecto, Francia parece desmoronarse lentamente: el desempleo se acerca al récord histórico de 3 millones y medio de franceses sin trabajo, el crecimiento del PIB es de 0 por ciento en lo corrido del año y el cierre de empresas parece pan de cada día.

Hollande y Valls han propuesto como solución lanzar la competitividad principalmente a través de beneficios fiscales anuales de 20.000 millones de euros para las empresas y una limitación del gasto público para reducir el déficit a menos del 3 por ciento del PIB. Estas medidas han desprestigiado al gobierno socialista frente a su electorado de izquierda y han provocado críticas en sus filas, como la de Montebourg. 

A causa de numerosas polémicas, la oposición conservadora, por su parte, no ha podido aprovechar el desprestigio de la izquierda para ganar credibilidad. La Unión por un Movimiento Popular (UMP) está en el ojo del huracán tras haber llevado cuentas falsas para no sobrepasar, al menos en el papel, el umbral permitido de gastos de la campaña de Nicolas Sarkozy en 2012. 

En medio de ese escenario catastrófico para los partidos tradicionales, los franceses continúan inclinándose hacia la extrema derecha, representada en el ultranacionalista Frente Nacional, dirigido por la abogada Marine Le Pen. En los sondeos prematuros sobre las elecciones de 2017, esta astuta política aparece como ganadora de la primera vuelta.

Por ello la apuesta de Hollande y Valls es arriesgada: con el nuevo gabinete, compuesto mayoritariamente por la derecha de la izquierda, deberán demostrar que pueden enderezar al país y, al mismo tiempo, que siguen siendo fieles a las ideas socialistas. Si no lo logran, terminarán enterrando a Francia y a su partido en la misma fosa. 
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