Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/1/1997 12:00:00 AM

LA MADRE DE TODOS LOS NIÑOS

Este año el fenómeno de El Niño superará a todos los que se han registrado hasta ahora.

LA MADRE DE TODOS LOS NIÑOS LA MADRE DE TODOS LOS NIÑOS
Si llueve mucho la culpa es de El Niño. Si llueve poco, también. Si hay huracanes en algunas partes del mundo, no hay que buscar el responsable: es El Niño. Y si en otros lugares ocurre lo contrario, eso también es una travesura de El Niño. Hoy por hoy, virtualmente todo el planeta está pendiente de lo que haga o deje de hacer ese misterio recurrente que es el fenómeno de El Niño, que a pesar de su engañoso nombre, es uno de los eventos más impresionantes de la naturaleza. Una lista incompleta de sus efectos ayuda a entender las dimensiones del asunto. Por el fenómeno de El Niño hay severas sequías en Australia, Nueva Zelanda, Tailandia, Malasia y Papua-Nueva Guinea. En Indonesia los incendios forestales, avivados por la ausencia de las lluvias normales en esta época del año, han oscurecido la atmósfera de todo el sureste asiático. Hay hambruna en Corea del Norte. En Japón el problema no es sólo la sequía, sino la casi segura ausencia de nieve para los Juegos Olímpicos de Nagano. En Norteamérica, a tiempo que en California se esperan lluvias catastróficas, los huracanes están al revés: en esta temporada se presentan en la costa Pacífica en lugar de la Atlántica. En uno de ellos, en México, el Pauline causó la muerte de varios centenares de personas y destruyó parcialmente Acapulco. En Suramérica, Perú (el más golpeado), Brasil, Argentina y Chile sufren violentas inundaciones mientras Colombia resiste una prolongada sequía. Sus efectos climáticos tienen que ver con el estallido de epidemias de encefalitis, cólera, hantavirus, fiebre bubónica y hasta una ola de ataques de serpientes y tiburones.
¿De que se trata?
El Niño es un fenómeno que se presenta con periodicidad irregular cada dos a siete años. Se origina cuando los vientos que normalmente cruzan el Pacífico de occidente a oriente entre Suramérica y Australia cambian de sentido por razones que nadie ha podido explicar. Como resultado, una enorme masa de agua caliente, que en condiciones normales se mantiene cerca de Australia, deriva hacia la costa del Perú. En esta oportunidad esa masa de agua (a temperaturas que van de 25 a 29 grados centígrados) abarca una superficie equivalente a una y media veces la de Estados Unidos. La energía calorífera encerrada en ese monstruo es capaz de volver al revés la meteorología mundial. Al fin y al cabo el calor encerrado en el agua del mar es lo que determina el proceso de evaporación, la formación de nubes y con ello los regímenes de lluvias y de tormentas. Pero además los efectos en la vida marina no son despreciables. Como el agua tibia permanece fuera de lugar, la fría, más profunda, deja de salir a la superficie, y con ella su rica reserva de nutrientes. Como resultado, el suministro de comida de muchas especies de pájaros desaparece y miles de ellos mueren o emigran. Algunas especies, como el tiburón o el pez aguja, migran hacia el norte, y las anchoas, que son el principal producto pesquero de Perú, son presa de las redes de sus competidores chilenos.
La historia
Los investigadores han recopilado datos históricos sobre posibles 'Niños' de otras épocas y los han relacionado con hechos históricos. La hipótesis más extrema fue formulada en Israel, donde se ha afirmado que la sequía bíblica que afectó al faraón de Egipto podría deberse al resultado de varios años sin el fenómeno. Otros, por ejemplo, sostienen que el conquistador español Francisco Pizarro se benefició de El Niño en 1525, cuando fertilizó el desierto peruano y permitió que sus soldados tomaran fuerzas para derrotar a los ejércitos del Inca. En cualquier caso El Niño es relativamente una novedad científica, y así lo atestigua el que en la década de los 20 nadie le puso atención al meteorólogo británico sir Gilbert Walker, quien observó desde su laboratorio en la India que cuando llovía demasiado allí había sequía en Australia. Pero no es ninguna novedad para los pescadores peruanos, que bautizaron así en el siglo XVII al extraño calentamiento del agua que se presentaba en la época de Navidad y que hacía desaparecer la pesca.
Ese calentamiento fue estimado por mucho tiempo un fenómeno local y los científicos lo consideraban a lo sumo un laboratorio privilegiado para observar las interacciones climáticas entre el mar y la atmósfera. Pero a partir de la década del 70, cuando se relacionó con una sequía mundial acompañada de hambruna y se acuñó el término 'teleconexión' para definir los efectos meteorológicos a grandes distancias, la comunidad científica comenzó a establecer las verdaderas dimensiones del tema. Y en 1982 llegó el desastre. En ese año El Niño fue responsabilizado de por lo menos 1.500 muertes y más de 10.000 millones de dólares en pérdidas en el mundo entero.

Campanazo
Esa serie de desastres se convirtió en el campanazo de alerta para la comunidad internacional y condujo a la creación en 1985 del Programa de Océanos Tropicales y Atmósfera Global (Toga, por sus siglas en inglés). Se instalaron 70 boyas enormes en el Pacífico a lo largo de la línea ecuatorial para monitorear las tendencias, la profundidad del agua caliente y la dirección y velocidad de las corrientes Submarinas. Esa instalación, junto con los datos recibidos de observaciones satelitales, han permitido establecer que El Niño de 1997-98 podría ser el más violento de la historia. Y por eso mismo en esta ocasión, por primera vez, el fenómeno ha sido detectado con anticipación, lo que ha permitido a los gobiernos del mundo, de Washington a Tokio, tomar medidas para minimizar sus efectos. En Colombia, el Ministerio del Medio Ambiente, con el apoyo científico del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales _Ideam_, ha venido coordinando la información y las acciones por tomar. En otras latitudes las previsiones han sido radicales, como en Australia, donde se ha reducido el hato ganadero y se han cambiado las siembras en previsión de la sequía. La Organización de Naciones Unidas tiene en estado de alerta a sus organismos especializados y el Banco Mundial tiene dispuestos 100 millones de dólares para ayudar a países damnificados, especialmente en Africa, donde por lo menos 25 millones de personas podrían resultar afectadas por la sequía. Todo ello es un gran avance de la ciencia pero no significa que ésta haya descifrado a El Niño. Un científico colombiano señaló a SEMANA que "si se tiene en cuenta que el agua ha llegado a temperaturas suficientes como para llenar la tina del baño, cerca de 30 grados centígrados, es de prever que sus efectos serán terribles entre lo que queda del año y la mitad del próximo. Pero, como en todo lo que se relaciona con la meteorología, los efectos concretos son muy difíciles de predecir". Porque a pesar de disponer de herramientas muy sofisticadas, como los modelos de computador que permiten establecer un escenario probable de comportamiento de corrientes y vientos, lo cierto es que la comunidad científica sabe sorprendentemente poco acerca del comportamiento de ese monumental fenómeno. Ahora que El Niño ha sido identificado es posible explicar (al menos en principio) porqué se producen las tormentas eléctricas o las sequías extremas. Pero esas preguntas han sido reemplazadas por una mucho más grande: ¿Por qué existe El Niño? Ese interrogante se puede poner en otros términos: ¿por qué cambian de dirección los vientos? ¿Por qué si antes se presentaba cada cinco o cada ocho años, en las últimas oportunidades ha aparecido entre cada tres y cinco? ¿Qué tanto tiene que ver esto con el calentamiento atmosférico? El Niño muestra de primera mano el poder de la Naturaleza y pone en claro, por contraste, la insignificancia humana. Por eso, para muchos, El Niño siembra dudas sobre la capacidad de las emisiones humanas de gases como causa de las dolencias de la atmósfera. Y, por sobre todo, es la notificación de que la madre Tierra guarda fuerzas Cuya interacción misteriosa supera la comprensión del ser humano.

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com