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| 10/27/2003 12:00:00 AM

La nueva superpotencia

El 'milagro chino' no termina. En cinco décadas el país se convirtió en una fuerza que podría desbancar a Gran Bretaña y Francia en la lista de los más poderosos.

La nueva superpotencia, Sección Mundo, edición 1121, Oct 27 2003 Cientos de miles de personas se reunieron en la Plaza Tiananmen para celebrar el aniversario número 54 de la fundación de la República Popular el pasado primero de octubre
Los chinos tienen porque celebrar. El más reciente motivo fue la misión exitosa del primer astronauta de esa nacionalidad. Tras el aterrizaje de Yang Liwei el presidente, Hu Jintao, dijo emocionado: "Fue una gloria para nuestra gran patria que marca el comienzo de la victoria inicial del primer vuelo espacial tripulado".

Jintao ha hablado incluso de mandar un hombre a la Luna en el futuro próximo.

El logro es además un paso significativo en la consolidación de China como la potencia militar más importante de la región pues los avances en la industria aeroespacial le permitirán, por ejemplo, mejorar las comunicaciones satelitales, los sistemas de posicionamiento global y el espionaje de transmisiones por radar. El poder militar actual de China ya es enorme y su peso es clave en la balanza de fuerzas en Asia, como se vio en la presión que le impuso a Corea del Norte para llevarla a sentarse a negociar una salida a la crisis nuclear. Se estima que China posee 400 cabezas nucleares, 14.000 tanques de guerra 2.556 aviones de combate y 2,5 millones de soldados.

Esta preeminencia hubiera sido impensable antes de la revolución maoísta, cuando todas las potencias que hoy respetan a China en el juego internacional invadieron y humillaron a su antojo a la cultura milenaria que le dio a Occidente inventos tan valiosos como el papel y la pólvora. Pero hoy todo ha cambiado. El país otrora despedazado está a un paso de la reunificación definitiva, ha recuperado la dignidad internacional y tiene una economía boyante.

Las cifras son impresionantes: en el tercer trimestre de 2003 el Producto Interno Bruto subió 9,1 por ciento, siguiendo una línea ininterrumpida de crecimiento superior al 8 por ciento desde 1995. Esta cifra convierte a China en la economía que crece más rápido a nivel mundial. Según el periódico británico The Guardian, a este ritmo en 2005 China superará al Reino Unido y a Francia para convertirse en la cuarta economía del mundo después de Estados Unidos, Japón y Alemania.

Desde 1970 China empezó a liberalizar su economía y pasó de producir exportaciones simples y de baja calidad a bienes de alta tecnología. Hoy 30 por ciento de los electrodomésticos de Asia provienen de China y a nivel mundial es el primer productor de pantallas planas.

Para completar, desde que China fue aceptada en la Organización Mundial de Comercio su mercado interno atrae unos 500.000 millones de dólares de inversión extranjera directa. El país es un destino atractivo por su mano de obra barata y una demanda interna pujante. Y las políticas de liberalización económica han gestado una clase media acomodada que empieza a comprar muchos productos y servicios que se consideraban de lujo. Entre éstos se cuentan automóviles, electrodomésticos, viajes internacionales y comida para mascotas.

¿Demasiado crecimiento?

No obstante, el ritmo al que crece la economía China es tan rápido que sus principales problemas y retos tienen que ver justamente con esa aceleración descontrolada. Así, un artículo de The New York Times alertaba la semana pasada sobre el agravamiento del efecto invernadero a causa del boom chino. El mercado automotor chino se ha disparado y el consumo de carbón crece al ritmo más alto del mundo. El asunto es complicado pues China no está obligada por el protocolo de Kioto a reducir sus emisiones de gases que producen el efecto invernadero porque se sigue considerando un país en vías de desarrollo por cuenta de su ingreso per cápita de apenas 1.000 dólares al año.

Varios expertos también advierten del peligro de un posible recalentamiento de la economía china. Se teme que exista una sobreinversión y que se puedan subir las tasas de interés y se dispare la inflación. Así, para prevenir burbujas en ciertos sectores de la economía, las autoridades han buscado reducir el ritmo de crecimiento. En el sector de la construcción, por ejemplo, se desestimulan los préstamos y la compra y construcción de propiedad lujosa. Pero a pesar de las políticas concretas el gobierno chino no ha podido frenar el ritmo de la economía.

En otros países el miedo tiene que ver con la dificultad de competir con los productos chinos. Para no ir más lejos, el fin de semana pasado los principales confeccionistas y textileros de Centroamérica y el Caribe se reunieron con Proexport para idear estrategias que permitan enfrentar la amenaza china. Sucede que en 2005, cuando se levanten las restricciones que hoy limitan el comercio textil, la naciente superpotencia podría inundar el mercado estadounidense con prendas más baratas que las producidas en Colombia y otros países.

A Estados Unidos también le preocupa que la inserción del gigante chino en la economía mundial lo deje mal parado. En particular, desde hace un tiempo el gobierno norteamericano viene presionando a China para que revalúe el yuan. Según Washington, Beijing está devaluando artificialmente la moneda, lo que deja a Estados Unidos en una posición de desventaja para comerciar. Pero China no tiene ningún interés en revaluar.

Según otros expertos, en realidad la consolidación de China como superpotencia no debería ser tan preocupante. Así, en el último informe económico sobre el país de la revista The Economist se aseguraba que la llegada de China a la OMC abriría oportunidades de mercado para todos los productos competitivos del mundo y se multiplicarían las oportunidades de inversión. Así mismo, el sinólogo colombiano Guillermo Puyana no duda que en unos 15 años China será una superpotencia, pero para él esto va a ser bueno. "Un mundo en donde China sea una superpotencia va a ser un mundo donde por primera vez la multipolaridad será verdadera". Según explicó Puyana a esta revista, en toda su historia China nunca ha sido un poder hegemónico y, al contrario, ha sabido construir su cultura a partir de la integración armoniosa de otras formas de expresión, como se ve en la inclusión de la pagoda hindú como elemento arquitectónico, o el tomate de América para la invención de la salsa agridulce.

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