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| 8/27/2001 12:00:00 AM

La oveja negra

Con el rechazo al Protocolo de Kioto y la negativa a renovar el Tratado de Armas Biológicas, Estados Unidos consolidó la semana pasada una política exterior unilateral y aislacionista que preocupa a los observadores internacionales.

La oveja negra, Sección Mundo, edición 1004, Aug 27 2001 La oveja negra
Con el rechazo al Protocolo de Kioto y la negativa a renovar el Tratado de Armas Biológicas, Estados Unidos consolidó la semana pasada una política exterior unilateral y aislacionista que preocupa a los observadores internacionales.



Génova, Nueva York, Bonn y Ginebra fueron escenario durante los últimos días de cumbres multilaterales por medio de las cuales se buscaban, en su orden, soluciones a problemas referentes al desarrollo económico, al comercio de armas, al control climático y a la no proliferación de armas biológicas. Pero todos tuvieron un denominador común. En esas reuniones Estados Unidos confirmó que está actuando en un escenario internacional cada vez más globalizado como un "llanero solitario" que ejerce su poder unilateralmente y en forma arrogante. Hacía mucho tiempo que la política internacional de Estados Unidos no generaba tal unanimidad en las críticas. Para los observadores internacionales los esfuerzos de decenas de países del mundo por encontrar soluciones a problemas multilaterales de manera concertada quedaron en entredicho.



No a Kioto



En la ciudad alemana de Bonn se reunieron cerca de 4.500 personas, entre las cuales se contaban 1.840 representantes de 180 países en busca de una salida al laberíntico y polémico reglamento del Protocolo de Kioto –con el que se busca reducir las emisiones de gases que causan el efecto invernadero-. Se trataba de abrir la vía hacia su ratificación y entrada en vigor, pero Estados Unidos rechazó el compromiso internacional y se abstuvo de participar en el acuerdo.



Ni siquiera los esfuerzos de Japón hicieron mella en la voluntad de Washington. Ese país asiático incluso se arriesgó a sufrir las medidas que su socio internacional –Estados Unidos– pueda adoptar contra su economía. Tampoco ayudó que los Estados miembros de la Unión Europea aceptaran asumir los mayores costos y compromisos, con lo que este bloque regional se convirtió en el mayor defensor del medio ambiente entre los países desarrollados. Y de nada sirvió la labor del presidente de la cumbre, el holandés Jan Pronk, cuya tenacidad fue alabada por todos los participantes. Pronk fue el gestor del documento final que mezcla de manera brillante concesiones y exigencias a los 180 Estados firmantes de la propuesta de acuerdo. Pero Estados Unidos quedó por fuera del protocolo de Kioto a pesar de seguir siendo el país contaminante más importante del mundo.



Paula Dobriansky, subsecretaria de Estado para Asuntos Globales del Departamento de Estado y representante norteamericana a la cumbre realizada en Bonn, repitió el argumento en que se basa la postura norteamericana, que consiste en que las medidas acordadas afectan injustificadamente su economía. Enumeró los programas de ayuda que su país ofrece a las naciones en desarrollo, advirtió que Estados Unidos no asume ningún compromiso financiero relacionado con el Protocolo de Kioto, que Washington no tiene intención de ratificarlo, aunque tampoco de bloquearlo, y aseguró: "La administración Bush se toma los asuntos de cambio climático muy en serio y no abdicaremos de nuestras responsabilidades".



Armas biológicas tampoco



Un par de días más tarde la política unilateral y aislacionista del gobierno del presidente George W. Bush se puso nuevamente en evidencia. Esta vez la ciudad era Ginebra (Suiza) y el tema era la renovación del Tratado de Armas Biológicas que Naciones Unidas está elaborando. Con la negativa de los estadounidenses quedó descartada la aprobación de este tratado prevista para noviembre próximo. Washington argumentó que actualizar este convenio originario de 1972 pone en peligro la seguridad de Estados Unidos y reafirmó su argumento tal como lo hizo con Kioto: está de acuerdo con el fondo de las discusiones, desaprueba la forma y anuncia sin detalles soluciones alternativas.



El representante estadounidense en el comité de Naciones Unidas que estuvo presente en Ginebra, Donald Mahley, resumió la posición de su país al decir que "el nuevo texto no evita la fabricación y el uso de armas químicas y biológicas por países como Irak y no mejora la capacidad para verificar el cumplimiento de la Convención de Armas Biológicas".



El borrador del tratado que se está negociando desde hace seis años establece controles para evitar la proliferación de armas biológicas, obliga a los países firmantes a declarar las instalaciones que podrían utilizarse con este propósito y crea un órgano de control para realizar las visitas anunciadas con dos semanas de anticipación.



Lo anterior no interesa en lo más mínimo a Estados Unidos y ya varias voces con días de anticipación anunciaban la negativa que el equipo de George W. Bush asumiría en este tema. El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer había dado algunas pistas: "Tenemos problemas con el protocolo pero apoyamos completamente el Tratado contra las Armas Biológicas".



Estas actuaciones unilateralistas parecen ser una norma en las relaciones internacionales de la administración de George W. Bush. Se vienen a sumar a una larga cadena de hechos como, entre otros, el rompimiento del Tratado contra la proliferación de misiles balísticos y el desinterés de controlar la producción de armas pequeñas y portátiles. La conformación de su equipo internacional parece una reunión de veteranos del gobierno de su padre, George Bush, con predominancia de elementos radicales de derecha. Su política parece fuertemente influenciada por el poderoso lobby de la derecha religiosa, que pretende que Estados Unidos se mantenga en su posición de privilegio por el poder incontrastable de sus fuerzas armadas y de su economía y mira con recelo los compromisos internacionales y hasta la existencia misma de la ONU. De seguir así, todo indica que el mundo presenciará un esfuerzo hegemónico sin precedentes en la historia reciente.

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