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| 2/19/1990 12:00:00 AM

LA REVOLUCION DE ENERO

Se está desintegrando la Unión Soviética? Resistirá Gorbachov?

LA REVOLUCION DE ENERO, Sección Mundo, edición 403, Feb 19 1990 LA REVOLUCION DE ENERO
El verbo "separar" se está conjugando en la URSS en muchas lenguas. En las últimas semanas el separatismo que cunde en los cuatro puntos cardinales ha puesto en tela de juicio no sólo la permanencia de Mijail Gorbachov en el poder, sino la existencia misma de la Unión Sovietica como tal. Ahora que ha regresado cierto nivel de libertad de expresión por cuenta de l`a perestroika (reestructuración) y en momentos en que los sucesos de la URSS son conocidos casi libremente en Occidente por virtud del glasnost (transparencia), el espectaculo del viejo imperio ruso tambaleando al borde del desmoronamiento tiene el dramatismo patético del naufragio del buque más grande del mundo.

Lo que hace más difícil la situación para Gorbachov es que las causas que motivan el descontento con Moscu son tan variadas como los dialectos y lenguas que se hablan en cada republica. La semana anterior el presidente tuvo que hacer la primera visita oficial de un líder soviético a Lituania en los 50 años que lleva la anexión de ese país báltico a la URSS. Gorbachov llevó como unicas armas su poder de convicción y su carisma para tratar de convencer a los lituanos de que su decisión de separarse de la URSS --derecho que esta constitucionalmente garantizado--debía canalizarse por medio de un nuevo sistema de federación que el mismo presidente se comprometía a patrocinar.
"Hay que hacer una perestroika en la federacion, pues se hace imprescindible reconcebir su papel y la situación de cada una de las repúblicas", dijo el presidente, quien ofreció que en esa federación habrá mayor autonomía económica y mayor independencia que no desemboque en la desorganización y el aislamiento. Pero la fría respuesta que recibió convenció al mundo de que esperan aun muchos problemas a Gorby en Lituania: las elecciones parlamentarias estan previstas para el 24 de enero y se prevee que lo primero que hará el nuevo congreso lituano será convocar un referendum sobre la separación. De nada valió que Gorbachov les mencionara su dependencia económica de Moscu, ni el hecho de que si no fuera por su gobierno ellos ni siquiera estarían hablando.
Tampoco impresionó la advertencia de que su propio destino personal estaba en juego en Lituania. Los orgullosos ciudadanos de ese país notificaron al líder del Kremlin que su decisión estaba tomada. El primer paso dado con la separación del partido comunista local del de Moscu y con la declaración de que las leyes locales prevalecen sobre las centrales era, por lo visto, el comienzo de un camino sin regreso.

Lo más grave es que seguramente Estonia y Letonia seguiran detras. Al fin y al cabo ellas también disfrutaron de independencia en el período entre las dos guerras mundiales y también fueron anexadas mediante un pacto secreto, entre Hitler y Stalin, que hoy sus ciudadanos consideran ilegal (Ver recuadro).

EN EL CAUCASO
Pero mientras en el occidente europeo de la URSS Gorbachov trataba de llegar a una solución pacífica que detenga la disolución del país--con un ojo puesto, ademas, en Moldavia, donde varios millones de rumanos etnicos quisieran que su país se reunificara luego de la caida de Ceausescu- en el sur lo que se desarrollaba era una verdadera guerra civil entre armenios y azeries con un ingrediente quizas mucho mas explosivo: el religioso. No sólo la disputa por el territorio de Nagorno-Karabakh es el detonante entre las Repúblicas de Armenia y Azerbaijan, sino un complejo conjunto de rivalidades historicas que se remontan a siglos atras, y en las cuales pesa el hecho de que los armenios son cristianos y los azeris son musulmanes de la secta chiíta, conocida por su tendencia al fundamentalismo religioso.

Al final de la semana la situación entre armenios y azeries llegó a convertirse en una verdadera guerra civil, con cientos de combatientes de lado y lado y múltiples asesinatos perpetrados, sobre todo, en armenios residentes en Baku, capital de Azerbaijan.
Gorbachov se vió obligado a declarar el estado de emergencia y a enviar 11.000 hombres a la región para tratar de pacificarla a la fuerza.

Esa medida, que hubiera causado una oIa de protestas si se hubiera tomado en relación con las de los países bálticos, fue considerada necesaria por los países occidentales, con Estados Unidos a la cabeza. Esa actitud puso de presente, segun muchos analistas, la preocupación con que se mira en este lado del mundo el posible surgimiento en las seis republicas musulmanas de la URSS de una "guerra santa contra los infieles", de imprevesibles consecuencias sobre el orden mundial. Se trata de 50 millones de habitantes, cuya suerte tendría una influencia innegable sobre el resto del mundo musulman. La evidencia de que detras de la disputa con los armenios yace un problema religioso de mayor alcance se hizo clara desde los primeros días de enero, cuando se supo de las protestas de habitantes de Azerbaijan que tomaron puestos fronterizos y rompieron las barreras que separan a su país de Irán, con el que quisieran tener lazos más estrechos e incluso integrarse, dado que al otro lado de la frontera vive el resto de la nación de los azeries.

Hoy muchos se preguntan cual será el futuro de Gorbachov en medio de tales presiones. El líder sovietico lucha desesperadamente por llevar a termino su nueva visión del socialismo, pero las fuerzas desencadenadas del nacionalismo y el fundamentalismo religioso son tan peligrosas como las que le cercan en Moscu, donde se debate entre quienes piensan que las reformas son demasiado lentas y quienes quisieran regresar al viejo orden estalinista.

Por lo pronto, Gorbachov parece haber ganado algo de tiempo en relación con Lituania y las republicas bálticas, mientras consigue que el Soviet Supremo apruebe su proyecto de reestructuración de la forma federativa que aglutina a la Unión Soviética. Pero el problema entre Armenia y Azerbaijan parece tener unas dimensiones mucho mas alta de lo imaginado. El envío de tropas para contener la violencia es una medida que algunos miran con escepticismo, pues, en palabras del jefe del comité armenio de Estados Unidos, Mardo Soghomian, se requerirían cientos de miles de soldados para contener el odio que anima a las dos naciones. Un odio que, por otra parte, podría traer como consecuencia la desestabilización de todo el Medio Oriente. Muchos observadores piensan que lo del Caucaso es tan grave, que podría ser el gérmen de una "libanización" del sur de la Unión Soviética.

Los movimientos separatistas que infestan a la Unión Soviética ponen, antes que nada, a Mijail Gorbachov en la cuerda floja. Muchos dudan de su capacidad para enfrentar una situación que parece cerrarle todos los caminos. Casi nadie duda de que si Lituania, Azerbaijan y las demás repúblicas secesionistas se separan de Moscu, el presidente soviético tendría que enfrentar no sólo la ira de sus conciudadanos residentes en esas areas, que regresarían para convertirse en un problema social de grandes dimensiones, sino el dudoso papel de haber sido el patrocinador de la disolución del país. Pocos recordarían entonces, que Gorby comenzó su proceso de democratización no para calmar la inquietud de la gente sino ante la certeza que adquirió desde sus épocas de ministro de Agricultura, de que un sistema económico centralizado y paquidérmico no podría alimentar a los soviéticos dentro de 10 años. Lo que muchos analistas temen es que de caer Gorbachov, podría producirse un regreso a las practicas estalinistas o una guerra civil en el mayor país del mundo, capaz de desencadenar un conflicto de dimensiones inesperadas.

ARMENIOS vs. AZERIES
Según los historiadores, el drama del Caucaso comenzó desde que invasores del Asia Central desalojaron a los pobladores aborígenes en los siglos VII y VIII. En forma gradual la mezcla de los persas con las nuevas poblaciones de origen turco fue formando el conglomerado de los azeríes que hoy en día están presentes tanto en la república soviética de Azer baijan como en Irán. Se trata de un pueblo que ha abrazado la facción chiíta de la religión musulmana y cuya lengua está directamente emparentada con el idioma turco.

Los armenios, por su parte han ocupado su país desde tiempos inmemoriales y hace siglos son identificables como nación fuertemente vinculada, religiosa y culturalmente, con Occidente. Su lenguaje pertenece al grupo indoeuropeo y carece por completo de relación con el que usan sus vecinos y enemigos.

El área ocupada por Azerbaijan y Armenia forma parte de la región llamada transcaucasia. Entre el siglo XI y el XIX tanto el hoy Azerbaijan soviético como el iraní formaron parte del imperio persa. Pero entre los siglos XVIII y XIX, el imperio ruso fue ganando territorio tanto de Persia como de Turquía. Por fin, en 1828, se firmó un tratado que estableció formalmente la división del país entre Rusia y Persia en lo que hoy se conoce como Irán.

Desde esa época se sembraban las semillas del odio ancestral que divide a armenios y azeries. Hoy se afirma que como regla general los armenios favorecieron el avance imperial ruso cuando los ejércitos del zar comenzaron su infiltración en el Caucaso a principios del siglo pasado. Esa actitud se explicaría por el deseo de los armenios de obtener algún grado de emancipación contra el sistema social musulman y semifeudal que se había impuesto en muchas areas habitadas de tiempo atras por ellos.

Pero no fue sino hasta la llegada del siglo XX cuando el conflicto llegó a manifestarse por primera vez en sus reales dimensiones. Los primeros choques entre los dos grupos se produjeron entre 1905 y 1907 en lo que se llama entonces el conflicto armeniotartaro que se desarrolló paralelamente con la situación que llevó a la revolución de octubre de 1917.

Mas tarde, con el triunfo de los bolcheviques, se establecieron las dos republicas separadas en el Caucaso.
Pero las disputas en cuanto a los límites que las debían separar surgieron casi desde ese mismo mornento, ante la imposibilidad de establecer con absoluta certeza las regiones sobre las cuales cada uno de los pueblos tenía reclamos más legítimos que el otro en materia histórica, económica y hasta etnográfica.

Nagorno-Karabakh, el territorío que se disputan hoy armenios y azeries es un buen ejemplo. En esa región la violencia étnica no es nada nuevo.
Actualmente está poblada principalmente por armenios, aunque en realidad es un enclave en Azerbaijan. Su administración ha pasado de un lado a otro desde los tiempos de Stalin. A pesar de los reclamos armenios, Gorbachov no ha querido acceder a entregarles el territorio, y los azeris piensan que la mejor manera de asegurarse de que ello nunca ocurra es sacando de allí a sangre y fuego a los armenios.

LAS LAGRIMAS DE LITUANIA
A pesar de su pequeño tamaño, 65 mil kilómetros, que equivalen a sólo el 0.3% de la superficie de la URSS, y no obstante su población de 3 millones de habitantes, el 1.3% del total, Lituania se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza para Gorbachov.

La historia del pequeño país ha estado caracterizada por la constante lucha por su autodeterminación. Desde que surgió como "Gran Principado Lituano" en 1240, el territorio se convirtió en escenario de duros combates por su independencia contra las invasiones de caballeros teutones, señores feudales polacos, el imperio ruso, el Reich nazi y la URSS de Stalin.
Absorbida por Polonia en el siglo XVI, el país sufrió los efectos de la disolución gradual de ese país a manos de la Rusia zarista. Después de tres particiones en 1772, 1793 y 1795, Lituania pasó como la propia Polonia a formar parte del imperio ruso.

La historia del siglo XIX lituano estuvo marcada por el renacimiento de su lengua y su cultura, en un movimiento encabezado por la Iglesia Católica que agrupa al 80% de sus habitantes.
Ese renacimiento llevó a varios levantamientos contra Moscu, que culminaron con la independencia del país tras el colapso de Alemania y Rusia al finalizar la Primera Guerra Mundial.
Proclamando reino independiente bajo protectorado alemán en febrero de 1918, Lituania alcanza su independencia plena en noviembre de ese año. Pero en enero de 1919 las fuerzas bolcheviques instalaron un régimen prosoviético. Con apoyo aleman los rusos fueron expulsados en agosto de 1919 y se firmó un tratado de paz en que, por fin, Moscú reconoció la independencia lituana en julio de 1920.

La nueva libertad resultó, sin embargo, ser flor de un día. En 1940 Lituania fue incorporada por la fuerza a la Unión Soviética junto con las otras repúblicas bálticas de Estonia y Letonia y partes de Moldavia, segregadas de Rumania. Todo ello fue el resultado de un pacto secreto entre Stalin y Hitler que dividió a Europa Oriental en sus dos esferas de influencia. Luego de unas elecciones muy bien controladas, Lituania se convirtió formalmente en república soviética, en una decisión que fue declarada no válida la semana pasada.

Al año siguiente las tropas nazis ocuparon el territorio hasta que, cuatro años más tarde, el Ejército Rojo "liberó" la zona y comenzó el periódo de sovietización, destinado a eliminar del país toda traza de cultura propia.
Pero a pesar de todo, los lituanos se las han arreglado para mantener viva la llama de su nacionalidad.

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