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| 6/26/1989 12:00:00 AM

"LA UNION SOVIETICA NO VA A SALVAR A LA REVOLUCION NICARAGUENSE"

CARLOS FUENTES

"LA UNION SOVIETICA NO VA A SALVAR A LA REVOLUCION NICARAGUENSE" "LA UNION SOVIETICA NO VA A SALVAR A LA REVOLUCION NICARAGUENSE"
Bill Moyers, prestigioso periodista norteamericano, acaba de publicar su obra "Un mundo de ideas", donde compendia en más de 500 páginas de entrevistas que realizó durante los últimos ocho meses con pensadores, filósofos, artistas e intelectuales de renombre, que dijeron mucho sobre los cambios económicos, políticos,sociales y culturales de la historia actual de la humanidad.
Junto a Isaac Asimov, Noam Chomsky,John Searle, Tom Wolfe, David Puttnam, John Lukacs, E.I. Doctorow y 34 personalidades más, el escritor mexicano Carlos Fuentes puso sus propios puntos sobre las íes del problema centroamericano y el papel que juegan hoy en día numerosos actores de la política internacional en el futuro de la América Latina. Esta es la sustancia de la entrevista Fuentes-Moyers
-Cuando leí que usted había estado en Nicaragua me pregunté con interés si habría tenido que confrontar algunos prejuicios personales. En muchos de sus escritos aparece el tema de la revolución corrompida, que todas las revoluciones en algún momento se corrompen, que los seres humanos no pueden manejar el poder. Me da la impresión que la revolución sandinista se corrompió. ¿O no?
Yo no diría eso todavía porque es muy difícil hablar no solo de la revolución sino del estado de la sociedad y de la oposición en Nicaragua, dada su situación de cambio y de fluidez. Claro que toda la historia es en sí un acto de corrupción porque es una separación de la naturaleza. La revolución norteamericana, por ejemplo, fue corrompida por el sistema de la esclavitud, la peor de las corrupciones imaginables y la guerra civil fue un intento por cauterizar esa corrupción.
Pero lo que está ocurriendo en Nicaragua es extraordinario. Por primera vez en su historia, este país -que siempre ha sido objeto de la dominación norteamericana, ocupado de manera constante desde 1909, gobernado por títeres de los Estados Unidos como Somoza desde 1934- es un estado nacionalista, un país resuelto a alcanzar una independencia nacional, enfrentado a quienes se ven como una fuerza financiada por extranjeros. Por otro lado también por primera vez en el país, hay una oposición interna. Un espectro de oposición que detesta a los sandinistas y que va desde los conservadores de la derecha hasta los marxistas y los comunistas de la izquierda. Y en medio de estas dos fuerzas, el Estado y la oposición, usted observa una sociedad en movimiento, el desatarse de un sinnúmero de fuerzas sociales, políticas y económicas, que aprenden nuevas lecciones de esa confrontación. Uno no sabe qué forma tomará todo eso. El gobierno no es monolítico, la sociedad no va a quedarse congelada, la economía se encuentra débil y devastada. El país tiene que negociar con sus vecinos. Y no me refiero a Cuba. La Unión Soviética no va a salvar a la revolución nicaraguense. Así que los sandinistas tendrán que reacomodarse y negociar.

-¿Qué hacer para prevenir que los sandinistas reimpongan la censura de prensa o ejerzan más restricciones sobre los partidos de oposición? ¿Qué hacer para evitar que, como usted lo describe en muchos de sus libros, se dejen arrastrar por esa urgencia revolucionaria de no arriesgar perder lo que han ganado?
En la era del glasnost y de la perestroika, dudo mucho que el régimen sandinista adquiera un formato estalinista. La Unión Soviética no va a ayudarlos y, si se vuelven estalinistas, tampoco van a recibir ninguna ayuda de Europa Occidental o del Japón, como ellos lo esperan. Dependen muchísimo del apoyo diplomático de otras partes del mundo. Su economía está devastada.
Si una administración norteamericana lúcida quisiera realmente ofrecer su ayuda a la América Central, colaborar con sus problemas de analfabetismo,comunicaciones, desempleo, producción, salud, y vivienda, Nicaragua no se negaría, como parte de esa región a hacer concesiones políticas.

-Existe el temor de que los sandinistas, con su mentalidad marxista y sus lazos con Cuba y la Unión Soviética, le entreguen a los soviéticos una cabeza de playa en América Central, que junto con la de Cuba harían sentir a los Estados Unidos en desventaja como superpotencia...
En primer lugar, todo eso que usted dice se ha podido evitar. Los sandinistas estuvieron siempre dispuestos a sentarse y no aceptar ninguna presencia soviética en Nicaragua. En segundo lugar, en esta era Gorbachov, la Unión Soviética no va a salvar revoluciones en Nicaragua ni en ninguna otra parte del mundo, porque tiene muchos problemas ella misma.
Con el sistema actual de su economía, la Unión Soviética no será una gran potencia en el siglo XXI. Y esto es algo que Gorbachov ha entendido. Así que su problema es transformar a la Unión Soviética en un país que sea por lo menos viable en ese siglo. No creo que vaya a arriesgar todo esto por un lugar distante, allí en la América Central.

-La Unión Soviética y Estados Unidos parecen a veces un par de viejos boxeadores, pasados de peso y exhaustos, que se siguen dando golpes en el ring durante veinte, treinta asaltos, pero en cámara lenta.
Es como esa pelea inacabable de Tony Gallento y Slapsie Maxie Rosenbloom. Insoportable. Todavía dándose golpecitos de borracho mientras otros centros de poder se levantan en el mundo. Vamos hacia un mundo multilateral. Estamos dejando atrás la era de Yalta, el pacto que dejó más o menos establecido que el mundo sería manejado por norteamericanos y soviéticos, y que todos los demás países harían papeles secundarios en la película de la vida, como sucedió en efecto. Pues esto se acabó. El ascenso de Europa Occidental como poder económico, el ascenso del Japón, que es espectacular, el de la China, nos aseguran que el siglo XXI será el de la organización multilateral, no bilateral.

-Si usted enviara un mensaje de un solo párrafo al Presidente de los Estados Unidos sobre lo que está ocurriendo en América Latina, ¿qué le diría?
Que la era de la dominación se acabó. Que se abre la de la cooperación, la única política que ha funcionado. No es que tengamos que inventarnos una política de nuevas relaciones entre los Estados Unidos y América Latina. Tuvimos una que funcionó veinte años bajo las administraciones Roosevelt y Truman.

-Pero esas administraciones apoyaron a Somoza.
Y también apoyaron la revolución mexicana. Me refiero es a la actitud de decir:"Ustedes, latinoamericanos,manejen sus problemas latinoamericanos. Nosotros no intervendremos. Está bien cualquier gobierno que ustedes quieran darse. Nosotros colaboraremos con todos".

¿Incluyendo a Pinochet en Chile?
Incluyendo a todo el mundo en el mapa. De eso se trata. El aspecto más detestable de los Estados Unidos es su pretendida infalibilidad. Creer que su pensamiento es más sagrado que el de los demás. Y eso tendrá que cambiar. Los Estados Unidos tendrán simplemente que hablar y negociar con todos los regímenes en América Latina. Fíjese en Roosevelt. El negoció con Somoza. Decía,cínicamente, "Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Negoció con Trujillo, pero también lo hizo con México en el gobierno de Cárdenas -reforma agraria, expropiación de petróleo y todo eso resistiendo consejas de que boicoteara a los mexicanos, que aplicara sanciones, que los invadiera. Pero su actitud fue. "Negociemos con México, así no estemos de acuerdo con lo que allí están haciendo". También negoció muy bien con el estado faseista de Getulio Vargas en el Brasil y con el frente popular de Chile, conformado por comunistas, socialistas y radicales. Negoció con todo el mundo. Y esa es la política que yo apoyo. Si surgen problemas, también los negociamos.

-Si vemos que se violan los derechos humanos y hay oposición en Nicaragua o en Cuatemala...
Eso no es asunto de ustedes. Cada uno a lo suyo. ¿Si nosotros vemos que hay oposición en los Estados Unidos, Si vemos que allí hay abusos contra los ciudadanos, si vemos sus prisiones, sus vagabundos, corremos acaso, los invadimos, les decimos lo que tienen que hacer y los insultamos? No. Esos no son nuestros problemas. Y si nosotros no definimos su política interior, no traten ustedes de definir la nuestra.

-Miremos Guatemala, que durante un buen número de años ha sido gobernada por un grupo asesino de militares carniceros. O Argentina, donde los civiles desaparecían. Argentinos y guatemaltecos dijeron: "Estados Unidos, ayúdenos". ¿ Y ahora usted dice que está bien que el Japón vaya allá y negocie con ellos y simplemente cierre los ojos a la carnicería y que los Estados Unidos hagan lo mismo?
La tarea de los Estados Unidos no es expedir certificados de buena conducta, comportamiento o moralidad en América Latina. Como no es tarea nuestra dárselos a ustedes. Es todo lo que digo. Otra cosa es la preocupación ciudadana. ustedes tienen una sociedad civil y unos órganos de opinión pública muy fuertes. Los ciudadanos pueden manifestarse a través de los libros, la prensa, dando declaraciones, haciendo esto y lo otro. Lo que no es posible es que un gobierno crea que tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de otro gobierno.

-¿Lo único que importa entonces es el intercambio comercial?
No. Es tener buenas relaciones y establecer las diferencias actuales a través de los mecanismos diplomáticos. Si no, nos metemos en el mismo problema que vemos en América Central, donde ustedes cierran los ojos a lo que pasa en El Salvador, olvidan lo que ocurre en Honduras, pero denuncian lo que sucede en Nicaragua. Eso es tomar partido. Es difícil para una nación ponerse los zapatos del héroe que oculta unos cadáveres en el sótano. No. Es mejor que actúen finalmente como una nación responsable que cumple sus acuerdos diplomáticos y no anda como un predicador moralista y puritano por el mundo. Yo no he encontrado la verdad, y si la encuentro y se la digo, usted me hace matar. Yo creo en la gente que busca la verdad, no en la que la ha encontrado. Confío en que usted y yo la estemos buscando. No la encontraremos. Y si decimos que sí, no nos creeriamos el uno al otro. ¿O sí? Si los Estados Unidos no entienden este principio, habrá problemas en América Latina.

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